Mi primera lectura del año no podía ser otra que mis queridos furros, ya que en cuanto sale un tomo nuevo, se convierte en mi prioridad lectora número 1.
Un décimo tomo (relativamente) más de transición, con dos capítulos de acción desenfrenada, un par de momentos hilarantes, algo de background de personajes menos habituales como Pina, Gohin e Ibiki, y sobre todo, un nuevo peldaño en el camino de madurez personal que Legoshi recorre.
Además, el arte de Itagaki se ve cada vez más y más depurado. Las escenas están más pensadas, los ángulos más buscados y la narrativa más elaborada. Los enfrentamientos en este tomo son unas 40 sublimes hojas donde la tensión es palpable y las diferencias animalescas muy visuales.
Ay, como me gustan mis furros. El onceavo promete un vaivén de emociones. A finales de Febrero veremos.