El primer cuento de este libro lo escribí en el 78. El último, hace unos meses. No proporcionan una visión consoladora ni tienen un final optimista. No creo en los finales felices. Una nena con leucemia. Una clase de literatura en un penal. Mujeres fisuradas. Insomnios, fantasmas. Parejas en el precipicio. Padres e hijos fatalmente en desencuentro. Traiciones, humillaciones, resentimiento. Los paisajes están sombreados por las miserias humanas de una terminal de micros. Los personajes esperan o huyen. A veces se dejan estar. Podría decir que se trata de ficciones, pero siento que a veces están más cerca del documentalismo. Escribí estas historias por necesidad más que por gusto. Sin demasiada esperanza, como decía Karen Blixen, pero sin desesperación.
En estas historias, Guillermo Saccomanno, experto en narrar los desequilibrios y sus consecuencias, da voz a un puñado de seres al borde del abismo. Difícil no identificarse. El arco expresivo es variado pero siempre implacable. La literatura y la escritura como religión, con un lenguaje afinado al extremo.
Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1948 en el barrio de Mataderos. Para Saccomanno no existe el destino como determinación, ya que cada cual puede modificarlo según su deseo. Como prueba, apela a textos religiosos y ensayos existencialistas, una bibliografía que abarca desde el Eclesiastés («hay un tiempo para todo: un tiempo de vivir y uno de morir»), San Juan de la Cruz («llegar a la luz desde las sombras más obscuras del mal»), hasta Sartre pasando por Kierkegaard. Según sus palabras, el trabajo del escritor es principalmente escuchar y comprender.
En 1972 se inició como guionista de historietas, oficio que lo llevaría a colaborar con destacados dibujantes (Alberto, Enrique y Patricia Breccia, Leopoldo Durañona, Arturo del Castillo, Francisco Solano López) en publicaciones argentinas y europeas. Junto al célebre guionista Carlos Trillo compiló la Historia de la Historieta Argentina. Si bien en la actualidad se concentra en la literatura, no ha dejado de escribir guiones, argumentando para Domingo Mandrafina las series El Condenado, una saga protagonizada por un fugitivo de la cárcel de la Isla del Diablo, y Leopoldo, una historia fantástica que transcurre en Buenos Aires. Ambas series se publican en Argentina e Italia. También escribió el guion de 24 horas (Algo está por explotar), película dirigida por Luis Barone.
Después de un primer libro de poemas, Partida de caza, fue cuando se consagró a la narrativa. A partir de Prohibido escupir sangre, su primera novela (1984), desarrolló una vasta obra narrativa que supo conquistar lectores argentinos y europeos. Para Saccomanno la literatura debe provocar el efecto de la poesía que es un efecto de «satori». En este itinerario de escritura sus obras recibieron numerosos galardones: Primer Premio Municipal de Cuento, Premio Konex, Premio Nacional de Novela, Premio Seix Barral de Narrativa Breve, Premio Club de los XIII, Premio Rodolfo Walsh y dos veces el premio Dashiell Hammett.
Es colaborador permanente del diario Página 12 y de su suplemento Radar, donde publica comentarios de libros y artículos sobre poesía. En 2018 fue uno de los entrevistados en el filme documental La boya dirigido por Fernando Spiner.
Le tenía mucha fe, y sinceramente no me gustó nada. Lo único bueno es el segundo cuento, ese sí me encantó. En el resto del libro lo único que pensaba era "¿Cuánto falta para que termine?"