Mateo Arizcorreta nos sorprende con su nueva novela, en solitario. La primera fue ¿No has oído hablar de Cardozo?, un proyecto en común con Diego Ruiz.
El azar puede definirse como una casualidad presente en diversos fenómenos que se caracterizan por causas complejas, no lineales y no predecibles. El destino un poder sobrenatural inevitable e ineludible, que algunos creen, guía la vida humana y la de cualquier ser, de forma necesaria y a veces fatal, a un fin que no escoge, de manera opuesta al libre albedrío.
No sabemos que une a los cuatro personajes de esta obra, si una cosa o la otra. Porque en común, a simple vista, no tienen nada. Adrián, un mago desencantado, que decidió animar fiestas infantiles porque no le quedó otra. Sin laburo, sin novia, una relación apagada con su hermano y su sobrino, y una interesante predilección por viejas.
Amalia, una artista estancada, que atraviesa un bloqueo artístico y no logra escribir nuevas canciones, trabaja en una veterinaria, no se siente realizada y la dejó el novio. Novio que se hace amigo de su padre. Padre con el que ella intenta remar un vínculo, que no existe.
Gutiérrez, un empresario obsesionado, que prioriza los negocios antes que a su familia, dueño de Fortuna Cotidiana, la red de apuestas en la que se apuesta por episodios de la vida diaria.
"Cuántos milímetros lloverán mañana. Cuántos pelirrojos sin pecas nacerán el mes que viene. Cuántas ambulancias pasarán con la sirena apagada por un puesto de peaje el viernes." (p.66) O cuántos accidentes automovilísticos se registrarán en la ciudad de Salto en un día.
Griselda, una astróloga desconectada de la realidad, que vive encerrada en su casa, intenta terminar de escribir un libro y es estafada por su contadora y su mensajero.
Todos están muy bien elaborados, es interesante como en pocas páginas el autor logra pintar las principales características de cada uno. En el fondo, son todos solitarios en su mezquindad, tienen actitudes o pensamientos moralmente discutibles, no caen en las estructuras políticamente correctas. Creo que ese ha sido un gran acierto del autor. Ninguno de ellos conserva vínculos reales que les brinden un cable a tierra y dan la impresión de no tener nada que perder.
A excepción de Gutiérrez, que daría y haría cualquier cosa por no perder todo lo que tiene. Y para él, todo lo que tiene se traduce a su patrimonio económico. Es el más interesante de los personajes, tal vez porque aún no lo ha perdido todo y ya muestra rasgos de personalidad negativos, se muestra obsesivo, mezquino, egoísta, dominante. Tal vez por el trasfondo de sus vínculos familiares. Una ex esposa que no aparece demasiado, madre de sus dos hijos, a quienes él no le presta demasiada atención, y Silvio, su pareja, quien logra decirle algunas verdades y recriminarle otras, pero que a pesar de eso, es su fiel devoto. Juegan además un papel importante dos elementos externos, la coneja Diana, que va a ser el motivo de encuentro de dos de los personajes. Y las apuestas, que a su vez, unirá a los otros dos.
Con una escrita honesta, dinámica, un humor ácido y escenas que rayan el desparpajo y hasta te arrancan risas, la lectura se hace fluida y atrapante. Diálogos muy urbanos, pensamientos muy de uruguayo típico, que creo pintan de forma fiel cierta mezquindad actual, cierta falta de empatía con el otro. Conviene que leas esta obra, aunque ya no sabrás si lo harás por elección propia o porque te viste influenciado por esta reseña. Descuida, no soy yo quien controla los dados.