Minotauromaquia [Crónica de un desencuentro]
La verdad, me gustó el libro, pero no es algo que recomendaría a mucha gente. No es novela, no es poesía, no es cuento, no son aforismo, pero a la vez es todo.
No hay un hilo conductor de la trama, porque propiamente no hay trama, pero hay una temática imperante en todo esto: el dolor del desamor y el abandono. Cada fragmento (porque a lo mucho, la idea más larga está centrada en 5 párrafos, a veces en un línea de 4 palabras) es una plasmación del dolor, importante acotar, del dolor de una mujer, de un dolor que se ve demeritado por ser mujer. Hay un parte que me impacto enormemente porque habla sobre como mucha gente usan las relaciones como un adorno
he de omitir mis penas para engrandecer las tuyas con un consuelo desproporcionado; he de asegurarte que mi profesión pianística –la que vine a perfeccionar en este exilio parisino– solo importa en la medida en que sea una agradable música de fondo para la tuya; he de resarcirte, no del daño que no te he hecho, sino del que te hicieron amores precedentes… Y no se diga del que tú me infliges. He de reivindicar ante ti al abominable género femenino.
En muchas partes de la lectura tuve presente el como es visto el amor femenino y como "tiene" que ser porque sino resulta "molesto". ¡Y justo de eso habla Tita Valencia!:
Perdona que al filo de la madrugada, antes de que las palomas empiecen a descolgar bandadas de columpios invisibles de tejado a tejado, me pregunte qué hace tan desdeñable el dolor femenino y tan trascendente el masculino. Que en el hombre pase por historia lo que en la mujer pasa solo por histeria
Y no mentiré, me siento impotente para hablar de este libro, porque yo conozco el amor y el desamor desde lo patriarcal, desde lo hegemónico, desde lo occidental, y por más "deconstruido" o "informado" que puedo llegar a ser, mi base es la base expone Tita:
Toda mujer es una adúltera en potencia: pensamiento, palabra y obra. Y yo debí, por lo menos para comprender, intuir en la gratuidad de tus crueldades el formidable oleoducto subterráneo, el cordón umbilical de dos mil años que vertía en tu sangre substancias negras, parábolas alevosas, rencores fundidos al rojo blanco, desde los Padres del Desierto hasta Claudel
Y es que esa base que aliena el pensamiento de todos los hombres por su formación como hombres es lo que hace que Tita le pregunte a Juan José Arreola, (quien representa la hegemonía religiosa occidental de México, y quizá de toda Latinoamérica en los años 40):
Dime, ¿tan deshonrosa te fue la entrega que nos igualó en el plano horizontal del beso? ¿Tan degradante que te retraes y recuperas, que huyes hacia ti mismo, iracundo como un dios sorprendido en flagrante delito de mansedumbre?
Virginia Woolf en Una habitación propia habla de que los hombres sólo aceptan a las mujeres que los engrandecen, pero Valencia ahonda en el dolor producido por el rechazo al igualamiento, por la negación de reconocer a una mujer como una igual, y no sólo a una mujer, sino a quien te ama.
Sin embargo, Tita sabe que el dolor que siente es un dolor que alterará al mundo, no por ser la primera, sino por ser mujer que irrumpe, que impone y valida el dolor femenino en el mundo:
Los sets, las cámaras, el boom, los juglares, los reflectores, los hombres prehistóricos, los miembros de la banda de Dixieland, los instrumentos, todos, vulnerables como membranas… aún ignorantes de que ese dolor concentrado que es mi presencia esta a punto de suscitar la anarquía, la herida radical que va desde el fondo a la superficie, la atomización espontánea de todo ese mundo encadenado
Vaya que me sorprendió enormemente este libro. Lo conocí en la facultad por recomendación de una amiga, y ahora entiendo por qué le marcó tanto, tanto como para hacer su tesis de él, pero wow, que gran sorpresa.