«¡A parir, madres latinas! ¡A parir más guerrilleros!» reza el coro de una canción de José de Molina, y de esta forma retrata Alma Guillermoprieto —en este ensayo: ¿Será que soy feminista?— el espíritu machista que ha permeado históricamente hasta en las revoluciones latinoamericanas, porque como también expone «¿Qué es más importante: la Revolución o los problemas de las mujeres?».
Como un ejercicio reflexivo, Alma elabora sus pensamientos sobre el movimiento feminista, abstrayéndose a sí misma, además, para comprender su propia actitud en relación a lo que considera «la mayor revolución desde los inicios de la agricultura», en contra del patriarcado —como estructura sistémica— y del machismo —como expresión del individuo—.
Al ser planteado como pregunta, el título nos revela un escrito abocado más hacia una actitud filosófica que hacia la fundamentación de alguna postura particular. La autora hila sus pensamientos y, sobre todo, sus experiencias personales para brindarnos un rápido recorrido por la historia del movimiento, los aportes filosóficos y políticos, y los hallazgos científicos que desde su perspectiva han posibilitado que la mujer transforme las dinámicas sociales. Y en ese recorrido, Alma se cuestiona y nos cuestiona con algunos interrogantes: «¿el feminismo es una forma de ver el mundo, una práctica cotidiana o una militancia?», «¿las feministas tienen la obligación de hacer del feminismo su preocupación prioritaria?»; cuyas respuestas deja a responsabilidad del lector, pues como ella misma afirma, sólo está segura de las preguntas.
El gran aporte de este ensayo es la contextualización hacia Latinoamérica, donde la autora hace gala de su faceta como reportera para situarnos en México, El Salvador, Colombia, Perú y Brazil, y con una fuerza narrativa nos adentra en las historias de mujeres que —sin considerarse feministas— transformaron y dinamizaron el papel que ocupan en sus sociedades, marcadas por la pobreza, las guerrillas y la corrupción. Todo ello para demostrar que, a pesar de lo mucho que falta por lograr, históricamente las mujeres ya han transformado el mundo, y que la revolución de la mujer es ante todo una revolución por su identidad, y la libertad de construirla y expresarla, porque como dice Alma Guillermoprieto: «No nací con la noción de cómo debo ser, qué aspecto y qué actitudes debo tener para ser mujer; lo fui aprendiendo, como todas, por el camino».
Resulta curioso que, dentro de las diversas reflexiones, Alma no se hubiese detenido sobre el «lenguaje inclusivo» desde la noción feminista, especialmente cuando hace uso del mismo dentro del texto (p. ej. todes, nosotres). ¿La autora usará este lenguaje por considerar que la lengua española es sexista? ¿Apoyará la visión que sustenta el masculino genérico como una imposición patriarcal? ¿O más bien es un gesto condescendiente con las feministas que tanto la han criticado? Al igual que Alma, sólo estoy seguro de las preguntas.