En este libro se exponen treinta maneras de huir y, también, treinta maneras de ser felices. Sin renunciar a las ilusiones y sin huir de los deberes, enseña cómo romper con el entorno que nos amarga la vida. La Historia, que es maestra de la vida, es también maestra de huidas. Con este libro se abre el camino a una nueva disciplina, la Escapología. Porque la huida, que ha sido una constante en la evolución de la humanidad y que está presente, como proyecto o como realidad, en la vida de cada hombre y cada mujer, merece que se le dediquen estudios de rigor científico, tanto teóricos como prácticos. Este libro quiere ser ante todo, sin merma de ese rigor, una invitación a la huida. ¡Ánimo, huyamos!
Un libro que se lee en un suspiro y que deja la sensación de que podría haber dado más de sí.
Está compuesto por una larga introducción de 30 páginas -sin duda lo mejor del libro, ya que el autor afronta el concepto de huida desde un punto de vista filosófico y sociológico, y en el que es inevitable sentirse reflejado en muchas ocasiones-,y 30 breves capítulos (de tres o cuatro páginas) en los que, de una manera casi enumerativa, se describen 30 maneras muy sui géneris de huir.
Los capítulos son tremendamente irregulares, hay algunos interesantísimos -los menos- como los referidos a los filósofos cínicos, a las tradiciones hindúes, a los jansenitas, o a las comunidades proto-católicas, llenos de referencias y de los que apetece leer mucho más, y otros -los más- que no pasan de ser ocurrencias -arcadia, la torre de marfil-, teniendo la mayoría del último tramo un tinte new age un poco apolillado -hippismo, ecoaldeas, drogas, minimalismo.
Otro de los -pequeños- lastres del libro es que la mayoría de las veces que el autor ha de poner una referencia cultural al tema que trata lo hace hablando de filosofía o literatura alemanas, mayoritariamente del XIX, dado que es su especial campo de investigación personal, por lo que, algo que se podría resolver con una cita más conocida y accesible para el público "general" -entendiendo que el que se acerca a este libro tampoco es "gran público"-, se convierte en algo un poco más denso y oscuro, pareciendo en ocasiones textos re-aprovechados para la ocasión.
Además, y sobre todo con los temas más actuales, impregna todo el libro una manera un poco...viejuna -que no clásica, ojo, hay textos del siglo II modernísimos- de acercarse a dichos temas, algo extraño teniendo en cuenta que ha sido escrito en 2019.
Lo dicho, excelente introducción que casi justifica el libro completo, algún capitulo interesante, un poco de relleno y muchas ocurrencias tardo-hippistas ya casi caducas.
Dijo Wittgenstein que de lo que uno no sabe, es mejor callar.
Las impresiones ininteligibles que me causó la lectura de este libro me hicieron enmudecer prácticamente un mes y apenas vierto mi opinión sobre el libro. La parte primera, donde hace una etología del escape fue abstrusa a ratos y considero que en sí misma requeriría un libro aparte, donde explaye más en sus ideas y dar mayor consistencia a sus tesis. No por venir incluida con la siguiente parte, donde muestra ejemplos de escapes, de huídas, empero deja de ser de gran interés. Lo que critico de la primera sección del libro no es el formato sino algunas ideas ¿Por qué el suicidio no sería escape?, al parecer para el autor el suicidio, debido a que ocurre en situaciones psicológicas extremas no se elige plenamente a conciencia. Yo diría que si uno cuestiona la vía del suicidio como falso escape debería cuestionar otras que sí estimó el autor como tales, por ejemplo, la vía eremítica o la huída a islas. Son falsas evasiones que no logran hacer que el individuo supere la situación que lo obligo a escapar en primer lugar. El suicido entendido como vía de escape, fue rápidamente relegada por el autor basado más en un prejuicio que un descarnado análisis.
Otra tesis cuestionable es que supuestamente la huída de las responsabilidades no es una huída sino una evasión, pero aquí partimos de una mala concepción: ¿No se supone que la huída de cierta realidad lo es en tanto que se busca renunciar al cumplimiento de algunos deberes? A los monjes se les acusa de evadirse de sus responsabilidades sociales al igual que a los emboscados. Esta parte flaca de su tratado etológico, merece ser cuestionada seriamente.
Respecto de los ejemplos que da de escape, debo mencionar que varios de ellos me impresionaron, otras las desconocía y otras las reconocí de inmediato. Fue un logro magnífico resumir tantas lecturas y dar una visión digerida de cada una de estas vías, algunas recientes y otras casi paralelas a la aparición del ser humano. El libro es un llamado a ahondar en la interioridad y a la vez conmina a leer las obras consultadas por Pau. Claro, se busca también que uno analice si está cómodo con su realidad o bien trate de tomar una decisión: ¿Huir? ¿Hacia dónde? ¿Cómo?
Em falta molt poc per fer com Simeó el vell i pujar dalt d'una columna i quedar-me allí i enviar-ho tot a la merda. I ma mare des de baix: Pau, vols fer el favor de baixar d'aquí d'una vegada i parar de fer el ruc! Fugim, escapem-nos; m'he divertit molt amb les diferents opcions del Manual de Escapología, valorant quines m'anaven millor. El llibre és irregular i de vegades una mica repetitiu i pesat i una mica conservador en alguns aspectes. Però és un llibre estupendo. I a mi m'ha anat molt bé. Fugim, si us plau.
La idea de que el sufrimiento proviene del deseo tiene su formulación clásica en el budismo temprano, especialmente en: Las Cuatro Nobles Verdades, expuestas en el Dhammacakkappavattana Sutta (Samyutta Nikaya y La Segunda Noble Verdad afirma que el origen del sufrimiento (dukkha) es el deseo o apego (tanhā), entendido como ansia de placer, de existencia o de no-existencia. “Es este deseo el que conduce a la reexistencia, acompañado de placer y avidez, que busca satisfacción aquí y allá.” El sufrimiento no surge tanto del objeto deseado, sino de la dependencia afectiva respecto de él. En este sentido, el budismo no propone eliminar toda experiencia, sino desactivar la compulsión del deseo. Esta idea conecta con Manual de escapología en la medida en que Antonio Pau presenta múltiples formas de “huida” no como evasión superficial, sino como distanciamiento interior respecto del mundo vivido como hostil. El escape no elimina la realidad, pero transforma la relación con ella, algo muy cercano a la práctica budista de la atención y el desapego. Schopenhauer, ávido lector de textos budistas, aborda el tema del deseo pero no establece el concepto de “escape”, sino “redención del sufrimiento” (Erlösung) o “negación de la voluntad” (Verneinung des Willens). En El mundo como voluntad y representación (1818), especialmente el Libro IV y Parerga y Paralipomena (1851), donde desarrolla vías prácticas de alivio del sufrimiento. Para Schopenhauer, el sufrimiento surge porque el mundo es voluntad ciega de vivir, un impulso infinito que nunca se satisface. Las principales vías de alivio son: 1. La contemplación estética (el arte suspende momentáneamente la voluntad). 2. La compasión moral. 3. La ascesis, que reduce el deseo. Estas no son “escapes” en sentido vulgar, sino suspensiones temporales o definitivas del querer. Es muy plausible pensar que Antonio Pau haya leído a Schopenhauer. Aunque Pau no habla de 3 o 4 vías, sino presenta 33 maneras de huir, el espíritu es similar. Así, Pau no contradice a Schopenhauer, sino que lo actualiza para una sensibilidad moderna, plural y no dogmática. Desde el inicio, Manual de escapología se apoya en una premisa claramente schopenhaueriana: La vida no es la realidad misma, sino la representación que el sujeto se hace de ella. Existe: Una realidad física (las cosas) y una realidad psíquica (cómo las percibimos). El problema es que el sujeto se siente atrapado en esa representación. Aquí entra Freud.
Se inicia mencionando que la realidad es subjetiva, que hay una realidad física (de las cosas) y la realidad de la mente (lo que percibimos de la realidad física). Entonces, la verdadera premisa de la vida, no es, por tanto la realidad misma, sino la representación que el sujeto se hace de esa realidad. Pero el sujeto parece estar inmerso en esta realidad y no poder escapar de ella. Quien antes y mejor advirtió la necesidad de huida que tiene el hombre de nuestro tiempo fue Freud. En su “Das Unbehagen in der Kultur”, menciona: La percepción viene de que el entorno es amenazante, de que el mundo exterior es temible y nos presenta un rostro insufrible y nos cerca con sus dificultades. Y el hombre siente la necesidad de dar la espalda a ese mundo exterior, porque vive una angustiosa sensación de unión indisoluble con él y de pertenencia a él”.
Por eso es importante que el sujeto se sepa divisible de la realidad en la que vive, no tanto en cuanto al control que ejerce sobre el mismo sino sobre la propia percepción que tiene de él,
Por ejemplo: dice que la ciudad es símbolo del mundo hostil. En la ciudad domina el utilitarismo, el individualismo, la desconfianza, el desarrollo, el desarraigo, etc. Pero fue a partir de Petrarca en su De vita solitaria (1356), quien más se compadeció de la desdichada vida del (infoelix habitator urbium), víctima de un sueño interrumpido por preocupaciones íntimas y por los gritos de sus clientes. Aquí solo cabe aclarar que para los romanos no era lo mismo la civitas (la ciudad viva de los ciudadanos) de la urbs (la ciudad inerte de las calles, las plazas y los edificios).
Ahora bien, se está completamente en desacuerdo con la afirmación: “No, nadie huye hacia la ciudad. La ciudad no es destino, sino origen de la huida, porque el que huye busca siempre un lugar más personal y más cálido como refugio”.
Para este mundo globalizado, cuesta imaginar que en los países (en vía de desarrollo principalmente) las personas que habitan en provincia no acudan a la ciudad en busca de oportunidades de vivienda, académicas, laborales y de mejor calidad de vida. Aquí puede señalarse un punto ciego del autor, cuya mirada parece más europea, nostálgica y poco atenta a los procesos migratorios contemporáneos
Algo que reflexioné con este libro es que, la vehemencia o intensidad con la que se desea, están evidentemente, en relación directa con la hostilidad que percibe el sujeto de su entorno. Entre más hostilidad y más infelicidad, mayor será el deseo. ¿Entre más feliz menos desearás? Retomando a Freud: “el hombre feliz no fantasea, sólo el insatisfecho, lo hace”. A lo cual no estoy de acuerdo, el deseo es algo inherente al ser humano, lo que varía es la intensidad del deseo pero no la existencia del mismo. Sin embargo, se está de acuerdo en la afirmación de que entre más feliz sea uno, menos desea. Sin dejar de observar que la felicidad no es un estado absoluto, sino más bien breves momentos en la vida. Aun así, a lo máximo a lo que puede aspirar el ser humano es lo descrito en la frase atribuida a San Francisco de Asís: “deseo poco y lo poco que deseo, lo deseo poco”. Aquí se cruzan budismo, cristianismo y filosofía moderna en un mismo ideal de sobriedad del querer.
Otro punto que me causo interés es sobre la distinción lingüística sobre la soledad de la que se huye y la soledad que se busca. Algunas lenguas distinguen esas dos soledades, como el inglés con el –loneliness y solitude- o el alemán –Alleinsein y Elinsamkeit- son realidades tan distintas, que resulta sorprendente que otras lenguas no lo hagan. La soledad es la que se huye, es la soledad –angustia, y la soledad, a la que se huye es a la soledad-quietud. Pau muestra que no se huye de toda soledad, se huye de la soledad que duele pero a la vez se puede buscar la soledad que clama. La escapología no consiste en huir del mundo, sino en crear espacios interiores de silencio.
En la actualidad la manera más común mente practicada e imitada es el viajar. Viajar dentro del propio país o más lejos. “se puede viajar lejos, cerca en ladera de un monte, o junto a un lago da todo igual. En el fondo, quidquid recipitur. En todas partes, encontramos lo que llevamos dentro. El verdadero escape no es geográfico, sino interior. Manual de escapología no propone huir de la vida, sino aprender a vivir sin quedar atrapados en ella. Dialoga con el budismo, con Schopenhauer y con Freud, pero sin adoptar ninguna doctrina cerrada. Sus 33 formas de huida no prometen salvación, solo alivios posibles, lúcidos y humanos.
Al final la escapología no es un manual para escapar del mundo, sino una invitación a revisar cómo lo habitamos.
Breve tratado de la huida del mundo. Un libro pequeño en extensión pero muy largo en erudición. Haciendo gala de una basta cultura el autor nos propone 30 ejemplos de huidas. De formas de escapar del mundo no siempre fisicas. Unas más atractivas que otras. Alguna realmente deliciosa. Y con un prólogo apabullante. Un libro diferente que llena de conocimientos y cultura un pequeño hueco de los muchísimos que tiene mi cerebro.
Escaping is not the same as running from something. It's a premeditated act, something that needs knowledge and will. And historically there have been a lot of places to escape: from the inside, to the void, to mountains, to the desert, to one own bedroom, to a tiny room inside your heart.
This book is a wonder to behold. With a lot of academic knowledge and warmth, Pau leads the way to the most humane sensitivities, hopes and wishes. It shows 30+ ways of getting lost to finally find the self, from the spiritual, the literary, to the physical.
Mi fuga particular ha sido leyendo este manual de escapología que va de menos a más. Además, he descubierto a través de la treintena de tipos de fuga que el autor describe, que he sido un “fugitivo” más durante gran parte de mi existencia.
Muy recomendable también la continua mención a obras de arte, literatura e historia que hacen aún más enriquecedora su lectura.
Creo que un buen libro es el que te hace reflexionar sobre cosas inesperadas y sacar conclusiones anómalas. Puede que a este libro se le pudiera haber sacado más o no, pero lo que consigue es atraparte de una forma irónica entre sus páginas. Bravo.