Esta es una de esas novelas que logran ser conmovedoras, divertidas y profundamente humanas al mismo tiempo. Está basada en la experiencia personal del autor, quien a los 13 años fue diagnosticado con un raro tipo de cáncer ocular, y esa vivencia se filtra con delicadeza y autenticidad en cada página. La historia gira en torno a Ross Maloy, un chico que de un día para otro pasa de preocuparse por tareas y videojuegos a enfrentarse con un diagnóstico que lo sacude por completo: tiene un tumor en un ojo. Y con eso, todo su mundo cambia: su rutina, su cuerpo, sus amistades, la forma en la que se ve a sí mismo… y en la que los demás lo ven.
Ross es un protagonista entrañable, lleno de matices. No es un héroe valiente al estilo de los clichés narrativos, sino un adolescente que siente miedo, rabia, incomodidad y a veces incluso vergüenza de su nueva realidad. Pero también es creativo, tiene un sentido del humor ácido y una enorme capacidad de observación. Lo acompañamos en sus sesiones de radioterapia, en su lucha interna por no dejar que la enfermedad lo defina, y en su intento de aferrarse a la normalidad, aunque sea en pequeños gestos como seguir dibujando cómics o soñando con tocar la guitarra. Su evolución es sutil pero poderosa: lo vemos crecer, volverse más consciente de sí mismo y, sobre todo, más empático con los demás.
Los personajes secundarios son fundamentales para el desarrollo de la historia, y Harrell logra que todos tengan su propia voz y espacio, sin caer en caricaturas. Abby, su mejor amiga, es leal sin volverse condescendiente, y su relación con Ross es de esas que se sienten reales, con roces, ternura y silencios incómodos incluidos. Jimmy, el típico compañero molesto, sorprende al mostrar dimensiones inesperadas, y el Sr. Abbott, el excéntrico profesor de arte, es un recordatorio de lo importantes que pueden ser los adultos que tratan a los adolescentes como personas completas. Incluso los padres de Ross, aunque no tienen tanto protagonismo, están dibujados con un equilibrio justo entre preocupación genuina y torpeza emocional, lo que los hace más creíbles.
Uno de los temas más poderosos que trata la novela es la identidad: cómo se construye cuando el cuerpo cambia, cuando los otros te miran diferente, cuando algo que no elegiste empieza a definirte. También habla de la amistad, del poder del humor como refugio, de la inseguridad adolescente y de la importancia de encontrar algo (cualquier cosa) que te haga sentir fuerte y en control cuando todo a tu alrededor parece estar desmoronándose. El cómic que Ross dibuja a lo largo del libro (sobre BatPig, un cerdo superhéroe) no es solo un detalle simpático: es un símbolo de su deseo de transformación y su necesidad de imaginar una versión más fuerte de sí mismo. El ojo dañado, cubierto por un parche, se convierte en un motivo visual que remite a la vulnerabilidad, pero también a la mirada única que Ross desarrolla frente al mundo.
El estilo narrativo de Harrell es directo, con una voz que se siente genuinamente adolescente pero que no subestima al lector. El lenguaje es claro, con toques de humor autorreferencial y una ironía que equilibra los momentos más duros. Los capítulos cortos y las ilustraciones intercaladas (dibujadas por el propio autor) hacen que la lectura fluya con naturalidad.
Otro de los grandes aciertos es su honestidad. Harrell no edulcora la experiencia del cáncer, pero tampoco se regodea en el dolor. Hay espacio para la tristeza, pero también para la risa, la torpeza y los silencios incómodos que vienen con cualquier proceso difícil. Tal vez se podría haber explorado más a fondo la relación de Ross con su padre, que queda un poco desdibujada, o ciertos cambios en las dinámicas escolares que parecen resolverse con demasiada facilidad, pero son detalles menores dentro de un conjunto muy sólido.
Recomendaría Guiño especialmente a lectores jóvenes entre 11 y 15 años, aunque su sensibilidad puede resonar también en adultos. Es una lectura ideal para quienes estén atravesando alguna situación médica complicada, pero también para quienes desean entender mejor lo que significa ser diferente en la adolescencia, o para cualquiera que valore una historia bien contada sobre crecer en medio de lo inesperado. Saber que Harrell escribió esta novela como una forma de procesar su propia experiencia le da una profundidad que se percibe incluso sin conocer ese contexto de antemano.