Aunque menos leído que otros de sus libros de relatos, Queremos tanto a Glenda contiene algunos de los cuentos más fascinantes de Cortázar. Bueno: todo libro de relatos de Cortázar contiene algunos de los cuentos mas fascinantes de Cortázar.
Queremos tanto a Glenda contiene, por ejemplo, uno de los cuentos de fantasmas más intensos y trascendentes jamás escritos: "Anillo de Moebius". Es también uno de los más polémicos del autor por la forma en que retrata la reacción de la víctima tras una violación, pero es necesaria su reacción de comprensión y amor para poder llevar hasta sus últimas consecuencias este dispositivo creativo. El viaje metafísico y onírico, el chorreo lingüístico y filosófico debe culminar en la formación de una unidad entre víctima y victimario si queremos comprender que toda la realidad es una y que todos somos ella. Que todos los planos son uno. El lenguaje, el más allá y lo nefasto carnal y psicológico y sociológico, todo habita la misma dimensión. No es en vano, por cierto, que arranque con una cita de Clarice Lispector.
Queremos tanto a Glenda contiene terroríficas fabulaciones sobre la dictadura argentina en "Graffiti" o en "Recortes de prensa". El primero una historia nítida pero con poca doblez, el segundo una indeterminable fenomenología del trauma.
Queremos tanto a Glenda contiene juego sociológico en la historia que da título a la colección, una travesura posmoderna que habla de muchas cosas; o en la otra gamberrada que es "Texto en una libreta", que registra como una etnografía un fenómeno ¿tribal? ¿político? que sucede en el subte bonaerense. Contiene este libro juego literario, casi à l'Oulipo, en "Clone", cuento que el propio Cortázar se ve impelido a explicar para que el lector sea capaz de juzgar su valor.
Y Queremos tanto a Glenda contiene, por supuesto, historias sobre el misterio de la escritura y de la vida, sobre cómo ambos no son sino el mismo misterio. La continuidad entre mundo y arte, entre literatura y mundo, entre lenguaje y existencia humana: es lo que Cortázar nos regaló en "Orientación de los gatos", un estudio sobre las capacidades (limitadas pero mayores que sus limitaciones) de la mirada humana; y en la ojalá-un-día-sea-hecha-película "Historia con migalas".
Un (otro más, ¡somos tan afortunados!) Cortázar virtuoso, lúdico y oscuro, místico y psicosocioantropológico, intelectual y apasionado, riguroso e irracionalista.