La crisis del bipartidismo ha supuesto la irrupción en nuestro país de nuevos partidos políticos, algunos de marcado carácter populista, cuyos líderes no dudan en atribuirse la representación del «la gente», de la voluntad popular, como excusa para instrumentalizar en su beneficio las instituciones y cuestionar la legitimidad del Estado democrático y liberal de Derecho.
Al contrario de otros movimientos populistas anteriores en los que la revolución popular antecedió al cambio legislativo, el de nuevo cuño parece haber asumido que la ley puede ser la mejor herramienta revolucionaria para propiciar el cambio social.
Actualmente vivimos inmersos en un proceso de ideologización del Derecho Penal que los populistas excusan en la protección de identidades colectivas, principalmente el género (sexo) y la idiosincrasia nacional. En torno a la erróneamente llamada «violencia de género» y las actuaciones delictivas cometidas por inmigrantes se ha generado una alarma social impostada y sobredimensionada políticamente, que no se corresponde con su escasísima incidencia a nivel estadístico, pero que revela que la pretensión de sus respectivos agitadores no es solventar un problema real, sino convertir la identidad colectiva en un arma de agitación social y en un catalizador para subvertir el Estado de Derecho.
Con un lenguaje claro, que permite su comprensión tanto a juristas como a personas legas en Derecho, Guadalupe Sánchez analiza ambas vertientes identitarias, con el objetivo de facilitar al lector tanto la identificación de los discursos populistas contemporáneos que intentan imponer su visión manipulada de la voluntad popular sobre la ley, como el conocimiento de las herramientas jurídicas de las que pretenden hacerse valer para destruir el sistema desde sus cimientos.
Guadalupe Sánchez es Licenciada en Derecho por la Universidad de Alicante (1995-2000) y abogada ejerciente que interviene ante los tribunales de justicia.
Tras compaginar sus estudios con las prácticas en despachos multidisciplinares, en 2004 fundó su propio bufete de abogados, GM Legal Experts, que sigue dirigiendo en la actualidad, con el que ha alcanzado un gran prestigio nacional, como acreditan los numerosas apariciones en prensa relacionadas con los casos ganados y distintos galardones relacionados con el mundo de Derecho.
Conocida activista en las redes sociales por su defensa de la presunción de inocencia, las garantías procesales y la independencia judicial, compagina su labor como abogada y directora del bufete con la publicación semanal de una columna de opinión en el periódico digital Vozpópuli.
Un buen libro. Una explicación jurídica del porqué la ley de violencia de género crea asimetrías punitivas con finalidades ideológicas a partir de negar el Debido Proceso (principio de inocencia -en su vertiente procesal y privad-, revertir la carga de la prueba y crear tribunales exclusivos para un sexo-.
La explicación del usos del término violencia de género para imponer la concepción marxista de oprimidos y opresores creando un ente etéreo como el héteropatriarcado es muy buena.
El ataque el capitalismo absurdo por las post feministas también se explica aunque no de la misma forma pues la autora tiene un enfoque completamente jurídico y no ideológico a pesar de ser una libertaria.
Preclara primera parte desgranando el feminismo identitario y la ley de género. Ayuda a luchar contra el derecho penal de autor que quieren implantar los populismos de izquierda y derecha
Para empezar, me lo he fundido en tan pocos días porque se lee super rápido. Me encanta cuando los libros están redactados con vocabulario preciso y frases bien hiladas (literalmente el bare minimum). Para seguir, me gusta mucho la configuración del libro en dos mitades, que da cuenta de la ideología liberal de la autora: la primera parte dedicada al feminismo identitario, y la segunda dedicada al nacionalismo identitario antiinmigración. Toda la crítica está basada en los postulados legales y jurídicos que rigen el Estado español y la interpretación profesional que la autora hace de ellos.
Sí diré que la crítica está más escorada hacia la izquierda, puesto que se ensaña más con el feminismo identitario. En parte, puede deberse bien a las preferencias ideológicas de la autora; bien a la relativa novedad y escasa jurisprudencia de los delitos tipificados como violencia de género, frente a la extensa y detallada base legal con la que cuentan los casos de inmigrantes y extranjeros en territorio nacional. También me parece injusto que, por estos mismos motivos, la autora se dedique más a desmontar las propuestas de ley (y sus consecuencias sociales y penales) que tratan de regular las relaciones sexuales y prevenir las violaciones; mientras que, en la segunda parte, lo trata todo desde una visión más "compleja" y "con muchos matices", como una problemática causada más por factores externos que por los propios individuos. Los dos temas, repito, se tratan desde su representación jurídica, pero está claro que la primera parte cuenta con mayor subjetividad y opinión, y en la segunda prima la visión general y "objetiva". Habría estado bien, por ejemplo, proponer alternativas a las leyes contra la violencia de género, en lugar de solo desmontar los intentos que se han hecho por X motivos y pasar a otra cosa.
Creo que es un libro difícil de leer si alguna de las dos partes del identitarismo toca la sensibilidad del lector, porque entonces será incapaz de asumir los aspectos positivos de la ajena ni de reconocer las fallas de la propia. Está claro que ambas vertientes identitarias buscan, con intereses partidistas, criminalizar a un colectivo social por razones inherentes a quienes los integran: en un lado, por razón de su sexo (hombres); y en otro, por razón de su nacionalidad (inmigrantes). La sobrerrepresentación de cada uno de ellos en unos delitos concretos (los hombres en las violaciones, y los inmigrantes en robos o agresiones físicas) no debe implicar la demonización del conjunto, y tampoco justifica la creación de una legislación especial que los persiga, motivada (en ambos casos) por la "preservación de la paz social y la seguridad de las víctimas". La historia nos ha enseñado que buscar un enemigo común al que culpar de ciertos problemas nunca acaba bien, especialmente cuando se pone en peligro la convivencia.