Los estados de ánimo se han convertido hoy en día en auténticos estados de opinión y tienen una repercusión importante tanto en la política como en las elecciones. Las emociones pueden provocar resultados inesperados, pues votamos cada vez más con el corazón y esto pone de manifiesto los límites de las promesas electorales y de la racionalidad. Saber entender la atmósfera emocional en la que se desenvuelve lo político deviene crucial para poder interpretar nuestro presente. Poner el acento en la recepción y no en la emisión política implica nuevas lógicas y nuevos desafíos. Necesitamos un nuevo lenguaje que sea capaz de explicar la nueva realidad que nos envuelve, el desprestigio de la política, la desafección, los miedos que hoy contaminan los escenarios políticos de todo el mundo. Y para ello, es imprescindible que la política democrática se rearme con mayores fundamentos de psicología social y neurociencia.
El libro tiene buenas ideas y tiene un comienzo envolvente, pero divaga demasiado y al final es difícil saber cual era el punto del ensayo. Abre la puerta a un nuevo tema de investigación: la neuropolitica
La decantación hacia lo tecnocrático por la que atraviesa la Ciencia Política y la comunicación política ha ocasionado que lo que no sea racional o medible, no sea tomado en cuenta o sea marginado. Toparme con un libro que posiciona el campo emocional como el principal espacio de disputa fue gratificante. Me llevo varias lecciones políticas.
Divaga mucho, no dice nada nuevo que ya no se sepa , y se posiciona claramente por la izquierda política. Describe como "ira" el tipo de política de Trump sin criticar a los grandes movimientos radicales de izquierda democrata que han generado violencia y polarización en USA.