Miranda ha pasado los primeros cincuenta años de su vida sin apenas salir de su pueblo. Todo el equilibro del que goza su frágil salud mental se lo debe a la rutina, a su vida sencilla de campo. Pero la llegada a España del turismo masivo augura para sus cuatro hijos una vida más próspera, y la familia al completo emigra a un lugar del Mediterráneo del que él no conoce ni el nombre: una isla en plena ebullición que es ahora el epicentro de un cambio radical en la forma de vivir y de sentir, un aire fresco que asusta al torpe y sórdido tardofranquismo. Atrás quedarán para Nicomedes su paisaje y su oficio, sus muchos afectos y sus cada vez menos seguridades... West End nos habla del control físico y psíquico que se ejerce sobre las personas, pero también, y sobre todo, de la liberación del mismo. Sacar la cabeza de la miseria y del silencio obligatorio nos cuesta a veces la vida entera, pero también trae consigo una alegría inmensa, la preciosa experiencia de alcanzar un espacio para el movimiento genuino, para el discurso limpio, para la verdadera cercanía con los demás.
Es muy doloroso descubrir cómo un autor que está cuestionando la naturaleza de la psiquiatrización de su abuelo se queda a las puertas de una crítica radical. Duele mucho porque acaba cayendo en muchos capítulos en las mismas trampas de la psiquiatría y porque solo ha consultado a "expertos" para dar voz a la experiencia silenciada de su abuelo, en lugar de tratar de hablar con otras personas psiquiatrizadas que pudieran restituir esa ausencia. Incluso con la crítica tan precisa que hace a la psicofarmacología,se apoya en un libro de Escohotado para hablar de los efectos del haloperidol, en lugar de leer o interesarse por testimonios en primera persona. Se queda a un paso muy pequeño por sus decisiones narrativas y, lo peor de todo es que, si hablara conmigo o cualquier persona de dentro del movimiento loco, acabaría comprendiendo nuestra crítica y poniéndose nuestras gafas en aproximadamente 15 minutos de conversación. Jose Morella, si me lees, te invito a que me escribas por redes sociales para conversar.
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A pesar de las tres estrellas, la novela me ha sorprendido gratamente: una perspectiva novedosa sobre la enfermedad mental, el análisis del turismo ibicenco, del desarrollismo. He disfrutado leyéndola y buscaré otra novela del autor. Los premios Café Gijón no me suelen defraudar.
Acabo de terminar este libro y estoy completamente conmovida. Este es un relato estremecedor de la salud mental en un contexto donde la ignorancia sustituye al conocimiento, donde el silencio y la vergüenza suplantan a la sanidad y al perdón.
Un libro que habla del turismo ibicenco, del desarrollo, de la familia, de los silencios, de lo que no se dice y de sus consecuencias pero sobre todo habla de la enfermedad mental vista desde la ignorancia en una época en la que poco se sabía o quería saberse
Poco esperaba de este libro y he disfrutado mucho con las reflexiones acerca de la enfermedad mental del abuelo del escritor
Es un libro que me ha apasionado: destaco su sencillez en las palabras que usa como en cómo lo explica. Los temas que toca de manera transversal: la locura, la vergüenza, los miedos, los secretos de familia, la emigración, el franquismo y posfranquismo.
Me'l crec. M'he ficat a l'època, a la vida d'una família amb coses que tothom dona per suposat i no es diuen. Conviuen amb una persona amb enfermetat mental en una època en què la malaltia no era acceptada i les cures dels metges eren terribles.