Un trentenne, nella pienezza della vita, lascia la sua villeggiatura alpina per accompagnare il padre in quello che sarà l’ultimo viaggio di un vecchio uomo di mare, malato e prossimo alla morte. La meta è Lussino, l’isola istriana (oggi in Croazia) che la famiglia ha lasciato per stabilirsi nella Trieste italo-slava-tedesca, crogiolo di genti e porto dell’Impero asburgico. L’azzurro dell’Adriatico avvolge genitore e figlio, legati da una muta tenerezza che ripropone, a parti invertite, il fiducioso abbandono che ogni bambino cerca nel padre. L’isola (1941) narra l’«avvenimento più importante nella vita di un uomo», secondo la diagnosi di Freud di cui già aveva fatto tesoro, a Trieste, lo Svevo della Coscienza di Zeno. Ma è anche il ritratto di un ambiente marino, di un borgo sperduto in fondo a un golfo che Stuparich dipinge con mano felice, ritrovando i colori appresi nell’infanzia, quando (come si legge nel più breve racconto Il ritorno del padre, compreso nel volume) la figura di quell’uomo burbero ed energico era entrata per la prima volta nella sua vita, come un libero vento.
Scrittore italiano (Trieste 1891 - Roma 1961). Dopo aver partecipato, come il fratello Carlo, alla prima guerra mondiale, si dedicò all'attività letteraria attraverso diverse forme espressive, dal colloquio intimo, come in Colloqui con mio fratello (1925) al racconto, su tutti si ricorda L'isola (1942), ai saggi e ai libri di memorie, tra cui Ricordi istriani (1961).
VITA Compiuti gli studî classici si trasferì a Firenze, dove collaborò alla Voce e nel 1915 si laureò in lettere; scoppiata la guerra, si arruolò volontario, insieme al fratello Carlo. Ferito e fatto prigioniero dagli Austriaci (1916), fu decorato con la medaglia d'oro. Fu per molti anni professore di liceo a Trieste.
OPERE Stuparich, oltre che ai vociani, si riallaccia a quegli scrittori giuliani (Scipio Slataper, Carlo Michelstaedter, Italo Svevo) che hanno rappresentato con varietà e sottigliezza di analisi il contrasto romantico fra vita morale e vita dei sensi, fra volontà e istinto. Contrasto che in Stuparich si configura come vagheggiamento della donna e dell'amore quali mezzi di evasione dalla severità della legge morale, e, insieme, come nostalgia di questa legge, quale remora alle pericolose avventure del senso e del sentimento; trovando espressione in forme dapprima fra critiche e autobiografiche, di diario o di intimo colloquio (oltre a Colloqui con mio fratello, Scipio Slataper, 1922, n. ed. 1950, e Guerra del '15, 1931) e poi narrative (Racconti, 1929, n. ed. col tit. Notte sul porto, 1942; Donne nella vita di Stefano Premuda, 1932; Nuovi racconti, 1935; Ritorneranno, 1941; Simone, 1953 e L'isola).
Scrisse anche saggi (La nazione czeca, 1915), versi (Poesie. 1944-1947, 1955) e tra i libri di memorie Trieste nei miei ricordi (1948). Curò la pubblicazione degli scritti del fratello Carlo e di quelli di Scipio Slataper.
A dying father asks his son to join him for one last visit to the island in Dalmatia which has been his family’s home for generations. The father was a seafarer as was his father before him, but the son has chosen the mountains over the sea. Throughout they both remain nameless.
This gentle beautifully written low-key novella shows a father and son who are unable to really speak to each other and share their emotions. Their inability to communicate seems to be an unsurmountable barrier.
And yet, in their very short time on the island it seems to create a space in which they are able to slip into a wordless togetherness. In this newly found communion they are able to let go of the fiction they have created that the father is battling his disease; together they face the reality of his impending death.
Giani Stuparich (1891–1961) fue un escritor italiano cuya biografía está marcada por la guerra (voluntario en la Primera Guerra Mundial), por la experiencia del exilio interior y por el cruce cultural de su ciudad natal, Trieste. En su novela breve "La isla" (1942) el autor propone un viaje físico y emocional: un padre gravemente enfermo pide a su hijo que lo acompañe a la isla adriática en la que nació, quizá por última vez. Con un estilo sobrio y preciso, de contenida elegancia, Stuparich cronstruye una elegía sin sentimentalismo. Claudio Magris la definió como “un relato admirable de vida y de muerte”. Sin embargo, la obra deja la sensación de que podría ir un poco más allá en la exploración emocional. Lectura pura y meditativa: una pequeña joya discreta que no deslumbra, pero que se queda en la memoria.
האב מזמין את הבן לבלות עימו את הקיץ האחרון באחד האיים האדריאטים בו גדל האב וגם הילד ביקר. הם יתגוררו בבית של הדודה.
האב גוסס מסרטן במצב סופני והוא חוזר לאי כדי למות בו. הבן מזה 6 שנים שלא ירד מההרים אליהם עקר. מהסיפור לא ברור האם הבן לא נפגש עם האב 6 שנים אבל מעצם ההיחשפות שלו למצבו של אביו ולמחלתו והתגובות של הבן, אפשר להבין שלא היה מודע למצבו החמור של אביו.
במסע האחרון הבן צופה בכאב הפיזי של האב, בגבורה שלו שלא להיכנע למלחמה המאכלת את גופו ובנוסטלגיה גם מעלה זכרונות מהעבר.
סיפור מינורי, קטן ויפה שלא מזעזע את עולמו של הקורא וגם לא מסביר מדוע הבן עזב אל ההרים ומדוע לא ידע על מצבו של אביו.
הכריכה האחורית של הספר שוב מתפייטת בסיגנון פרוע ומייצרת ציפיה למשהו שאין בספר הצנום הזה. תרגום מופלא לעברית.
Una novela corta que ha entrado dentro del grupo de mis libros favoritos de este año. Un relato sencillo, lleno de emociones contenidas, con el que me he sentido muy identificada. Nos introduce en una relación padre-hijo , durante los últimos días del progenitor. Nos habla de cómo la vida, y los años, cambian los papeles de los protagonistas. De cómo un padre fuerte y vigoroso, que ha sido un modelo para su hijo, pasa a ser, con el paso de los años, una hombre enfermo y débil que se sostiene en el pilar en el que se ha convertido su hijo. Una novela para volver una y otra vez
Muy bueno, pero muy triste. Esta relación entre un hijo que adquiere consciencia de la enfermedad y decadencia de su padre y el padre que regresa a su hogar para vivir sus últimos días junto al hijo tiene personajes muy bien trazados y una atmosfera que conmueve pero hay que tener un ánimo adecuado para leerla.
נובלה עצובה שכתובה באיפוק אודות בן ואביו, ימאי זקן שמחלת הסרטן עומדת להכריעו. לבקשת האב, הבן יורד מההרים, שם הוא חי, ומצטרף לאביו כדי לבלות עמו באי בו האב גדל את ימיו האחרונים. הסיפור מסופר מנקודת המבט של הבן. כבר בתחילת הסיפור, לא ברור מדוע הבן חי בהרים בעוד אביו חי באי, אבל לטעמי זו נקודה פתוחה זניחה שאיננה פוגמת בסיפור עצמו. במהלך הסיפור מתגלה מערכת יחסים מאד עדינה ומכמירת לב בין האב שעושה ככל יכולתו כדי להראות פאסון, לבנו שיודע את האמת המרה וחרד מפני הסוף המר שצפוי להגיע בכל רגע.. לדעתי זו נובלה מאד מומלצת לקריאה בעיקר לבני החמישים ומעלה.
La isla es un relato precioso de Giani Stuparich. Una lectura que he entendido muy bien, mucho mejor de lo que me gustaría, y que me dejó cierta sensación de vacío al terminar.
Giani Stuparich hace protagonistas de este relato a un padre, un hijo y la isla que vio nacer al primero. En ella se reencuentran padre e hijo por deseo del primero que se encuentra enfermo. No es un reencuentro fácil para ninguno de los dos. El hijo no ve en su padre ese hombre fuerte que fue antaño y no sabe cómo actuar con el hombre que es ahora y su enfermedad. ¿Acaso no es hipócrita hacer como que nada pasa y poco realista dejarse llevar por los buenos momentos? El padre, por su parte, quiere seguir siendo aquel hombre que solía enorgullecer a su hijo y encandilar a sus vecinos, pero no tiene fuerza para ello.
"El hijo volvía a experimentar ahora, en el duermevela, el mismo horror del instante en el que inesperadamente el mal había agarrado a su padre por la garganta. Toda aquella gloriosa mañana, sin la menor sombra, de las que levantaban el ánimo con una confianza radiante, se había oscurecido de pronto por la revelación de un mal que estaba siempre al acecho: la prueba fulmínea de una realidad que no era lícito rehuir."
Así la isla se convierte en una historia de pérdida que obliga a un cambio de papeles difícil de asumir. Y qué bien sabe expresar su autor, con esa prosa sencilla y elegante que exhibe de principio a fin, ese duelo antes del duelo. Qué fácil resulta rememorar historias propias a través de sus personajes.
Si no le tenéis miedo a la tristeza o queréis sentiros acompañados en una experiencia similar, incluso si está ya terminó hace tiempo, leedlo. La isla es triste si, pero esconde mucha ternura y belleza
La tristeza latente de un hijo sabiendo que su padre está a punto de morir y la de ese padre sabiendo de su destino, intentando distraerse en sus últimos momentos en la isla donde pasó su niñez y juventud. El hijo preocupado por el desenlace, esperando con miedo el cuándo y cómo sucederá y en cambio el padre sabiendo lo qué pasará, disfrutando de las cosas efímeras de la vida. No me siento identificada con ninguno de los dos personajes porque para mí, la muerte, por mucho que queremos estar con alguien soy de las que piensa que es mejor pasarla en soledad. Me ha gustado la poca personificación de los personajes, lo interesante de la trama son sus pensamientos y angustias, el valor de la vida y la espera de la muerte. La relación de padre e hijo, es una serie de contrastes constantes, nos deja claro que jamás se llega a conocer a alguien al 100% y menos en situaciones tan tristes y desesperadas. Un hijo intentando salvar a un padre sin salvación y la de un padre agarrándose a los delirios de la vida que está destinada a acabar. Un hijo de montaña un padre de mar. Un libro cortito y triste Muy bonito ❤️
A veces las cosas más importantes de la vida destacan por su magnitud y pueden expresarse de una manera muy sencilla. Y esto es lo que sucede con este relato. Su belleza y desnudez nos transportan a ese momento cuando un padre y un hijo se acompañan mutuamente en el viaje de afrontar la muerte del progenitor. El relato no necesita más. Destaca por su sencillez y transparencia. Nos confronta con la enfermedad, la decadencia y la muerte inexorable pero también es un aprendizaje de vida, de lo que queda, del sentido de la misma, de la fortaleza del ser humano y su capacidad de crecerse ante la adversidad. Una joya para una lectura pausada arropados por el entorno que es la propia isla, llena de recuerdos y de emoción. Un viaje para los sentidos. ¡No os lo perdáis!
Un hijo. Un padre. Cáncer. Una última ilusión: compartir un lugar - la isla- en el final. Los diálogos naturales. La narración, poética. La historia, corta y concisa. Un relato para leer entre libros.
Este relato corto, menos que una novela, más que un cuento, es considerada la obra maestra de Giani Stuparich. Lleno de poesía, sensibilidad, con una capacidad especial para transportar al lector a otro espacio y otra temporalidad, Stuparich nos enfrenta con la muerte. En menos de 100 páginas, rebosantes de estío en la isla de Istria, durante la primera mitad del siglo XX, con la luz y la fuerza del Mediterráneo, los paisajes resplandecen al mediodía. Un padre y un hijo pasan juntos unos días, despidiéndose sin quererlo. Uno de los recuerdos, otro de la vida. Cualquiera que haya vivido la desaparición de alguien próximo por una enfermedad falta, que haya sido testimonio de la lucha inútil, de la desesperación interna, no puede menos que conmoverse cuando el autor retrata al hijo y nos retrata a todos, en los pensamientos más íntimos y vergonzantes. No puede dejar de apretar los dientes al ver a su padre, estoico y heroico incluso en la derrota, levantar cabeza y plantar cara al destino con entereza.
Aparte de hacerme saltar lágrimas de vez en cuando, este librito me sirvió en su día para descubrir a Stuparich y de su mano a Scipio Slataper, Carlo Michelstaedler, Claudio Magris, y lo que se ha dado en llamar "literatura triestina", el Trieste de Rilke invitado por los Thurn und Taxis (Oh! Tristero!), el viento de Stendhal, el que acogió a Joyce y al Svevo que inspiró Leopold Bloom...
«Sabía que más allá, en la otra habitación, cerca, respiraba su hijo. Le daba una sensación de seguridad, nueva y apacible. Nunca había sentido la necesidad de que nadie fuera su sostén; pero ahora un misterioso temor, que había anidado en el fondo oscuro de su ser, lo llevaba a mirar en torno a él, como buscando una criatura que le infundiera valor. ¡Su hijo! Tenían poco que decirse; pero qué sencillo era sentirse unidos»
-Pág. 55 de ‘La isla’ de Giani Stuparich. Bellísima, bellísima novela. La cercanía de la muerte retratada en el último viaje de un padre y su hijo a la isla de origen. La enfermedad que arrebata al padre de esta vida y permite iluminar una relación en la que el silencio suele ser protagonista . Qué decir, qué callar. Stuparich hila todo el vaivén de emociones que supone la agonía del padre con el brío del mar durante los días luminosos.
en cien páginas giani stuparich ha acogido mi alma entre sus brazos, la ha hecho un nudo y me ha cortado la respiración. la isla es un relato corto de esos que probablemente no habría leído si no fuera por un viaje aburrido a mi biblioteca local. la forma en la que el autor nos habla de la relación de un padre y un hijo que saben que están pasando sus últimos momentos juntos es enternecedora y desgarradora a partes iguales. es un viaje en busca del sentido de la vida para llegar al final y darte cuenta de que sentido ninguno pero al menos los paisajes son bonitos. ha sido maravillosa y, además, probablemente mi última lectura de las vacaciones, un privilegio acabar agosto en la piscina con este libro entre las manos.
Este conto é brutal e comovente, sobre o desejo do pai de visitar pela última vez a ilha onde nasceu, e de fazê-lo com o seu filho. A certa altura já não é possível falar de esperança e os lugares comum de conforto deixam de ser possíveis, porque ali estão, os dois, perante a morte. O pai perde, de repente, o entusiasmo da visita às origens (aquela baga de uva) e morre antes da morte o levar e o filho, por sua vez, não sabe como se comportar perante estes acontecimentos extremos que, geralmente, os sobreviventes estão protegidos pelo isolamento dos doentes terminais . É o mais próximo de não morrer sozinho que já li.
3.5 ⭐️ Es bello, es triste y sobre todo lo bien que nos acerca a la relación de ese padre e hijo, en el tramo final de su relación. ( magnífica la descripción de la ansiedad de ese hijo y cómo perfila el carácter del padre).
El hijo vio empequeñecerse la isla, desvanecerse en el horizonte bajo el inmenso resplandor del mar. Fue aquel el primer momento en el que tuvo la conciencia precisa y simple de lo que perdía al perder a su padre.
I have read the Gilbert Bosetti translation in french, published by Verdier poche, which as far as I can tell is a very able treatment. The novella last a mere 80 pages, and the story is self-consciously simple and straightforward: a son join his father on a boat returning them to the island were both were born. The father is ageing and suffer from what can be assumed to be cancer. This is a strong theme, which is treated in a classical, formally efficient, and restrained fashion. The two main characters remain unnamed, referred to as the father and the son, just like the island, in a sense the third protagonist, is referred to as the island: this is a somewhat wornout trope which builds the characters into general types and the the narrative into a kind of myth, or better yet, a parable: I have never liked it, it feels a little bombastic and paternalist, at any ratea self-consciously normative, pretending as it does to unveil a universal and permanent human truth. At times it feels as if the author, by creating a counter-example in a stoic and heroic mode, was attempting to provide an alternative to the (no less normative) freudian myth of Oedipus. Maybe an irredentist reaction to the fantasised patricides of the austrian expressionists. The high-point of the book is the (highly idealized) depiction of the relationship between the son and the father, the later dying but attempting, in a "manly" and heroic way to preserve his dignity and hide his condition, while the son, the main focus of the narrator, is always split between his concern for the real, factual medical condition of his ageing father on the one hand, and the somewhat hypnotic respect he must show to the dignified and statuesque personna he puts on. What results is a narration detached and focused on the landscape and the son's own recollection of the island of his childhood, in which surface, often unexpected, short fits of tragedy. The method is effective, but the archetypal reduction of the characters forbid much depth and the reader remain aloof, as does the son himself. The books however is also replete with a belated form of blood and soil romanticism, and many of its poetic tropes rely on essentializing life on the sea or in the mountains, two elements that are conspicuously opposed: published in 1942, the book could no longer be with a straight-face a panegyric to rooted life in the country, and its poetic of instinct and virility are suitably complicated to fit the picture of a changing world: the two main characters have left their homeland decades ago, and they did well because all its inhabitant are sclerose by passivity and mediocrity. However the same sense of innate and deep-seated mystical link between blood, family and the soil provide much of the figures of Stuparich, which to the contemporary reader are bound to feel as sclerosed and banal as the inhabitant of the island. At the best of times, this takes the form of a vital and heartfelt epiphany reminiscent of fellow triestine Slataper: The following passage seems to me to capture both the best and the worst. Here the son, unable to find the words or the courage to discuss the illness with his father, imagine what he should tell him: "La vie, papa, quelle saveur fugace et pourtant pleine de substance! C'est comme ce vent qui apporte le parfum de la mer: il suffit de le respirer. Tu as vu il y a un instant ces deux jeunes filles: elles allaient a la rencontre de la vie, ce savoureux néant, et elles étaient joyeuses. Comme l'ile est frémissante d'air et de ciel dans ces parages: un petit nid de cailloux dans l'immensité, mais comme il palpite au soleil, comme il savoure les délices du vent. J'imagine les navires de nos ancetres, lorsqu'ils revenaient des océans, des terres lointaines, et qu'ils s'approchaient de leur minuscule patrie. Avec quelle émotion ne revoyaient-ils pas sa silhouette, ses pierres brillantes de sel." (65) One should note that Stuparich rarely, if ever, allows himself such lyrical outburst, but we find both what I like about his images ("life, this delightful oblivion") and what I do not ("I imagine the ships of our ancestors..."), with the whole spectrum in between.
3'5 - Un breve relato que contrapone la cercanía a la muerte de un hombre mayor con la juventud y lozanía de su hijo sobre la dificultad de enfrentarnos a la muerte de un ser querido (especialmente, cómo nos negamos a nosotros mismos y al otro la cercanía misma a la muerte) y la nostalgia que aparece cuando la muerte está a punto de llegar y la imposibilidad de luchar contra ella.
La narración es descriptiva, pero sutil, elegante y contenida. Me ha gustado bastante, pero quizá esperaba menos contención, más diálogos, reflexión y profundidad. Pero es evocadora, logra una muy buena atmósfera de la isla y la relación entre el padre y el hijo y, aunque está solo perfilada, conmueve.
La isla, narra una historia bien sencilla: un hombre entrado en años y aquejado de un cáncer terminal pide a su hijo que le acompañe a la isla del Adriático que le vio nacer; en ese ambiente reducido, de gentes sencillas que se enfrentan al mar desde tiempos inmemoriales, el segundo asiste a la decadencia insoslayable del primero sin poder hacer nada para evitarle sufrimientos.
Stuparich no elude nada: el mal del anciano es algo terrible, pero imposible de evitar. La pasión de su hijo es inmensa y desinteresada, pero nada aporta para que el viejo se recupere. Ambos son conscientes de que ese viaje es un periplo vital para que el padre pueda “despedirse” de sus orígenes, para que se arme de un ápice de serenidad ante lo que sobrevendrá de inmediato. El autor no ofrece asideros emocionales, ni consuelos tramposos: la muerte es inevitable; el sufrimiento también.
La historia se narra de forma alterna desde el punto de vista del padre y del hijo, y el gran acierto reside en ese intercambio de miradas, en la posibilidad para el lector de asimilar una misma experiencia desde dos puntos de vista tan diferentes. El padre asume su destino con una imperturbabilidad recia, de hombre luchador y aguerrido; el hijo, aunque sabedor del final irrevocable, mira a su progenitor con los ojos de la infancia, desde una posición en la que añora la figura que fue y que se lamenta y sufre por el deterioro palpable que observa. De hecho, durante el viaje trata de engañarse con la idea de que la isla insufla nuevas fuerzas al padre, aunque ambos terminen por abandonar el lugar de improviso por un súbito empeoramiento de su salud.
El punto fuerte de un relato tan sencillo (aunque desolador) es la prosa de Stuparich. Seca, ruda y árida, como la propia isla natal del viejo, expone los hechos con una frialdad clínica; ni siquiera los ocasionales atisbos de la conciencia de los protagonistas ofrecen un vislumbre de consuelo. El estilo es elegante, sobrio, pero amargo en su desarrollo: el lector se sumerge en un proceso de decaimiento y desaparición tan inevitable como oscuro. Y, sin embargo, el autor nos acerca a la parte más humana del ser, a la más amable, y quizá gracias a ello una historia de muerte se convierte, también, en una oda a la vida. Ante la valentía del padre, que encuentra en su estoicismo una nueva forma de placer, y el amor del hijo, que descubre al verdadero ser humano que se esconde tras la figura que él reconocía como padre.
En unas pocas decenas de páginas, Stuparich plantea de forma magnífica la necesidad de reconocernos como hombres para afrontar nuestra debilidad. La enfermedad o la muerte son inevitables, pero redimibles, de cierta manera, merced a nuestra capacidad de empatía, compasión o amor. Dolorosa lección la que inflige el escritor, aunque sea insoslayable.
Aparte de contar con un prólogo que habría quedado mejor de epílogo —demasiado largo, demasiado revelador: una antítesis de la propia novela de Stuparich—, La isla es una historia corta e intensa. Y desgarradora. Stuparich explora con considerable pericia narrativa —la de Stuparich es una prosa bella aunque precisa; recuerda el axioma del escritor colombiano Tomás González sobre la prosa bella y la bonita, esta última nada más que palabras azucaradas, y Stuparich sigue una estricta dieta de diabético— la relación entre un padre y su hijo ad portas de la muerte del primero. La isla es entonces una historia de contrastes: el hijo desciende de las montañas en las que vive para acompañar a su padre a la isla en la que nació y creció y que, como todo terruño, perfiló su talante; el aire fresco de las montañas, sus noches gélidas y solitarias se vuelven añoranzas en medio de un calor casi palpable y un mar insondable. Pero el hijo soporta la inclemencia del sol por amor a su padre. Es el amor, el amor puro, casi doloroso que sienten ambos hombres la espina dorsal de la novela. Es el amor a la humedad de la tierra y a la sal del mar y al hierro de la propia sangre que corre en las venas de otro ser; es el suplicio de la muerte lenta e inevitable; es la tranquilidad de ordenar los sedales para la pesca en la isla de la que se emergió y que, de un modo u otro, vive en ese hijo querido.
“De viejos nos gusta asegurarnos de que el mundo no ha cambiado del todo. - ¿Te has vuelto filósofo, papá? – Por todo se pasa; quien no lo ha sido en su juventud, llega a serlo después”. (La isla, fragmento).
Unos pocos días son suficientes para conocer bien a este padre y su hijo. El padre sabe que le queda poco tiempo y el hijo se niega a creer, se aferra a cualquier destello de esperanza.
La visita a la isla en que nació el padre, quizá como su último viaje juntos, los hace recordar. El hijo recuerda ese entonces en que buscaba a su padre como refugio, al hombre fuerte, ameno, lleno de vida, que lo hacía sentir inmediatamente a salvo. El padre recuerda su vida ahí, a su gente, su trabajo. El presente es muy distinto a esos lejanos recuerdos, lo único que permanece es ese ánimo del padre por levantarse temprano y no dejar que pase el día sin hacer lo que se proponga. Ahora el hijo es el bastón del padre.
Ninguno de los dos está preparado para abordar clara y fuertemente a lo que se enfrentan. Son las miradas y los silencios los que hablan. Al final, el padre nos conmueve con su sabiduría y tranquilidad, mientras nosotros lloramos con el hijo al reconocer la magnitud de lo que se pierde. Con una narrativa pausada y poética, esta historia nos envuelve y toca fibras muy sensibles. Nos topamos de frente con filosofía de vida, muerte y de la relación entre un padre y su hijo.
És una lectura que m'ha deixat estrany, remogut. Suposo que em porta a pensar en diverses coses que m'han tingut ocupat i preocupat els últims anys: els biaixos que hi ha en la concepció tradicional de la sensibilitat i la bellesa (en una mirada que és molt mediterrània, però també molt masculina); la relació que construïm com a pares i fills (i sobretot com desitgem que sigui); i la pregunta sobre com haurien de ser els comiats, quan alguna persona propera està a prop de la mort.
Totes aquestes qüestions s'aborden en aquesta obra breu d'una manera que em qüestiona i, a vegades, fins i tot m'incomoda. Però és molt interessant que sigui així. Per exemple, en relació a l'amor que hi ha entre els dos personatges principals. És un amor totalment masculí que no deixa cap marge a l'exposició de la vulnerabilitat, malgrat que cada un d'ells és molt conscient de les seves pròpies febleses.
L'amor i admiració cap al pare és a partir d'aquests propis trets: fortalesa, vitalitat, singularitat. Només hi ha una lleugera interdependència en la pròpia premissa de l'obra, el fet que el pare demani al fill que abandoni la muntanya per acompanyar-lo en els seus últims dies en un viatge de tornada a l'illa de la seva infantesa. Però fins i tot aquí, sembla que hi hagi més la voluntat d'impartir una última lliçó de valentia i coratge que no pas un crit real d'ajuda. Hi pensaré dies, encara.
Li um belíssimo livro sobre a vida e a morte. Com a crueldade destas palavras, passo a citar:
"(...) quem combate talvez não tenha plena consciência da inevitável derrota, e seja capaz de resistir e de retomar o fôlego para continuar a lutar. Mas quem assiste, impotente, à trágica luta, e tem nas veias o mesmo sangue que a vítima, sofre com reprimido horror, e todos os seus minutos são um inferno."
'A ilha' conta a história de um pai e de um filho. Juntos partem para a ilha onde o pai nasceu. Um retorno às memórias e ao convívio com o passado, um regresso às origens. O pai transporta uma doença e faz a despedida da ilha à medida que prepara o filho para a inevitável morte.
É um romance muito profundo. Por momentos, um pouco frontal. E, como diz Magris no prefácio, um "admirável conto de vida e de morte, não exorcizada, mas sim encarada impiedosamente de frente".
Lê-se rápido. Digere-se devagar. Fica na memória. Dá que pensar. É muito simples. É muito bem escrito. Vale a pena.
Recomendación de Trotalibros. Relato breve y marítimo, para el verano.
“Una lucha cuya suerte ya estaba decidida. Sin esperanza. Volvía a ver apagarse la luz en los ojos turbios de su padre como el preludio de una derrota. Sin embargo, tal vez quien combate no tenga una conciencia plena de la inevitable derrota y pueda resistir y recobrar el aliento para luchar todavía. Pero quien asiste impotente a la trágica lucha, y tiene en sus venas la misma sangre que la víctima, sufre con un horror reprimido y todos sus minutos están envenenados.”
L'he trobat una obra delicadíssima, preciosa, d'un humanisme meridional, un cant a la vida! En deixo un tast, per veure'n el to: "-He explorat la costa i he triat un lloc per anar a pescar aquest vespre. També he anat... a veure racons on tot continua exactament igual que quan era petit. De vell, agrada comprovar que el món no ha canviat del tot. -T'has tornat filòsof, papa? -S'hi ha de passar; si no ho has estat de jove, t'hi tornes després." Aquest petit relat, magnífic, està "tocat per la gràcia", com diu Claudio Magris al postfaci.
Narra els darrers dies del protagonista amb el seu pare, malalt de càncer, a l'illa on van viure la seva infantesa. Davant la sinopsi i la brevetat del llibre m'esperava algo catàrtic, que fes ús dels sentiments. M'he trobat amb un llibre gairebé costumista on, per una lenta òsmosi, et transfereix la vivència de la pèrdua i la decadència. El tornaria a llegir ara. És estrany com els llibres et venen en el moment just.