Con motivo de la visita del Papa a Sevilla, sale de Arjona una expedición de feligreses en autocar encabezada por el cura don Cristóbal, un sencillo párroco de pocas luces que, por una serie de coincidencias, tiene que custodiar una enorme cantidad de hostias consagradas que ha sobrado después de la solemne comunión de los fieles. Ahí empieza su calvario. Vagando por la ciudad lo echan de todas partes, tropieza con un teólogo progre que está borracho, lo atracan unos navajeros, lo acoge una prostituta, lo detienen los municipales... hasta que una intervención sobrenatural le permite salir de tan gran apuro.
En esta mordaz y divertida sátira de tintes volterianos hay también ternura y una carga de humanidad que hará pensar al lector sobre el modelo de Iglesia de nuestro tiempo.
Cuando la leí por primera vez (años 90, pero no recuerdo la fecha con precisión), me lo pasé genial con esta sátira. Casi 30 años después parece que se vuelve a poner de moda (es lo que tiene la prolífica obra de este genial escritor y divulgador), pero, a mi entender con un envejecimiento que no le hace gran favor.
La novelita es corta y se puede leer en un par de días. Quién conozca al autor ya sabe a lo que se expone. Don Cristóbal, un curita local de Arjona (lugar de nacimiento del escritor) de no grandes entendederas, se lleva en autobús a Sevilla a sus feligresas más recalcitrantes. El motivo es una visita papal (del Wojtyla hablamos) de suma importancia. La idea es ir y regresar en el día, pero a nuestro cura se le va a complicar enormemente la cosa cuando un conocido le “encarga” que custodie hasta su regreso las hostias consagradas sobrantes tras la gigantesca misa que oficiará el santo padre.
Lo que sigue es un despropósito de principio a fin al que, como ya he opinado, no le ha sentado demasiado bien el paso del tiempo. Y menos bien le sentará al católico y fiel seguidor de la santa madre iglesia si por error este ejemplar llega a caer en sus manos. Por suerte aún quedamos herejes que podemos leerla sin quemarla después.
Recuerdo haber soltado más de una carcajada en su primera lectura. En esta no he pasado de alguna leve sonrisa esporádica. Y ese final, con la aparición de Bonoso y Maximiano, me obliga a quitarle aún alguna estrella más. No es lo mejor de mi estimado autor. No hace falta que os lo jure, ni con biblia ni sin ella. 📕
Inclasificable sátira socarrona del bueno de Juan Eslava. Entiendo que como esto caiga en manos de alguien medianamente religioso, maldita la gracia que le va a hacer, porque no deja títere con cabeza.
Mezcla párrafos hilarantes, con otros, como las transcripciones radiofónicas del congreso eucarístico cuyo nombre en latín da título al libro, que se me han hecho soporíferas, pesadísimas y totalmente prescindibles.
Eso si, este hombre rezuma erudición, religiosa en este caso, y verborrea que da gusto, eso no se lo vamos a negar.
Coño, pobre cura, se las ha hecho pasar canutas...menos mal que la fe lo puede todo, para el que crea, claro.
Un libro super original, que narra un hecho real como fue la visita del papa a Sevilla , como una sátira divertidísima donde al pobre cura don Cristobal le pasan todo tipo de peripecias.
La historia te lleva a reflexionar siempre desde lo cómico de la situación, acerca de las luces y las sombras que traen consigo las religiones.
(Hay que situarse en que el libro fue escrito en 1995 para no escandalizarse, pues el humor en muchos puntos es bastante de esa época)
Si te apetece leer algo poco común este es tu libro :)
Juan Eslava escribe muy bien.... cuando quiere. En esta novela se relata el viaje de unas viejecitas a Sevilla para ver al Papa, con tanto cinismo y burla que no he podido soportarlo. Me ponen muy nerviosa estos escritores que se burlan de la religiosidad de otros con tanta chanza.