Asumiendo el rol social que deben jugar los historiadores en la construcción de una sociedad más justa, Eduardo Devés propone este libro sobre una de las mayores catástrofes políticas y sociales de la historia de Chile: el origen, el fulgor y la sangrienta represión de la gran huelga salitrera de 1907; la realidad que vivían los obreros, el desarrollo de la huelga, la agitación en la pampa, la organización de la gran marcha hacia Iquique, los protagonistas, la llegada al Puerto, las discusiones políticas, el pliego de peticiones, la respuestas de los patrones, la dignidad popular y el relato detallado de los sucesos ocurridos entre el domingo 15 y el sábado 21 de diciembre, día de la masacre, en la Escuela Santa María. Devés se pregunta y responde: «¿Se logró lo que se quería? ¿Las víctimas alcanzaron sus objetivos? ¿Los victimarios lograron los suyos? Muchos pensarán que los victimarios obtuvieron más. Yo soy de los que piensan diferente: que los trabajadores han sido más favorecidos por el siglo. Pero es una discusión muy larga y muy difícil de plantear para poder avanzar un poco. En todo caso, parece evidente que en muchos aspectos el siglo XX quedó corto: en 1900 o 1910 se esperaba más de este, aunque tampoco es menos verdadero que dio algunas cosas que no se esperaban o que ni siquiera se podían esperar».
«Los trabajadores cayeron en el circulo vicioso de sus juicios equivocados, de sus falsas concepciones, de sus confusiones entre deseos y realidades, de so orgullo empecinado, de su megalomanía colectiva, de su mesianismo político. Se habían decidido a dar la pelea hasta el final, para eso habían bajado a Iquique; no querían negociar más. Sus opciones anteriores les habían ido cerrando alternativas. Pero dar la pelea hasta el final era resignarse a ser vencidos cabalmente, era decidirse a no obtener nada o provocar la revoluci6n social, única manera de garantizar mejoras, de afirmar conquistas; pero ella no estaba siquiera en el horizonte remoto de sus aspiraciones, aunque si en la ideología de algunos. Se empecinaron en obtener todo lo solicitado, yendo más allá de lo que sus propias fuerzas podían permitirles y garantizarles. Por último, se les podía haber prometido todo para luego haberles quitado sus logros y haber realizado un vasto plan de represión selectiva en las oficinas, plan que les impidiesen rearticularse y rearmar el movimiento. El orgullo, el empecinamiento y el mesianismo los enterró. Fueron presa de sus propias acciones. Cayeron por aspirar a lo máximo, sin decidirse a construirlo ni a ser capaces de hacerlo. ¿Cómo pretendían obtenerlo todo, triunfar, si cabalmente eran los enemigos los que tenían las leyes y la fuerza? Ellos tenían convicción, pero les faltaba claridad».
LOS QUE VAN A MORIR TE SALUDAN. HISTORIA DE UNA MASACRE: ESCUELA SANTA MARÍA, IQUIQUE, 1907 de Eduardo Devés