¿Qué puede hacer Twitter con la vida de una persona? ¿Qué sucede cuando un tuit se convierte en tendencia, salta a la vida «real» y determina la suerte de alguien? Memes, bots, hilos, trolleo, tren del palabras que utilizamos coloquialmente, pero que en este ensayo sirven para comprender la naturaleza de las somos actores sociales, víctimas y también verdugos.
¿Dónde termina la burla y comienza el acoso? En un mundo regido por los likes y por la necesidad de reconocimiento y de validación, ¿quién determina lo que es correcto y lo que no? ¿Cuál es el límite de la libertad de expresión? Ana María Olabuenaga, una de las mentes más brillantes y creativas de la publicidad en el ámbito mundial, aborda casos como los de Nicolás Alvarado y Marcelino Perelló para estudiar el fenómeno social más controversial de nuestra los linchamientos digitales.
Creo que para muchas personas que quieren entender cuestiones digitales es una buena guía, en especial los pies de página, sin embargo, los ejemplos que ocupó en especial el de Nicolas Alvarado me parece sesgado por la amistad que la autora tiene con él y se refleja en muchos comentarios e información que ofrece, en especial al mencionar al CONAPRED, en ese sentido parece más una justificación. Otra cosa que no me gustó de los ejemplos, es que ambos son hombres que han estado en situaciones de privilegio, me hubiera gustado otros ejemplos. No me gusto que dejará entredicho a la UNAM como si fuera una institución que se dejará manipular por la opinión pública, como si lo que dijeron ambos casos son claros ejemplos de que los tiempos ya no están para esos dichos. Pareciera hasta cierto grado que los justifica al haber "atacado" grupos vulnerables desde sus puestos de privilegio al tener ambos voces públicas. A raíz de la situación actual, pareciera que lo del #metoo que sucedió en las redes ya se desparramó hacia la vida off-line y que no hay un cause específico.
¡Excesivo! Más que “linchamientos digitales” debería llamarse mejor, el caso de Nicolás Alvarado. Si bien la premisa es buena y el comienzo rescatable, se convierte en una lectura tediosa, excesiva y una recopilación de datos que se quedó en un intento, solo eso.
Eso sí, invita a la reflexión sobre el cristal tecnológico que aquellos dueños de lenguas viperinas gozan de presumir de una moral y juicio implacable para otros, mismos que no son aplicados para sus propias vidas. La hipocresía digital como el arma más filosa que actualmente extiende su poder gracias a las redes sociales y la exaltación de la emotividad que una pantalla vuelta escudo 🛡 parece convertir en un falso poder.
“Quien con monstruos lucha, cuide a su vez de no convertirse en un monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también estás mirando dentro de ti”.
Nietzsche
Quizá no es este el foro indicado para hablar sobre el texto de Ana María, por lo que les solicito de antemano su indulgencia por mi temeridad e imprudencia. Considerado como ensayo de corte académico, a mí me pareció una crónica muy bien documentada sobre los “Linchamientos digitales” que sufrieron personas como Tiziana Cantone, Armando Vega Gil, Nicolás Alvarado y Marcelino Perelló.
Como usuarios de las redes sociales el tema nos incumbe. Los que por aquí andamos desde hace tiempo, hemos sido víctimas, victimarios o testigos indiferentes de esas ejecuciones extra judiciales, en donde un grupo de usuarios, principalmente anónimos, se unen, de manera espontánea o premeditada, para “hacer justicia” desde su teclado, sobre un presunto culpable de infligir con alguna norma, estatuto, código o ley, casi siempre, no escrita.
Ana María Olabuenaga es una publicista, editorialista y emprendedora ampliamente conocida y reconocida en los medios de comunicación. “Linchamientos digitales” es un libro que desborda conocimiento, pero a la vez, valentía, porque la autora comprende, sin duda, que en este nuevo mundo de lo digital, hay cosas que ya no se pueden ni deben decir, sin correr el riesgo de convertirse en víctima de lo narrado.
Con una prosa precisa y clara, más periodística que académica, el libro se lee fácil, aunque lo que lees, no lo es. “Linchamientos digitales” duele y preocupa, pues como menciona Olabuenaga, en las redes sociales no existe un pacto de civilidad, y cualquier traspiés, te puede retorcer la vida entera.
Tiziana y Armando se quitaron la vida; Nicolás, trata de reconstruirla; Perelló la perdió a los cuatro meses de su linchamiento. Pero como estas cuatro víctimas de esa especie de tribunal digital, integrado por una turba de criaturas que, indignadas, se “asumen como virtuosas cuya obligación es mostrar el camino a los espurios, perdidos, traidores, enemigos e infieles”, sabemos existen muchas más: es muy diligente ese juzgado cibernético.
Desde la elección que ganó Trump, hemos leído sobre cómo circula y se retroalimenta el odio en las redes sociales. Los algoritmos que utilizan para decidir que nos dejan, o no, ver en nuestros muros o pizarrones digitales, no son aún tan inteligentes como para impedir la circulación de estos discursos llenos de odio, rencor, aversión, rabia, indignación, desprecio, fobia.
Nos cuenta Ana María que ya en 1896, el doctor Gustave Le Bone denominó a la masa que lincha como “la multitud criminal”, la irritable, la irracional, la crédula, la sugestionable, la impulsiva; los “residuos atávicos de los instintos primitivos de la masa”, que lincha sin culpa, y mucho menos, con miedo al castigo, pues se sienten impunes, protegidos por la masa.
Las palabras, material que utiliza la Nobel Louise Glück para escribir su maravillosa poesía, también se usan para lacerar, dañar, herir, mutilar. El lenguaje empleado como armamento para asesinar socialmente, para borrar de la faz de la tierra al adversario, al equivocado, al errado, al desviado de la ruta correcta, al que patina, al que desbarra, sin necesidad de empuñar ni disparar un arma; esas palabras, sin duda, matan.
Les recomiendo ampliamente “Linchamientos digitales”, un libro que igual que te fascina, te aterra. Basta con recordar a Armando Vega Gil, que quebrado por el linchamiento al que era sujeto, escribió: “Sé que en redes no tengo manera de abogar por mí, cualquier cosa que diga será usada en mi contra… mi vida está detenida… no hay salida”, seguidamente, se colgó de un árbol frente a su casa.
Libro muy recomendable para entender un poco la época digital en el que nos ha tocado vivir. Las masas, irracionales y furibundas cuando las personas se convierten en multitudes, se han sentado en la silla del Gran Juez, tanto como juez terrenal como divino. Masas que juzgan, dan su veredicto y lapidan, sin escuchar al acusado, sin darle una tregua en medio del linchamiento. Le pongo 3 estrellas debido a que la autora también lanza dardos de juicios de valor en cuanto a Trump, siguiendo la perorata imperante de todo el sistema. La autora se convierte en lo mismo que estudia y juzga: una "linchadora", sin más argumentos que los que dicen los grandes medios acerca del Presidente Trump. Al igual que otra reseña de aquí mismo, la autora trata de justificar a Nicolás (uno de los linchados en quién se enfoca el libro y quién se entiende es su amigo). Tanto el propio Nicolás como la autora tratan de dar toda una explicación filosófica rebuscada para justificar el haber utilizado la palabra "naco" para referirse a la muerte de un ídolo del México, Juan Gabriel. En lo referente al libro, una gran parte de lectura amena y otra tanta de corte más académico. Un libro de lectura obligada si se quieren comprender un poco la "nueva moralidad" de las masas. Ya no hay tortura en la hoguera por negar el Dios Judeocristiano, ahora hay una tortura ONLINE (que puede llegar hasta el suicidio del pobre inculpado) solo por decir "naco". Terribles tiempos vivimos, tiempos donde la ira (disfrazada de indagación), la tiranía (disfrazada de democracia) y el pensamiento único (disfrazado de tolerancia) parecen estar llevando a Occidente a su decadencia, y posterior reemplazo.
El libro está lleno de "paja", entiendo que se hizo con base a una investigación académica pero me desagradó que en el capítulo del caso de Nicolas Alvarado pusiera reglones de las canciones de Juan Gabriel, no tiene caso, ni es relavante. Y así, en otras partes del libro.
En sus conclusiones hubo un punto que no me agrado que fue cuando aseveró que Marcelino había sido linchado por usar la palabra "v3rg*", y no fue así, Marcelino fue linchado por minimizar, normalizar, desacreditar y burlarse del ABUSO SEXUAL EN CONTRA DE LAS MUJERES.
Por otro lado, se debe dar crédito de que es un tema poco estudiado l, aún cuando es una tema que nos involucra y nos debería interesar. Creo que tiene buenas conclusiones, y como ella lo resalta, hay muchos hallazgos que abren camino a nuevas investigaciones.
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Una extraordinaria investigación que nos abre las puertas a entender el fenómeno del linchamiento digital desde la perspectiva de usuario, linchado y linchador. Mediante el análisis detallado (un poco tedioso y exhaustivo a mi parecer) de los casos de Nicolás Alvarado y Marcelino Perelló, la autora desmenuza el proceso de linchamiento, sus antecedentes, definiciones, categorizaciones, consecuencias e implicaciones tanto en la esfera digital, como en la vida real.
Desde el mundo digital de las redes sociales y algoritmos, del lente jurídico, ético y sociológico, Ana María Olabuenaga ofrece diferentes herramientas de análisis para concientizarnos sobre la pertinencia de este fenómeno en la realidad del tejido social.
“Curiosa paradoja el que antes, cuando se podía decir menos, parece que se toleraba más y hoy, cuando se puede más, se tolera menos”.
Buena investigación sobre fenómenos (ya no tan) recientes de “linchamiento” en redes sociales. Ojalá tenga una versión actualizada, ya que el tema sigue siendo vigente. Hay una tabla al final con muchísimos casos sobre #Ladys y #Lords que ejemplifican el devenir histórico del país, o tal vez siempre fuimos así, pero no había acceso a un medio que amplificara el alcance de una opinión.
Tenia más de año y medio que había adquirido el libro, y en un momento que lo hojee, talvez estaba cansado mentalmente, se me hizo denso e incluso el libro toco el tema de Dante Aligheri, llevándome ppr caminos que no quería recorrer en ese momento, por fin lo empecé a leer y supero con creces las expectativas, se me hizo muy interesante, me abrio un mundo al que casi no entro, las redes Sociales, gracias por el libro!!! Me gusto mucho!!
Siempre es un placer escuchar a Olabuenaga. Por eso, después de que me enterara que publicaría un libro, no pude resistirme a conocerlo.
La introducción al problema es brillante, así como reveladora. Sin embargo, su crónica es tan buena que uno desearía leer sobre más casos bajo su pluma, más allá de las repetidas páginas de estadísticas.
Un libro que sin dudas, deja a uno más deseoso por leer bajo la pluma de la escritora.
• “No existe vida que no esté salpicada por algún fracaso” (p.178).
• “[…] no comparte contenido solo porque es informativo, comparten información porque quieren atención para sí mismos y para lo que dicen sobre ellos. Quieren ser escuchados, vistos y respetados”(p.227).
• "El fenómeno de la dependencia absoluta en función de la opinión de los demás” (p.244).
La emperatriz del impacto efímero es también una investigadora sólida. El libro no tiene desperdicio y aborda de la definición de Linchamiento hasta la descripción de casos concretos, reales y muy sonados.
Buen análisis y bibliografía, sin embargo, dedica muchas hojas al caso de Nicolás Alvarado y Marcelino Perelló, con menos sería más dinámico, menos morboso e incluso tedioso, pero sí vale la pena leerla.