“No existe nada más misterioso que desear aquello que deseamos: la lengua de Mónica Ojeda explora sin descanso ese enmarañamiento genital, vegetal, humano, al que estamos condenados a reverenciar por siempre”: Daniela Alcívar Bellolio.
“La escritura de Mónica Ojeda revienta la vida tal como la conocemos o creemos vivir, es por eso que es filosófica y musical. Es por eso que es irreversible”: Ariana Harwicz.
Mónica Ojeda was born in Guayaquil, Ecuador, in 1988. She has published novels, short stories, and poems, earning her nominations and accolades in various literary contests. In 2017, she was listed in Bogotá39 by the Hay Festival as one of the best Latin American fiction writers under forty. In 2019, she received the Prince Claus Next Generation Award in the Netherlands. In 2021, Granta magazine named her one of the best Spanish-language authors under 35.
Ojeda stands out as one of the leading figures in contemporary Latin American fiction literature. The author is renowned for her skill in crafting intense and unsettling narratives that delve into the darker aspects of human psychology. Her stories often explore themes such as abuse, obsession, emotional decay, while intricately portraying femininity within complex and challenging contexts. ----
Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988). Máster en Creación Literaria y en Teoría y Crítica de la Cultura, dio clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Actualmente vive en Madrid.
Ha publicado las novelas Mandíbula (Candaya, 2018), Nefando (Candaya, 2016) que tuvo una espectacular recepción crítica y La desfiguración Silva (Premio Alba Narrativa 2014). En 2017 publicó el relato Caninos y otro de sus cuentos fue antologado en Emergencias. Doce cuentos iberoamericanos (Candaya, 2013). Con El ciclo de las piedras, su primer libro de poemas, obtuvo el Premio Nacional de Poesía Desembarco 2015.
Forma parte de la prestigiosa lista de Bogotá 39-2017, que recoge a los 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años con más talento y proyección de la década.
Resignificar nuestros mitos. Que nos han construido y de cierta manera volvemos a ellos de vez en cuando. Es ello lo que hace la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda en este poemario. El mito bíblico llevado a la palestra para adentrarnos en el imaginario de una mujer que ahuyenta sus penas y temores a través del significado que ve en la muerte de su hermana. A través de los deseos, los miedos e interpretaciones en verso vamos enmarcando cada palabra en plasmar un imaginario que nos habla a susurros para decirnos que la muerte ha estado allí siempre y a veces te cobija. Un poemario que te remueve y te permite reflexionar en cada poema, en cada palabra y a cada suspiro. Un entrañable poemario que se hace presente para apaciguar estos tiempos e intentar comprenderles.
Mónica Ojeda tiene una escencia tan fuerte y marcada que incluso en su poesía pude sentirlo. Me ha encantado la manera en la que ha convertido la historia de Caín en algo aún más macabro, como es la locura de la maternidad y sus estragos, la feminidad y la rivalidad entre hermanas unidas por el hilo de la muerte. Además el prólogo de Daniela Alcívar da un análisis amplio y maravilloso del libro, para dar cuenta de cada capítulo, cada palabra y por supuesto del horror en la historia.
Este libro es maravilloso de principio a fin. Es tan melodioso y rítmico que desemboca en una música sin compás. Leer la poesía de Mónica Ojeda es desconocer el orden y estructura, es danzar entre sus versos infinitos que saben a ritual.
He quedado impresionada por la voz de Mónica Ojeda, devota y apasionada, cruda, violenta. Es un huracán que marca con su fuerza cada verso,
Es un discurso profundamente prosistico, con una belleza poéticamente elegante. Es una confesión, es un golpe de consciencia buscando redención.
Un poema sin estructuras aparente, sin puntuaciones finales, porque no hay final, hay un comienzo que inspira abrir el alma, dejando libre la interpretación.
"La destrucción es creación."
"La poesía es lo perfecto del muerto: lo incorruptible, la selva encadenada".
"Sueños de leche Mirar hacia el símbolo con los ojos cerrados es la única forma de llevar su peso".
En Historia de la leche, Mónica reescribe el mito fratricida a través de una poética donde la leche materna deja de ser sustancia nutricia para devenir signo de violencia, deseo y memoria traumática. La voz lírica transita una genealogía de lo femenino marcada por la herencia del cuerpo y sus ataduras simbólicas, desdibujando los límites entre el amor y la agresión, la filiación y el sacrificio. Con una cadencia hipnótica y un imaginario perturbador, Ojeda subvierte la ternura de lo materno y nos entrega un poemario donde la leche no alimenta, sino que ahoga.
“Aquí yace Mabel en la luna. / Hija, hermana, víctima y obra de arte: / que su poética de leche haga para siempre caer los / colmillos del universo”.
La voz potente y femenina que habla desde este libro-poema dice haber matado a su hermana. Dice huir de su madre, separándose para siempre de su leche. Dice la violencia de la sangre donde se esperaría la calma de la leche. Dice la historia de su familia: el padre que la quería varón y que le enseñó a matar, la infancia junto a la hermana que será violentada hasta el último extremo (¿pero cuál es y cómo ocurre?), la madre convertida en furia cuando descubre la violencia. “No querías que te abriera la puerta, Mamá, pero aún no lo sabías”.
Es un poema sobre el cuerpo y sus posibilidades, sobre la familia de la que es fruto, sobre la violencia que puede ejercer o recibir, sobre lo próximos que están horror y belleza, dolor y belleza, cuando el cuerpo se enfrenta a lo sublime, a la fascinación. Sobre la muerte como materia del arte, porque el cuerpo lo es todo, por eso de él nacen la sangre y la leche, fluidos que son vida y una ofrenda para el poema.
“La leche invoca imágenes que bifurcan el cuerpo del lenguaje”.
Me da muchísima pena. Amo a Mónica Ojeda narradora, quizá porque la narración como género se me acomoda mucho más que la poesía, que me causa mucho conflicto. Muchos de los motivos que aprecio mucho en sus relatos y novelas (las violencias, los traumas, el cuerpo, el sexo, etc.) están también aquí, pero en unas imágenes que no consigo disfrutar. No era el target para un poemario así, tampoco nadie con un criterio desarrollado sobre este tipo de literatura.
Una poesía dura y astringente, con mucho más abismo que retórica. Además, de la mano de Rimbaud, Huidobro y Pizarnik. Durísima y hermosa en su dureza. Mónica Ojeda es superlativa
Este libro es amplio, inmenso y vuelve a la poesía un planeta entero. Le quita muchas restricciones al poema, lo engrandece. De hecho pareciera como si Mónica fuera aquí una valiente combatiente de las barreras psíquicas, porque logra llevar la poesía al terreno del trauma puro sin mayor investidura.
Es una obra perturbadora llena de violencia -belleza (TW) incómoda y súper súper original.
Se ha convertido en una de mis obras favoritas de poesía porque Mónica hace en este libro un ejercicio de extrema exploración artística donde devela lo más horrible del trauma y lo vuelve literatura.
Ella es capaz de nombrar su monstruosa relación con lo materno. Da vida al arquetipo de la madre siniestra, dadora de una leche envenenada, dadora de seres de leche asesinos, dadora de una leche que es camino podrido en el mundo. Con el poema esta autora da lugar a sus terroríficos sueños de muerte, a su angustia por devorar lo femenino, su conflicto psíquico con el amor, la muerte, el sexo y la violencia.
Celebro todo lo que se atreva a desmitificar la familia y a definirla en su potencial monstruosidad. Es una forma de quebrar pactos sociales que encubren cosas terribles. Eso es lo que hace Mónica aquí con una pluma (para algunxs quizás demasiado) honesta.
Considero Heróico desencajar la poesía de sus estrechos lugares, sacarla de un "deber ser" que dicta la cultura, dejar de verla como vehículo del romanticismo, una cosita diminutiva e inofensiva y darle toda esta contundencia, toda esta crueldad. Bravo.
He entendido cero unidades de páginas en este poemario. Todo sonaba precioso, todos los versos son para enmarcarlos. Pero ni puñetera idea de lo que estaba leyendo si trataba de verlo en su conjunto. Lo dejo sin calificar. Claramente no era para mí o yo necesito más recorrido.
“Historia de la leche” me hizo quedarme un rato más en el universo de “Mandíbula”. El manejo del lenguaje es una belleza cruda y desgarradora, qué imaginario tan vivo y propio, qué manera de adaptar los mitos.
«Cabalgaste la tierra recogiendo los fragmentos de mi hermana: los hallaste junto a los peñascos y los volcanes, ocultos en las cuevas y en la maleza, y te preguntaste si habría alguien de este mundo que pudiera juntarlos en la luna».
Hermoso, fúnebre, simbólico. Me encantó encontrar su cosmogonía tan singular y representativa. Ella tan propia, como siempre <3.
Solo construimos nuestra sangre cuando la limpiamos de familia. ... Mi voz se arruga sobre la velocidad rendida de tus pasos en mi lengua pero tu cuerpo sabe abrirse al verde tiempo de la fractura como una flor agonizando su nacimiento
Qué locura de viaje ha resultado este poemario de Ojeda. El uso de las palabras apostando por echar hilos para luego deshilacharlos y las referencias que van desde Adoum, Lacan, Vargas Llosa, Bolaño y llegan hasta la cultura pop pop con los Guns me han hecho gozar y pensar. Hay veces en las que Ojeda resulta de una lucidez abrumadora.
un retelling femenino y poético del mito bíblico de caín y abel. duro como un diente, utiliza el lenguaje de una forma inesperada y sorprendente para meterte imágenes impactantes, sobrecogedoras... es hasta más macabro que el original porque habla de la locura y del deseo y de su relación con la poesía, la creación, la maternidad, eso que nos nace dentro, buscándolo o sin querer