La actriz Valeria Falcón es amiga de Ana Urrutia, una vieja gloria que no tiene donde caerse muerta. Su ocaso se solapa con la eclosión de Natalia de Miguel, una joven aspirante que enamora al cínico Lorenzo Lucas. Daniel Valls confronta su éxito, su dinero y su glamour con la posibilidad de su compromiso político. Charlotte Saint-Clair, su esposa, lo cuida como una geisha y odia a Valeria, gran amiga de Daniel. Un ictus, el montaje teatral de Eva al desnudo y la firma de un manifiesto descubrirán al lector: Una historia sobre el miedo a perder el sitio. Sobre la resistencia a la metamorfosis y su conveniencia –o no–. Sobre qué significa hoy ser reaccionario. Sobre los cambios de lenguaje que reflejan cambios en el mundo. Sobre el desprestigio de la cultura y su posibilidad de intervenir en la realidad. Sobre la devaluación de la imagen del artista. Y su precariedad. Sobre el público. Sobre el relevo gene racional y el envejecimiento. Sobre los actores ricos que firman manifiestos y los actores pobres que no firman nada porque nadie los tiene en cuenta. Sobre la paradoja de que solo cuando alguien es anónimo empieza a servir para algo en su comunidad. Sobre la caridad como mal y las galas de beneficencia como bucle reproductor de la injusticia. Sobre si se puede luchar contra el sistema desde el sistema. Un texto borde, divertido, triste, puntiagudo, urgente. Es farándula.
Marta Sanz es doctora en Filología. Ha publicado las novelas El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos, Animales domésticos, Susana y los viejos y La lección de anatomía, así como cinco poemarios (Perra mentirosa, Hardcore, Vintage, Cíngulo y estrella y La vida secreta de los gatos) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramos mujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado las novelas Black, black, black: «Admirable. Tiene la crueldad y la lucidez desoladora de una de las mejores novelas de Patricia Highsmith, El diario de Edith» (Rafael Reig, ABC);Un buen detective no se casa jamás: «Vuelve a mostrar su dominio del lenguaje (y de sus juegos) y del registro satírico (de la novela de detectives, de la novela romántica), con una estupenda narración» (Manuel Rodríguez Rivero, El País); Daniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico): «Hipnótico, fascinante y sobrecogedor» (Jesús Ferrer, La Razón); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomía: «Ha conseguido situarse en una posición de referencia de la literatura española, o, en palabras de Rafael Chirbes, “en el escalón superior”» (Sònia Hernández, La Vanguardia); Farándula (Premio Herralde de Novela): «Muy buena. Estilazo. Talento, brillo, viveza, nervio, inventiva verbal, verdad» (Marcos Ordóñez, El País); Clavícula: «Uno de los libros más crudos, brutales e impíos que haya leído en mucho rato» (Leila Guerriero) y una nueva edición de Amor fou: «Una de las novelas más dolorosas de Marta Sanz... Las heridas que deja son una forma de lucidez» (Isaac Rosa), y pequeñas mujeres rojas: «Una brutalidad literaria, un despliegue verbal que asombra» (Luisgé Martín), así como el ensayo Monstruas y centauras: «Extraordinario» (María Jesús Espinosa de los Monteros, Mercurio).
Farándula = Faralaes + Tarántula, Marta Sanz dixit.
Partiendo de aquí ya se puede entender que este Premio Herralde es una obra poco convencional, posmoderna, descarada y mil adjetivos más, sobre el mundo del teatro y los actores y actrices de diversas generaciones. Sus miedos, sus expectativas, su ego que los lleva a ser titiriteros impenitentes, su ansiedad infinita de aprobación y – sobre todo – su decadencia. Su decadencia inevitable, porque su herramienta es el cuerpo, que exponen de modo suicida a las veleidades del público y que en mayor o menor grado queda destruido por el paso del tiempo.
Es escritura posmoderna, barroca, que no tiene una trama clásica. Más que una historia es un retablo de un mundo – el de la actuación – que conocemos a través del flujo de conciencia de unos personajes, tan bien elegidos y descritos, que son perfectamente reconocibles y encarnables en ejemplos conocidos.
Como la gran diva Ana Urrutia, que en su vejez se encuentra sola y arruinada, al albur de la caridad de otros compañeros de profesión. A través del montaje de la versión teatral de la película ‘Eva al desnudo’ asistimos al drama generacional de Valeria Falcón, una actriz madura perteneciente a una dinastía de actores, que sufre el embate de la joven aspirante Natalia de Miguel, a quien en su transformación de discípula a competidora, no le importa participar en un reality show si con ello se gana los corazones del público.
Hay muchos más temas, como el compromiso del actor de éxito que se permite firmar manifiestos y tomar postura en asuntos públicos:
No sabía cómo acertar y vivía en una contradicción que le agudizaba sus incipientes síntomas de úlcera: necesitaba complacer al público y, a la vez, complacer al público le parecía una actitud súcuba, barata, una prostitución.
Pero los problemas de la mayoría de los personajes son poco glamurosos, son más bien la incertidumbre económica y la pura supervivencia, como el encantador matrimonio de actores maduros, Mariana y Adolfo, que desde su pequeño piso siempre han luchado por unos derechos laborales mínimos que dignifiquen y den seguridad a su profesión.
Los personajes atrapan y la escritura de Marta Sanz rebosa humor, sarcasmo e inteligencia. Una obra poco convencional para un mundo - la farándula – poco convencional.
En el oficio de actor siempre habían existido las clases y cierta movilidad social: bufones, chaperillos, chicas de alterne, cuatro ojos, gafapastas, grandes lectores, friquis, bohemios, semidioses, idolillos, titanes, divas, recogepelotas y gente de orden.
Tomadura de pelo. No trata de nada, no tiene personajes. Se limita a ser una especie de larguísimo resumen con algún seudofluir de conciencia, con el que se pretende hacer una ¿crítica? no sé si del teatro, del mundo, de los actores o de qué. Y pensar que esta novela ganó un premio... Hay frases incluso dudosamente escritas, mucho vacío, repetición, diminutivos y personajes que no evolucionan ni hacen nada. Son como estampas inconexas. No le veo la gracia ni mucho menos la calidad a esta obra llena de frases hechas y lugares comunes. Ha habido momentos en los que he leído como con piloto automático. Si esto es la "calidad" literaria casi prefiero un bestseller o una novela de aventuras, la verdad, que al menos tienen argumento.
Mis primeras sensaciones acerca de esta novela se movían entre la expectación y la reticencia. Expectación porque los libros de Anagrama son poco menos que un valor seguro. Reticencia porque yo la narrativa contemporánea española, por lo general, o no la entiendo o de verdad hay quien piensa que lo que está escribiendo tiene el más mínimo sentido. Sin embargo, Marta Sanz está hecha de otra pasta. A Marta no solo la entiendo, sino que comulgo con ella. Imposible no hacerlo con esa implacable ametralladora en la que se convierte cada página de Farándula apuntándote entre ceja y ceja. Al situarse tras los telones del mundo del teatro y del show business, Sanz elabora un complejo e intrincado mapa de la situación política y socioeconómica de nuestro país, ese trozo de tierra surcado de cicatrices que algunos continúan empeñándose en llamar patria y que, paradójicamente, cada vez se parece más a un espectáculo de variedades. El reparto, de lujo, lo forma un elenco de personajes de lo más peculiar (actrices retiradas, celebrities con conciencia social, viejas glorias y nuevas promesas a la caza de una oportunidad) que se mueven no sin cierta problemática a través de un texto duro, maduro, inteligente, ácido y brillantemente despiadado. Sin duda, una muy grata sorpresa.
Lino porque era pa o club de lectura, se non xa o tería deixado nas primeiras 50 páxinas.
Creo que o meu problema é que non entendo punto do libro. Que me quere contar? Pa que tanto personaje? Que tesis quere defender? E que non o entendo. Podo tirar polo de falar de como é o mundo dos actores e tal, pero sentino como un totum revolutum no que non pillo o punto libro nin entendo o porqué de que se escollan certos personajes (ollo, algúns si). Por certo, todos me caeron mal.
A este non entender súmanselle as laaaaaargas enumeracións. Si é que hai algunha graciosa, irónica, que está ben pero e que tooooodo o libro así cansa. Foron 200 páginas pero prefiero ler 1000 da Regenta e fánseme máis leves.
Non sei, nin é o meu libro nin a miña forma de escribir nin o meu tema, aínda que a autora ten cachiños de texto moi bos.
Novelita a la vez amena y espesa (en el buen sentido) como doña Ana en la que desfilan protagonistas de varios estratos la farándula como en un retablo. Novelita también hija de su tiempo (post 15-M) con referencias a noticias y titulares de la época del rajoyismo —he vibrado con la de Ana Mato—. Solo falta que alguien sintonizara el hoy por hoy de Pepa Bueno.
Es imposible no relacionar el último capítulo de las reflexiones de ma Valeria Falcón actriz con las reflexiones de la Marta Sanz escritora que hace en los íntimos acerca de haber sido una escritora que nunca ha dado el petardazo. Por suerte, Marta no tomó la decisión de Valeria.
Decepción, DNF. El libro es un conjunto de frases —que no oraciones— inconexas. Si bien es cierto que su estilo de escritura es muy refrescante, llega a empachar y a hacerse demasiado caótico. Como tal, la «trama» se me hizo aburrida y repetitiva. Aún así, le daré otra oportunidad a la autora.
Un lenguaje tan personal, tan original, tan intenso y tan exhaustivo que a veces (muy a menudo, más bien) se convierte en un instrumento agotador capaz de ahogar historia y personajes. Despierta admiración pero complica cualquier tipo de empatía.
Non vía o momento de acabalo! Nunca 230 páxinas se me fixeran 700. O problema deste libro é que non ten trama. Os personaxes prometen (aínda que me caeron todos mal), pero non pasa nada. A narración susténtase, de feito, na enumeración (hainas ata de 4 páxinas, que cansino). É unha pena, porque Marta Sanz escribe moi ben, é super enxeñosa, intelixente e cínica, e ten un acervo cultural amplísimo.
Hace unos días leí una crítica en la que se decía que Farándula no tiene argumento. Partamos de que discrepo, pero aunque fuera cierto: ¿es que acaso lo necesita? Es más, ¿tiene la vida argumento? Ante todo, el libro de Marta Sanz es un «atlas de geografía humana» (discúlpeme la Grandes por tomar prestado el concepto): se nos presenta un elenco de personajes, como sacados de una representación teatral, a quienes conocemos sobre todo por lo que piensan, o eso creemos, unos de otros.
«Valeria era el ejemplo vivo de que tener talento nunca ha sido suficiente para triunfar. O tal vez era una opción, un acto de dignidad, porque quizá no el fracaso pero sí un éxito no absoluto era la consecuencia de haber hecho una elección digna, una prueba de honestidad y pureza ética y estética. Valeria Falcón nunca, nunca, se había lamido las heridas, nunca se había excusado».
Estos personajes, la mayoría de una edad madura, hacen además balance de sus acciones y en ocasiones dan muestras de vivir más en el pasado que en el presente: «A partir de cierta edad todo son flashbacks».
Como en otras de sus obras, Marta Sanz nos presenta una realidad desnuda, sin adornos ni maquillaje, con la cara lavada. A través de unos personajes prototípicos —que en el fondo no los son tanto, porque quién lo es—, nos introduce en un mundo, el de la farándula, que reproduce las clases sociales, las relaciones de poder y los afectos —y desafectos— que existen fuera de él. El libro recorre lugares comunes con valentía, cierto desapego y practicidad.
«La Urrutia solo charlaba con los hombres que suponían un reto y esos hombres, antes o después, se enorgullecían de contar con Ana entre sus amistades. […] Se rumoreaba que la Urrutia era lesbiana, pero por lo que Valeria pudo saber le daba igual el pescado que la carne. Solo buscaba caricias diestras. […] Tuvo muchos amantes pero no se casó jamás».
El egoísmo que esconde la decisión de no ser madre —¿o acaso no es un acto de generosidad?—, la dignidad en la muerte, la solidaridad —en ocasiones, sororidad—, la precariedad económica de los que componen el músculo del teatro en contraposición al lujo de los pocos que llegan a lo más alto, la ausencia de éxito —que no tiene por qué implicar fracaso— o el olvido:
«Ahora de nada le servía haber sido la gran dama de los escenarios, una de las primeras mujeres que se pusieron pantalones»
Cuando llega en momento de hacer balance Valeria Falcón se pregunta «si el éxito era un espacio que compartir con los otros o una habitación muy privada. Cuál era el límite entre la satisfacción personal y el deseo de complacer. […] A Valeria le habían mentido al hacerle creer que el éxito era la dignidad con la que uno desempeña su trabajo un día detrás de otro. La valentía de no darle a la gente lo que espera. La alegría por el trabajo bien hecho. Mentiras y más mentiras. El consuelo del pobre. […] Lo importante era el foco. […] Y el aplauso».
Marta Sanz nos muestra con dureza cómo son sus personajes: inseguros, en constante autocrítica, personas que —como las de verdad— dedican gran parte de su diálogo interno a cuestionar sus propios comportamientos, no siempre tratando de justificarse. Farándula pone sobre la mesa inseguridades con las que todos nos podemos identificar y que pocas veces vemos tan bien expresadas: «La ira que provoca la pérdida del encanto, el miedo a dejar de ser el objeto del deseo, ser sexo y solo sexo y sexo en el sexo del sexo. La certeza de que no ser deseada es una forma de desaparecer».
Sin olvidar que muchas de aquellas vienen dadas porque las personas tenemos, en el fondo, miedo del otro, incluso —diría— de nosotras mismas: «Mankiewicz habla de quienes intentan parecerse a nosotros y acaban siendo nuestros vampiros. Habla de cómo el respeto y la idolatría degeneran en resentimiento y sublevación».
La crítica de Marta Sanz habla de contestación, de rebeldía, pero también de pequeños gestos de solidaridad y de compromiso, quizá los que más importan. En Farándula, como viene siendo habitual en muchas de sus obras, la escritora pone en boca de sus personajes algunas de las preocupaciones más recurrentes de la sociedad actual, como el desempleo o la corrupción política. Al igual que el resto de las obras que he leído de la madrileña, Farándula te hace pensar, te obliga a enfrentar muchas partes oscuras que llevas dentro, es como una mano suave que te sujeta firmemente la cabeza para que no la apartes, para que no dejes de mirar dentro de ti.
Indaga ‘Farándula’ en el mundo de la interpretación, que es posiblemente uno de ésos del arte y la cultura en los que el límite entre la profesionalidad y la precariedad no siempre estuvo claro, más ahora, en los tiempos de la crisis económica, que Marta Sanz aprovecha para retorcer aún más la situación. Se trata de un conjunto de actores de diferentes edades pero de una condición similar: el orgullo artístico encaja mal con una época de liberalismo económico y de ahí la moraleja que puede sacar el lector, aunque a ratos parece haber más sátira que crítica. Porque además el estilo que escoge la escritora es complejo, lleno de monólogos interiores, enumeraciones y retruécanos (no siempre originales o afortunados), lo que lleva el texto por el camino del exceso y, por tanto, del hartazgo.
La gala se adivinaba difícil porque, como era habitual desde hacía algunos años, en ella se contraponían dos puntos de vista sobre la función social del cine: el espectáculo frente al compromiso; la necesidad de entretenerse, de aliviarse, el glamour, la fábrica de sueños y los bellísimos trajes de noche de actrices que pisan alfombras rojas o verdes, frente a la urgencia de rebeldía y contestación ante las cosas que pasan... "El eterno retorno", pensó con pereza Daniel Valls.
Era una díscola disimulada. Y esa manera de llamarse a sí misma la llenaba de orgullo porque le sonaba a comedia de Lope o de Calderón de la Barca. Y le había salido así. Tan natural. ¿O acaso la estarían contaminando? Se lo preguntó en voz alta: ¿O es que acaso me estarán contaminando? Pero Natalia de Miguel prefirió no seguir dándole vueltas al asunto. [...] Natalia de Miguel era de la opinión de que casi todas las cosas importantes convenía hacerlas sin pedir ayuda. Se lo recordaba pegando cartelitos en las paredes de su habitación: "Tengo que quererme más", "Debo cuidar mi autoestima", "Si lloras, tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas", "Todos los días amanece un nuevo sol". Cada vez que leía este cartelito, sin saber de dónde procedía la asociación mental aunque con el convencimiento de que la asociación mental estaba ahí y tenía que ver con alguna faceta subrepticia de su personalidad compleja, Natalia se hacía una paja. No obstante la masturbación era contraproducente porque, después, le entraban ganas de fumar y de poco servían los mantras, los caramelos de menta, las aterradoras imágenes de pulmones desmoronados como un castillo de ceniza o de encías sin dentadura.
Sopesaba los pros y los contras de adherirse a un manifiesto contra el deterioro de los servicios públicos, en apoyo a los desahuciados y contra la reforma laboral . Para paliar el desastre de un país con cinco millones novecientos sesenta y cinco mil cuatrocientos parados. Y en la formulación de esa cifra no cabían redondeos ni eufemismos. No valía decir "seis millones de parados"o "cinco millones y medio de parados" o "casi seis millones de parados". [...] Daniel admiraba a Angelina y, sin embargo, su carita demacrada en mitad del desierto despertaba en él un punto de desazón, porque no sabía si en la balanza resultaba más pesado el marketing de la solidaridad - "Cielos, qué expresión-2, se censuró Daniel-, las buenas intenciones o la voluntad de intervención política. [...] Charlotte intentaba le trataba de consolar diciéndole que él no era inocente pero tampoco culpable. La mujer mostraba su amor hacia el esposo con ese tipo de contrasentidos. Daniel Valls jugaba con el orden de los factores de la frase y se daba cuenta de que la inversión de sus términos era demoledora.
El montaje teatral de Eva al desnudo sería en blanco y negro; los decorados, el vestuario y el maquillaje de los actores se moverían siempre dentro de las diferentes escalas del gris y el espectador se adentraría en la oscuridad de una sala de cine, experimentando ese tipo de distancia que era el único lugar desde el que se podía ejercer la crítica más allá de la conexión emocional y la búsqueda de las gratificaciones sentimentales. Las decisiones escenográficas no partían, por tanto, de una vocación estética o manierista, sino que eran una opción moral.
Quería que Ana Urrutia, con la voz de viejecita buena de los cuentos, respondiera; "Hija, hija, estoy aquí, en la cajita del reloj me metí". [...] Valeria Falcón se pegó al cuerpo de Ana Urrutua temiendo que el hurón volviera inadvertidamente y, al ver a dos mujeres desvalidas, se lanzase sobre ellas para alimentarse de su sangre. Ni los hurones domesticados pierden su instinto mordedor. 52
Parodiando, es decir, odiando un poco.
Charlotte es clara y Daniel oscuro; ella lampiña, él velloso; ella pulida, pilquérrima, él huele a turba, a veces a sudor; ella es distante y él toca a las personas desde el primer momento. Él es torrencial, cálido; ella, fría en el estrato de la epidermis, pero cada vez que se acuesta con su marido le pone una pasión equivalente a la de Marnie cuando, por fin, supera la frigidez gracias al beso -¿de amor?- de Sean Connery: ojos en blanco carne de gallina, salivación, reflujo y universo de colores que gira y gira y vuelve a girar; ella bebe con moderación dorados champanes y él es un sátiro amante del tintoreto; ella come codornices envueltas en pétalos de rosa o envasadas al vacío con estéticas tiras de remolacha que parecen patitas flotantes de medusa, y él roncha jabalíes asados mientras alguien amordaza al bardo de la aldea. "La última imagen define nuestro tiempo", diría Daniel Valls en uno de sus arrebatos de fogoso pesimismo. [...] La bellla bróker había asumido que una de sus funciones en la vida consistía en proteger al actor, al extraordinario ser humano, de su propia sensibilidad y de los cada vez más frecuentes ataques externos. 59
"Qué zorra, tú tía", se lamentaba la Urrutia. "Sí, un poquito", respondía Valeria, que recordaba muy bien que si tía nunca le había echado una mano en sus comienzos. "Después me lo agradecerás", decía Laura Falcón. "Qué pedazo de hija de perra..."73
Clic, clic pg 79
A saber: para Álex, los hombres verdaderamente grandes dejaban ver la magnitud de su grandeza en esos tiempos en los que no pasaba nada. En esos tiempos en los que era muy difícil adoptar un comportamiento épico o una norma de conducta capaz de romper con lo establecido. Cuando la normalidad no es normal y existen razones para coger el caballo alado y cortar la cabeza de una Medusa siempre despeinada y muy necesitada de pasarse una lendrera. Razones para ponerse impertinente. Quizá es que los tiempos buenos no existen, son lugares quiméricos, y siempre hay que estar con el sable en alto. [...] Pero a la vez a Álex le habían inoculado lentamente la idea de que ese acto que a él le nacía de dentro ni era heroico ni práctico. Era violencia y vandalismo. El verdadero héroe contemporáneo debía ser un maestro en templar gaitas. 118
El reportaje fotográfico de George, colgado del abrillantado bíceps de Stacy, habían sido vendido por una buena causa. La gente compraba galletas por una buena causa. Bebía refrescos por una buena causa. Las buenas causas servían para vender un montón de cosas. Le dio un retortijón. 121
Valeria se dio cuenta de que no sólo las palabras, sino también los gestos, estaban corrompidos por el tópico. 158
Son muchos los temas que trata Marta Sanz en esta novela: la decadencia del mundo del espectáculo y de la cultura, la mezquindad que se esconde en la lucha por la fama, la falta de compromiso social, o la utilización del discurso social para ganarse al público, la vejez como garantía de olvido, la llegada de bellas y delgadas jóvenes oportunistas como en «Eva al desnudo», la soledad, el abandono, la precariedad de los actores. Todo ello enmarcado en una narración tragicómica, grotesca, casi esperpéntica, con un estilo envolvente que te capta desde el inicio.
Una novela totalmente carente de argumento o estructura lógica. A pesar de que la técnica de escritura, la multitud de voces y el que sea un relato autogenerado es muy interesante, no acaba de atraer al lector e involucrarlo emocionalmente con los personajes. Quizá fuese el objetivo de la autora: conseguir que se odie o te sean absolutamente indiferentes todos los personajes.
A ratos espectacular, pero la arriesgada apuesta formal -¡toda la novela son monólogos internos!- hace que se desinfle un tanto al final. Aun así, una certera radiografía del ego y el ello de artistas de distintas generaciones. Seguiré leyendo a Marta Sanz.
“La farándula es la síntesis de faralaes y tarántula.” Sin duda una frase ingeniosa. La novela muestra talento literario. Pero se apoya en una temática algo manida. https://www.lecturasalazar.com/art%C3...
Pues es mi primer Marta Sanz. A ratos brillante a ratos sin ritmo. Creo que falla al querer tocar demasiados temas en su brevedad, pero merece la pena por esos momentos en los que la autora se escapa de sus personajes y reflexiona sobre el teatro y la vida real.
Esto es Farándula. Un homenaje a la dignidad obrera que hay tras la decadencia de lo artístico. A los técnicos y técnicas de luces y sonido, a los actores y actrices de jornadas infinitas, a las salas pequeñas, a quienes no se olvidan de dónde vienen, a las contradicciones, a las rencillas en la vida en general y entre bastidores en particular, a la realidad que se nos presenta en sus derivaciones más crueles sin importarle quiénes fuimos y muchos más motivos que me hacen apostar más que nunca por el teatro, la danza y la emoción de la cultura en directo.
Me duele en el alma (y me cuesta, también) dejar un libro a medias, pero me he leído 100 páginas en 15 días - una media de 6 páginas diarias, lol- porque no ha conseguido engancharme, los personajes no me interesaban, no conectaba, ni siquiera retenía en algunos casos quién era quién… Hay que saber dejar libros sin terminar habiendo tanto por leer… Quizás nos reencontremos en otro momento, Farándula 😇
wow me ha impresionado mucho mucho! seguiremos leyendo a esta mujer
“Yo no escribo para que nadie se reconozca en su parte inteligente, sino en su más abyecta y entrañable vulgaridad. En su caca, en su culo, en su pedo, en su pis. En el niño hijo de puta que fue y que posiblemente sigue siendo. Escribo con contractura igual que cuando taconeaba sobre la tarima de un escenario”
Hace tiempo que no me costaba tanto acabarme un libro…lo cogí con ganas por los premios que tenia y sobre todo por el argumento pero es que te aburre a las 30 paginas. Personajes y argumento completamente vacios, no hay nada en la trama que tenga un punto interesante. No sirve de nada poner todos los adjetivos y sinónimos para describir una situación si esta es absolutamente SOPORIFERA
Al inicio me costó un poco, luego fui tomando el ritmo. Al final lo sentí más repetitivo que entretenido, debido a que buscaba que los personajes sobreanalizaran todo lo que pasó, lo que creo que debería habérselo dejado al lector.
Es un interesante acercamiento al mundo secreto de la actuación y a las personas que hacen parte de este.
Jo, no es que sea mal libro pero se hace taaaan pesado, he tardado dos semanas en leerme el final porque era como… para que? Si se que no va a pasar nada interesante…
Tiene que ser difícil escribir queriendo ser tan original y diferente y con una mochila llena de prejuicios a cuestas. Tanta adjetivación superflua, tanta descripción inane, Marta Sanz fracasa en construir un universo, el de la farándula, unos personajes, confusos, mal definidos, poco memorables. Sus andanzas nos dan igual, sus problemas nos resbalan, sus autojustificaciones son soluciones a problemas que generan ellos. Marta Sanz toma partido por todo imaginando un enemigo que inventa y desfigura: el mercado liberal, el cómo ser progre y rico a la vez, la presión social que obliga a las mujeres a tener hijos, las críticas fáciles a los actores y su mundo... Un libro poco digerible y muy prescindible.