«Alguien controla los dados» es un viaje vertiginoso a través de cuatro cabezas verborrágicas: un mago desencantado, una artista estancada, un empresario megalómano y una astróloga desconectada de la realidad.
Los destinos de estas cuatro voces se entreveran como dados en el tablero de un relato caleidoscópico, donde las decisiones y obsesiones de los protagonistas impulsan una trama explosiva.
Luego de la irreverente y barroca «¿No has oído hablar de Cardoso?» —su primera novela en coautoría con Diego Ruiz—, Mateo Arizcorreta redondea una novela de ritmo audaz y vertical, plagada de diálogos incisivos y escenas cinematográficas.
"Alguien controla los dados irradia un genuino entusiasmo por la pura ficción. Y lo hace con la electricidad y la velocidad de una sitcom tan divertida como extravagante". Juan Andrés Ferreira
Mateo Arizcorreta nos sorprende con su nueva novela, en solitario. La primera fue ¿No has oído hablar de Cardozo?, un proyecto en común con Diego Ruiz.
El azar puede definirse como una casualidad presente en diversos fenómenos que se caracterizan por causas complejas, no lineales y no predecibles. El destino un poder sobrenatural inevitable e ineludible, que algunos creen, guía la vida humana y la de cualquier ser, de forma necesaria y a veces fatal, a un fin que no escoge, de manera opuesta al libre albedrío. No sabemos que une a los cuatro personajes de esta obra, si una cosa o la otra. Porque en común, a simple vista, no tienen nada. Adrián, un mago desencantado, que decidió animar fiestas infantiles porque no le quedó otra. Sin laburo, sin novia, una relación apagada con su hermano y su sobrino, y una interesante predilección por viejas.
Amalia, una artista estancada, que atraviesa un bloqueo artístico y no logra escribir nuevas canciones, trabaja en una veterinaria, no se siente realizada y la dejó el novio. Novio que se hace amigo de su padre. Padre con el que ella intenta remar un vínculo, que no existe.
Gutiérrez, un empresario obsesionado, que prioriza los negocios antes que a su familia, dueño de Fortuna Cotidiana, la red de apuestas en la que se apuesta por episodios de la vida diaria.
"Cuántos milímetros lloverán mañana. Cuántos pelirrojos sin pecas nacerán el mes que viene. Cuántas ambulancias pasarán con la sirena apagada por un puesto de peaje el viernes." (p.66) O cuántos accidentes automovilísticos se registrarán en la ciudad de Salto en un día.
Griselda, una astróloga desconectada de la realidad, que vive encerrada en su casa, intenta terminar de escribir un libro y es estafada por su contadora y su mensajero.
Todos están muy bien elaborados, es interesante como en pocas páginas el autor logra pintar las principales características de cada uno. En el fondo, son todos solitarios en su mezquindad, tienen actitudes o pensamientos moralmente discutibles, no caen en las estructuras políticamente correctas. Creo que ese ha sido un gran acierto del autor. Ninguno de ellos conserva vínculos reales que les brinden un cable a tierra y dan la impresión de no tener nada que perder.
A excepción de Gutiérrez, que daría y haría cualquier cosa por no perder todo lo que tiene. Y para él, todo lo que tiene se traduce a su patrimonio económico. Es el más interesante de los personajes, tal vez porque aún no lo ha perdido todo y ya muestra rasgos de personalidad negativos, se muestra obsesivo, mezquino, egoísta, dominante. Tal vez por el trasfondo de sus vínculos familiares. Una ex esposa que no aparece demasiado, madre de sus dos hijos, a quienes él no le presta demasiada atención, y Silvio, su pareja, quien logra decirle algunas verdades y recriminarle otras, pero que a pesar de eso, es su fiel devoto. Juegan además un papel importante dos elementos externos, la coneja Diana, que va a ser el motivo de encuentro de dos de los personajes. Y las apuestas, que a su vez, unirá a los otros dos.
Con una escrita honesta, dinámica, un humor ácido y escenas que rayan el desparpajo y hasta te arrancan risas, la lectura se hace fluida y atrapante. Diálogos muy urbanos, pensamientos muy de uruguayo típico, que creo pintan de forma fiel cierta mezquindad actual, cierta falta de empatía con el otro. Conviene que leas esta obra, aunque ya no sabrás si lo harás por elección propia o porque te viste influenciado por esta reseña. Descuida, no soy yo quien controla los dados.
En las primeras páginas de Alguien controla los dados se nos presenta a los cuatro personajes protagonistas (en realidad, se los bautiza nada más, presentarse lo harán ellos mismos por su propia voz y acciones en las páginas siguientes) que serán los narradores e hilo conductor de toda la novela. Ellos son Adrián, un mago bastante venido a menos; Amalia, una música frustrada que trabaja en una veterinaria; Gutiérrez, un empresario con ínfulas de megalómano; y Griselda, quien otrora fuera una de las mejores astrólogas publicadas pero que ahora no está pasando precisamente por el mejor momento. ¿Qué tienen que ver entre sí todos estos personajes? En un principio, nada. Cada uno de ellos comienza a contar el momento en el que se encuentran, las vueltas de la vida que los han llevado hasta aquí y de repente tenemos la primera coincidencia entre los cuatro (y no es una coincidencia feliz): están todos en crisis o al borde de una. El mago que fracasa rutilantemente en cumpleaños infantiles (y ya desde esa primera secuencia, la carcajada se dispara fuerte en el lector y no hay vuelta atrás); la música que no logra componer y la acecha la figura omnipresente de un exnovio; el empresario que se obsesiona con el éxito de su franquicia de apuestas ridículas; la astróloga que queda desconectada por completo de la realidad; cada uno de estos casos se nos va narrando casi que a modo de monólogo unipersonal de teatro, pero pronto los universos comenzarán a interconectarse de maneras inesperadas (que no adelantaremos aquí, ya he adelantado bastante) y, muchas veces, muy graciosas. Pronto, la comedia de enredos (casi que un sainete moderno y urbano) queda presentada y es entonces que Mateo Arizcorreta (Montevideo, 1986) demuestra lo hábil que es al timón del absurdo, el despropósito y la situación bizarra y delirante. Con ritmo endemoniado (es, verdaderamente, una novela muy difícil de dejar de leer), Arizcorreta construye un universo de personajes al límite, consumidos pronto por situaciones límite. Con cuatro voces claramente diferenciadas (nunca más después del principio se corresponden los textos con los nombres de los personajes, pero jamás dudamos sobre quién está hablando) y un manejo absoluto de la estructura donde estos se mueven, el autor logra un efecto humorístico notable, uno donde el delirio se mueve sobre estructuras por completo reconocibles, pero salta de repente para mordernos en la nariz y disparar la risa alta y fuerte. El viaje que realizarán los personajes (literal y filosófico) es uno de esos que deben leerse para creerlo, un relato hermanado con la obra más efectiva de Christopher Moore o Terry Pratchett. Con esta, su primera novela en solitario (Arizcorreta elaboró a cuatro manos junto a Diego Ruiz ¿No has oído hablar de Cardoso?, también para la flamante, y responsable de libros muy bonitos, editorial Tajante), el autor se demuestra como un maestro del humor absurdo, dueño de un ritmo narrativo arrollador, una influencia visual notable (cinematográfica) y creador de personajes memorables. Un montón de cosas buenas que impulsan a correr a buscar esta novela.
No ha estado nada mal. Mejor al principio que a medida que se va desarrollando la historia. Lectura ligerita. La verdad es que tras leer las primeras páginas la historia promete mucho, pero se queda en menos de lo esperado. Lo más interesante las historias de Adrián y de Amalia. Gutierrez llega a hacer algo de gracia pero poca, y Griselda sólo empieza a coger color al final. A parte de que nadie tiene cojones de ir desde Montevideo hasta Salto en una moto con una jaula de conejo en la mano. La portada es muy buena.
This entire review has been hidden because of spoilers.