Liscano ensaya respuestas a preguntas que, avanzada la vida, nos planteamos: ¿quiénes fueron mis padres?, ¿cómo eran realmente?, ¿qué sé de ellos? Su prosa descarnada, directa, tajante, reconstruye la historia de una familia con esa terquedad que lo caracteriza, que no da el brazo a torcer: imágenes bellísimas, postales de una época, no solo la suya, sino la de todo un país, en tiempos que lo signaron y lo convirtieron en lo que es: un poderoso escritor. Un escritor profundamente humano y honesto, que no reniega de sus orígenes ni los olvida: «Siempre sentí rechazo, cuando se habla del bienestar en el Uruguay “de las vacas gordas”. […] Las vacas serían gordas, pero no eran nuestras». Los orígenes es la argamasa, la arcilla, el suelo, sobre los que crece su obra, indisolublemente ligada a aquel niño que a los cinco años llegó a La Teja, a la que siempre regresa, y nos hace regresar. Aquel niño cuyos «padres eran gente sencilla, trabajadora. Ejercían el derecho a votar cuando correspondía. Ese era el único momento en que existían para el Estado. Para la Historia eran ingrávidos, nada pesaban. […] La Historia los determinaba, como a todos, y no tenían la más mínima capacidad de influir en la Historia, que podía muy bien haber prescindido de ellos sin que se notara».
A political dissident and gifted writer who was jailed and tortured by Uruguay's military regime, Carlos Liscano movingly recounts those experiences in this memoir. Liscano is Uruguay's most well known novelist
Una obra maestra. Una delicatessen. Un relato de la infancia de Liscano, un ajuste de cuentas con sus padres... Y ya está. No hay que adelantar nada más, pero si es interesante avanzar que si no se ha leído nada del autor es el libro para empezar a hacerlo.
Hay una pregunta que todos los que no tenemos a nuestros padres cerca nos vamos a hacer, y no vamos a poder responder. ¿Qué piensan nuestros padres de nosotros? Es una duda complicada, más cuándo los padres se van antes de que uno llegue a cierta edad, y quizás pueda tener cierto tipo de charlas con ellos. Así empieza este libro, con esa pregunta, de que pensarían sus padres de él, no sus padres como una entidad homogénea, sino como personas particulares, con sus diferentes opiniones, con sus visiones opuestas y contradictorias, como lo que hicimos con nuestras vidas se refleja sobre lo que ellos esperaban de nosotros. Es una duda que la siento fuerte, y me carcome un poco la cabeza, y que Liscano logra poner en palabras y tratar de una forma hermosa en este libro. Un libro que lo agarré y no lo solté. Me pasé las últimas 2 o 3 horas sumergido totalmente en la lectura, tratando de imaginarme ese origen de su vida, ponerme en su lugar, y tratar de responder esa pregunta sobre sus padres, mientras mi mente no paraba de hacer paralelismos y buscar una respuesta que se adecue a mi realidad.
Es un libro hermosamente escrito, que no se deja soltar, con una honestidad y una calidez que se sienten en cada hoja. Tanto una carta de amor a sus padres y a sus orígenes, como forma de plantearnos esa pregunta para los demás, ver a nuestros padres a través de una mirada más personal y cercana.
En fin, un libro que no puedo dejar de recomendar. Literatura Uruguaya con todas las letras.
Este libro da cuenta de una vida que se indaga, que decide buscarse hacia adentro, y muy curioso que descifre que ello (o quiera que ello) está en el pasado, en la historia no contada de sus mayores; y que quizás cada uno, en su debido momento, encuentre en sí la necesidad de resolver, de poner el palabras y darles sentido a los otros, a lo que ellos hicieron o no hicieron de nosotros. Descubrirse es también ver hacia atrás, como garantía para poder seguir adelante, por más tortuoso y malsano que se nos aparezca el camino. Liscano en esta obra no solo da cuenta de sus personas, sino también de sus espacios, de los lugares en que tuvieron que estar, de los que no hallaron más remedio: los quejumbres de un tiempo y una vida que parece no estar todavía extinguida. Es un libro algo duro, algo demasiado directo, sin regocijos permisibles. Quizás no tenía más remedio que ser así.