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El Cantar de los Nibelungos
El Cantar de los Nibelungos es el más sombrío y trágico de los poemas épicos de Occidente. Herencia germánica y escandinava de una épica oral de los tiempos de las migraciones bárbaras, constituye una pieza central de la literatura universal, análoga al Poema de Mio Cid o al Cantar de Roldán. Su argumento, cuyas peripecias arrastraban ya más de siete siglos de antigüedad, funciona como una imparable máquina infernal de crimen y venganza hasta la total extinción de una raza, al modo de un sangriento film de gánsteres cuya acción se dilatase a lo largo de veinticinco años. La gran cantidad de manuscritos que nos han llegado demuestra que las gestas de Sigfrido, Crimilda, Brunilda y Atila fueron muy populares en su tiempo. Nos han seguido fascinando después, a juzgar por las numerosas recreaciones que se han hecho del texto en todos los ámbitos artísticos hasta nuestra época. Xavier Roca-Ferrer acompaña su brillante traducción, en prosa y profusamente anotada, de una introducción y unos comentarios críticos que hacen la obra accesible y grata al lector contemporáneo. «Las grandes obras de la literatura medieval son tan emocionantes como desoladoras y acongojantes. (...) Resultaría muy fácil actualizar El Cantar de los Nibelungos y convertirlo en la historia de la aniquilación de un clan mafioso, algo así como un ‘Padrino’ con espadas.» Michael Dirda «No hay que ser necesariamente feminista para sostener que en El Cantar de los Nibelungos se nos cuenta la venganza imposible de una mujer en una sociedad dominada por los hombres.» D. Buschinger y J. M. Pastré
- GenresClassics
496 pages, Paperback
Published January 24, 2018
About the author
Anonymous
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* They are officially published under that name
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* They are religious texts not generally attributed to a specific author
Books whose authorship is merely uncertain should be attributed to Unknown.
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Displaying 1 - 10 of 10 reviews
April 5, 2021
Meh, no es mi estilo pero admito que si esta interesante, solo lo lei porque era un proyecto de la escuela pero pues admito que si hubo partes que si me interesaban pero ya despues me aburrio.
June 10, 2023
Me ha encantado el libro, el que más me ha gustado de las tres o cuatro épicas medievales que he leído hasta el momento. Tiene momentos de aventura caballeresca con ciertas dosis de magia, de amor y cortejo, de cruentas batallas entre ejércitos y de intrigas fidelidades y traiciones que resuenan al lector actual con las películas sobre la mafia italiana. Todo sumergido en esa característica bruma medieval del norte de europa de la que realidad emerge con mayor o menor solidez según el momento.
La traducción de Xavier Roca-Ferrer me ha parecido excelente y sus comentarios informativos y muy amenos.
# Contexto histórico
Tremendamente exitoso en el s.XIX, considerado algo así como la epopeya nacional de Alemania, la versión definitiva fue redactada hacia 1200, aprovechando materiales muy anteriores. La trama original tiene lugar en el s.V, y desde entonces la leyenda toma forma en distintas versiones, que repiten escenas y personajes, alterando los nombres. En la versión de 1200 se adapta el contenido a los usos del momento, como el amor cortés de los *Minnesänger* o las aventuras caballerescas (ej. p.125). Esto genera choques extraños en algunas ocasiones, el más destacado en la figura de Brunhilda: en el original reina poderosa, capaz de grandes proezas físicas; en esta versión encarnada en una especie de mujer forzuda por contraste a los cánones corteses de la mujer ideal.
El título parece extraño, ya que el cantar narra las aventuras de los bungurdios, apareciendo los de manera anecdótica cuando sigfrido acude a ellos para recoger que ellos guardan junto con el resto del tesoro y que necesita para ayudar a Gunter a conseguir la mano de Brunhilda. La mejor explicación, hipotética en cualquier caso, es que el poema mantuvo el título pero el poeta, al refundirlo, por cuestiones políticas renombró a los nibelungos originales como bungurdios, teniendo entonces que hacer con los nibelungos algo distinto y adjudicándoles entonces el papel de guardianes del tesoro. Como residuo de esto en las últimas partes vuelve a aparecer el término «nibelungo» para referirse a los bungurdios, lo que ha sido interpretado de diversas formas además de como un desliz del poeta.
La imagen que se da de [[Atila]] (Etzel) es la de un buen y noble caudillo, y tal era el concepto de él que se tenía en aquel entonces en el sureste de Alemania, algo muy distinto de la imagen que de él da Dante un siglo después en su [[Divina comedia]] o la del desleal asesino y ladrón Atli de los Edda.
# Estilo
tiene momentos muy entretenidos, otros espeluznates y otros de gran tensión. Hay aspectos casi de cuentoas metáfor popular, como las repeticiones fonéticas en los nombres de hermanos (Gunter, Gernot y Giselher). Como en toda épica oral, son típicos los anuncios breves de lo que va a pasar, «destripando» la trama —ya conocida por el público— y reforzando la tensión.
Las imágenes bélicas y sangrientas son impactantes:
> Hasta donda alcanzaba la visa solo destacaba el color de la sangre vertida por las manos de los bungurdios.
> p.103
> Con un molinete del hierro puso la cabeza de Blödelin donde tenía los pies.
> p.365
Algunos símiles son muy acertados:
> Allí estaba el hijo de Sigmundo como pintado sobre un pergamino por la sabia mano de un maestro […].
> p.113
Es curioso que, de cuando en cuando, el narrador abandona su impersonalidad para hablar en primera persona y declarar que, por algún motivo, hay tal dato o tal otro que desconoce, cuando por lo general es perfectamente omnisciente (v.g. p.242).
# Trama
La historia se divide en tres partes bien diferenciadas.
## Primera parte
La primera parte cubre el cortejo y bodas de Crimilda y Brunilda. En ella se presenta a los personajes, llega Sigfrido en calidad de enemigo conquistador al reino de los burgurdios y poco después se hace amigo de ellos, en una de estas tan típicas inconsistencias psicológicas medievales (p.95, p.177).
Es memorable la escena en la que Sigfrido ve por primera vez a Crimilda; por supuesto la competición de Gunter y Brunilda, en la que Sigfrido ayuda a su amigo a hacer trampas; las bodas paralelas de Brunilda con Gunter y de la hermana de este, Crimilda, con Sigfrido; pero quizá el momento estelar es el tragicómico intento de violación de Gunter a Brunilda en la noche de bodas, que, tras indignarse ella porque le arruga la camisa, acaba con el rey pasando la noche atado y colgado como un jamón de un gancho (p.172). Es un momento resonante que se puede leer desde muchos ángulos.
Finalmente culminan su matrimonio Gunter y Brunilda gracias a Sigfrido. En esta versión es Gunter quien toma la virginidad de Brunilda, en anteriores, más escandalosas, era Sigfrido, a petición de su amigo. Se guardará Sigfrido en la ocasión un anillo y un cinturón, que regalará a su esposa y será la causa de la pelea entre ambas y, a causa de esta, la muerte de sigfrido, exigida por Brunilda y perpetrada por su esposo y sus compañeros.
El carácter de los personajes femeninos de la historia es duro, rencoroso y altivo. No se arredran ante nada que se interponga en su camino, sea su familia, hombres poderosos, o toda su sociedad. De hecho, es el caracter de los personajes, al principio los masculinos, y desde la segunda parte los femeninos, lo que sirve como motor de la trama (p.470).
## Segunda parte
Trata esta parte de la muerte de Sigfrido, traicionado por la familia de su mujer. Crimilda, temiendo lo que pueda pasar a su esposo en la cacería, revela a Hagen (gran personaje, híbrido formidable de caballero bizarro y siniestro asesino [p.473]), vasallo de Gunter, cual es su punto débil (la zona de la espalda en la que su piel no es invulnerable debido a la hoja de tilo que se posó en este lugar mientras se bañaba en la sangre del dragón), con motivo de que así le protegiera mejor.
> A su alrededor las flores aparecían manchadas de sangre.
> (p.227)
Crimilda queda destrozada: ha perdido a su amor, está desprotegida frente a Brunilda, que ha mostrado tener el control de su familia, y además los compañeros de su hermano quieren arrebatarle el tesoro de los nibelungos, que hereda de Sigfrido (para que no lo tenga, y así no pueda pagar a alguien que vengue la muerte de su esposo, Hagen hace arrojar el tesoro al Rin). Etzel (Atila) pide su mano y ella acepta, para de esa manera tener más recursos y poder tramar mejor su venganza.
## Parte tres
La última parte, de final apoteósico que bien podría ser inserto en [[Juego de tronos]] sin demasiada adaptación, trata de la venganza de Crimilda. Consigue la reina que sus hermanos sean invitados al reino de Etzel y que ellos se comprometan a asistir. Aquí tiene todo en contra Crimilda salvo su posición política y un buen depósito de riquezas: tiene que emplear su astucia —además de sus tesoros— para conseguir aliados, para que su marido y sus vasallos hagan lo que a ella le conviene sin que descubran sus planes, etc.
Hagen no quiere ir, pero al final no tiene más remedio y toda la corte burgundia parte al reino de los hunos. Por el camino hay escenas de magia nebulosa, como la aparición de las ondinas a Hagen, que profetizan que solo el capellán saldrá vivo de la expedición (p.309), o el asesinato del barquero. Cuando el ejército monta en la barca, Hagen arroja al capellán por la borda con intención de ahogarlo y mostrar falsa la profecía, pero el sorprendido religioso logra salvar la vida nadando de regreso hasta la orilla: entiende entonces Hagen la profecía.
La sección de p.314-5 rápida variada y divertida, merece la pena. Aparece en ella por primera vez el personaje de Volker, vihuelista cantor y guerrero, cuya presencia bien se podría haber aprovechado desde antes, ya que es uno de los más carismáticos de toda la obra. Además, se presta a multitud de gracietas que hacen más densas las emociones de los momentos de acción y destrucción: «tocar» con su «arco» para matar con su espada, etc.
Los bungurdios finalmente llegan al país y son acogidos en la corte de Etzel, en un palacio para ellos. La tensión aumenta paulatinamente hasta que la inflamabilidad del ambiente es máxima; en cierto momento Volker sale a la puerta del palacio y se pone a tocar, acompañando la calma anterior a la tempestad.
La tensión finalmente estalla y comienza la gran lucha entre ambos bandos. Los cadáveres se amontonan, la sangre
> corría a raudales como las olas de un gran río.
> (p.396)
El espacio de la lucha tiene un lugar fundamental en la narración: las escaleras, la puerta, el pabellón, etc.; es posible imaginarlo y seguir los razonamientos de los guerreros al usarlo a su favor. Quizá la escena más truculenta es cuando, estando los bungurdios encerrados en el pabellón, el bando de Crimilda le prende llamas y ellos, sufriendo grandes calores, comienzan a satisfacer su sed con la sangre que mana de las heridas de los cadáveres que se amontonan a su alrededor (p.392):
> Pocas veces he probado vino mejor.
La escena continúa en el mismo modo espeluznante y poético, con las pavesas lloviendo sobre ellos.
La narración es magnífica. Se alternan momentos de intensidad bélica con escenas y comentarios más íntimos o cotidianos:
> Cesad de llorar y salgamos a tomar el aire que nos refrescará las cotas de malla. ¡Todos estamos agotados!
Las relaciones son mucho más intrincadas que el alineamiento en dos bandos homogéneos. Etzel, por ejemplo, no está al tanto de las intrigas de su mujer, y participa por otras razones, un tanto desconcertado ante el mal comportamiento de sus huéspedes. La figura de lealtades más complejas es Rüdiger: debe lealtad a Etzel y Crimilda, por ser sus señores, pero fue al tiempo el acompañante de los bungurdios hasta el palacio y el el camino sellaron un pacto, lo que le hace también tener un vínculo de lealtad con ellos. Se enfrenta al dilema de tener que traicionar alguna de las dos lealtades, y acaba muriendo luchando por órdenes de Crimilda.
Los grandes caballeros van muriendo uno tras otro, los ejércitos se diezman en una carnicería atroz hasta que solo Gunter y Hagen quedan vivos del bando bungurdio. Crimilda exige a Hagen que le revele donde se encuentra el tesoro de los nibelungos y este se niega. Para persuadirle hace que le traigan la cabeza de su hermano, Gunter. Ante la porfía de Hagen, Crimilda le corta la cabeza ella misma con una espada. A Hildebrand esto le parece intolerable y le corta el mismo la cabeza a crimilda, quedando así los tres cadáveres amontonados, últimos miembros de la estirpe bungurdia.
23 06 10
July 28, 2023
El Cantar de los nibelungos.
Hoy estoy de vuelta, después de varios meses de inactividad, y de mucho trabajo, para recuperar el análisis de una de esas obras inmortales de la literatura germana: El Cantar de los Nibelungos. De esta manera, y muy influido por El Anillo del Nibelungo, me enamoro de las eternas páginas que se esconden en este pequeño cantar de autoría anónima.
Siempre me ha fascinado el concepto de la ópera. La forma en la que la miscelánea de elementos culturales sobrevive sobre el escenario y plasma una cantidad ingente de talento gracias a una idea preliminar; pero desde el siglo XIX, la ópera, tal y como se entendía anteriormente y el arte en general da un vuelco con la aparición del padre de la dinámica argumental actual, el alemán Richard Wagner. Con su concepto, el GesamtKünstWerk, o La Obra de Arte Total, impregnada con las leyendas germánicas y con la importancia de una depurada obra de arte, perfecciona la ópera y todo aquello que simboliza para los amantes de las bellas artes. De hecho, su tetralogía, El Anillo del Nibelungo, está considerada como la obra magna de este autor, intentando aunar en ella todas las artes en un solo gesto, en una sola mirada y en una sola obra colosal.
Esta obra, que no detallaremos en profundidad pues no es objeto ni protagonista de este artículo, se basa en las andanzas de los héroes germánicos de la edad media, siendo el Cantar de los Nibelungos la piedra angular de las ensoñaciones del guion de Wagner.
El Cantar de los Nibelungos fue escrito entre los siglos XII y XIII y carece de un autor material conocido. Basa sus narraciones, normalmente desarrolladas por un juglar, en la expansión territorial de los pueblos a orillas del Rin y el continuo movimiento de las tropas germanas en aras de conocer nuevos territorios tanto al norte como al este de Europa. De esta manera, encontramos aventuras sin igual y expediciones casi inimaginables por parte de pueblos poco desarrollados, pero esta nueva idea de comunicación y de trasmisión oral sienta un nuevo precedente.
Conozcamos el análisis del Cantar de los Nibelungos.
No espero que este análisis sea particularmente extenso, pues he de reconocer que a día de hoy, aunque resulta un hecho que estoy intentando remediar, no cuento con demasiados conocimientos sobre la literatura germana del medievo, por lo que los análisis se resumirán en breves interpretaciones de su significado real en nuestro tiempo.
Ya conocemos el contexto del Cantar de los Nibelungos, pero su aparición en la literatura europea consiguió abrir un nuevo episodio en la historia de la cultura con la presentación de unos héroes reales y humanos en los que cualquier gallardo caballero podría llegar a convertirse. Estos arquetipos de personajes navegarán por Europa a lo largo de varios siglos hasta llegar a nuestros días, habiendo arrastrado a innumerables escritores, entre los que reconocemos a Cervantes, con su eterno y reconocible viaje del héroe o a Shakespeare, con sus continuas referencias a la unión sanguínea y al pacto de venganza con el que se sella cada una de sus obras. Estas construcciones quizás no se han tenido en cuenta en nuestros días para dar fe de estos cánones, pero Sigfried es, por excelencia, la figura del héroe alemán que todos conocen en Centroeuropa.
Esta obra, cargada de simbolismos, no es sino la recopilación de cientos de aventuras que los burgundios desarrollaron hasta su desaparición frente al castillo de Atila en tierras extranjeras. Y podría llegar a resumirse en una sola línea, cuya implementación al texto, por parte del autor, es inequívoca señal de su dominio de la escena y del drama implícito en ella:
“Aquí terminó esta gesta; este fue el desastre de los Nibelungos”.
La codicia, los celos, la venganza, son los ingredientes fundamentales para configurar una obra exitosa que cuenta con todas las peculiaridades de uno de esos episodios de Juego de Tronos que no puedes quitarte de la cabeza. Esta mezcla heterogénea, entre mitología nórdica, germánica, leyendas actuales de la época y una epopeya geográficamente épica, convierten a El Cantar de los Nibelungos en una obra de arte en sí misma.
La historia comienza, hasta donde ha entendido, por la dificultosa narración, en cantos, este humilde escritor, con la aparición de Sigfried, o Sigfrido, hijo de Sigmund y Siglinde, a los que Wagner, en su ópera, convierte en hermanos, hijos de un mismo padre, que es, en efecto, Wotan, o Zeus en la mitología nórdica y escandinava. En El Cantar de los Nibelungos, alejado en gran medida de la libre interpretación de Wagner, Sigfried es convertido en héroe de su ciudad por los habitantes del lugar, y enamorado de una joven Krimilda, a la que había visto en contadas ocasiones y vencido por el amor a primera vista, decide emigrar a una tierra extraña, la tierra de los burgundos, para pedir la mano a la joven y casarse con ella.
Aparecen, a lo largo de la obra, ciertas referencias a una vida pasada, que marcaba ya la presente de Sigfried y que nos avisan de su heroicidad. Convertido en un hércules más actual, Sigfried había conseguido matar a un peligroso dragón y, después de haberle seccionado el cuello, este se había bañado en su sangre, convirtiendo a su figura en invencible y en casi cuerpo blindado. Una hija, según su futura esposa, Krimilda, se había posado en la espalda, impidiendo que la sangre de dragón recorriese su cuerpo por completo y dejando una debilidad en el cuerpo del héroe que debía ser luego aprovechada por sus enemigos. Este es un dato fundamental para obra, así como el simbolismo en ella subyace. La similitud entre los héroes es inapelable. Sigfried se parece a Aquiles, héroe en la mitología griega cuya madre sumergió su cuerpo en la laguna estigia para provocar una invencibilidad solo puesta en duda por el famoso talón, lugar desde el que la madre tuvo que sostener al joven para evitar que este se ahogase.
Otra de estas historias, o leyendas, es la del enano Alberich, cuya altura no resulta llamativa durante el desarrollo de la obra, pues es Wagner el que dota a los Nibelungos de un corta estatura. Alberich o Albericio, lucha contra Sigfried y este último, ganando el combate, le arrebata a Alberich una capa de invisibilidad, que en pocas ocasiones se menciona a lo largo de la obra, mas que para una macabra operación que acaba en desastre machista. Alberich y el resto de los Nibelungos ofrecen a Sigfired su famoso tesoro, pero que será legado a su viuda Krimilda una vez este pierda la vida a manos de nuestro villano favorito, Hagen de Trónege.
Sigfried llega, por lo tanto, al reino de Gunther, y le pide la mano de su hermana, Krimilda. Este joven rey del reino de Worms, a las orillas del Rin, no confía en la palabra de Sigfried, y le pide que le acompañe, junto a dos bravos guerreros a buscar a una mujer digna de Gunther de Worms. Por ello, junto a Hagen y su hermano, los cuatro viajarán a Islandia, tierras norteñas, en busca de territorios inexplorados y de la famosa Brumhilde, cuyo corazón hay que ganarse a través de tres importantes pruebas.
Gracias a la ayuda de la capa de invisibilidad de Alberich, Sigfried ayuda a Gunther a pasar todas las pruebas y a ganarse el corazón de Brunhilde, quien encuentra a Gunther atractivo pero del que desconfía. En el lecho se produce uno de los episodios más dantescos de la novela, en el que se describe una violación a Brunhilde, correlacionándose este hecho destructivo con la resistencia que proyecta ella sobre los hombres que sobre ella desean actuar. Gracias a Sigfried, Gunther domina a Brunhilde y el héroe se lleva un poderoso recuerdo de su hazaña. Un anillo y un trozo de tela. Este episodio también tiene cierta relación con los mitos griegos. Como los doce trabajos de hércules; en esta ocasión, es Gunther el que debe superar las pruebas para casarse con Brunhilde, pero los trabajos son arduos y la imperiosa necesidad de ser superados. Y es que este hecho será fundamental en el devenir de la obra, en cuya elaboración intervienen diversos ingredientes que se han ido cosechando a lo largo de la novela.
Este rencor, casi etéreo e infundado que sufre Brunhilda hacia Sigfried hace que las mujeres, tanto Krimilda, ya casada con Sigfried, y Brunhilda, esposa y reina de Worms, a orillas del Rin, hace que se plante, en el terrorífico plantío emocional de la trama, una limitante sensación de venganza que se verá colmada unos cuantos cantos en el futuro.
Incluso al hijo de estos, de Gunther y Brunhilde, se le llama Sigfrido, en honor al héroe, como una especie de metáfora sobre su participación en el coito inicial. ¿Quién sabe si Sigfrido introdujo partes de su cuerpo en el interior de Brunhilda mientras, con la capa de invisibilidad, reducía a la mujer para que Gunther se aprovechase de ella?
En el albor de un nuevo reino, en el que Sigfried cuenta con más protagonismo que el propio rey, Brunhilda trama un plan para atraer a la hermana de Gunther, Krimilda, y hacer que el matrimonio se doblegase ante ellos. Pero después de comprobar que Sigfrido no solo no rendía pleitesía al rey, sino que se creía por encima de él mismo, y que Krimilda tenía en más alta estima a su propio marido caballero que a su hermano rey, montó en cólera y comenzó un enfrentamiento con Krimilda que desembocaría en la muerte de Sigfried.
Hagen, amigo íntimo desde la juventud, de Krimilda, hizo de confesor y esta le dio la información necesaria para asestar una lanzada mortal a Sigfried, indicándole el punto exacto en el que la hoja se había posado sobre su cuerpo impidiendo que este fuese completa, aunque metafóricamente, invencible.
Este hecho es fundamental para la trama y, desde ese momento, Krimilda dice haber perdonado a Gunther y a Hagen, autores materiales de la muerte de su marido, pero lo que hace durante los años es urdir una elaborada y maquiavélica venganza que culminará como muchos de los dramas de Shakespeare.
Hasta este punto, los temas a tratar han sido el deseo, la capacidad y la necesidad de expansión, los celos, la desconfianza, la soberbia, la altivez, y la supremacía de un imperio. Cómo el autor es capaz de tocar tantas vertientes personales en apenas 1.000 estrofas es una incógnita que aún no hemos conseguido rescatar.
Pero después de eso, los años acontecen sin que imprevisto alguno entorpezca los planes de Brunhilde y Gunther, quienes gozan de popularidad y de paz mientras su hermana se ha visto obligada al exilio por decisión propia ante los recuerdos que afloran en una tierra repleta de buenos momentos junto a su amado.
Krimilda se casa con Atila. Sí, Atila el Huno. Y juntos tienen un hijo, cuyo futuro es muy incierto. Para celebrar la unión de los reinos, Atila invita a Gunther y a todos los caballeros de Burgundia a acudir al reino de los Hunos para que, de una vez se formalice la presentación. Para puntualizar un hecho, es Atila el que, tras la muerte de su afable esposa, requiere de la presencia de Krimilda en el reino.
Después de unos años, Gunther acepta, pero Hagen sabe la verdad, todo es una estratagema de Krimilda para cumplir con su venganza y dar muerte a los asesinos de su marido, Sigfried.
Sin prestar atención a las palabras de Hagen, el valeroso y lúcido caballero, todos viajan al país de los Hunos y, tras varias aventuras que, por su poca importancia analítica, no voy más que a citar, se presentan ante Atila y su esposa.
Uno de los enfrentamientos a los que hace referencia el autor es con un barquero, necesario para pasar a los caballeros y a sus corceles de un lado a otro del río. Hagen asesina a este hombre, aunque primero lo engaña, haciéndose pasar por otra persona. ¿Pudiera ser este otro efecto simbólico del profundo conocimiento del autor sobre la mitología griega? ¿Podría este barquero simbolizar a Caronte y, ante la negativa de pasar a los caballero a la otra orilla, estar salvándoles la vida, pues no era su momento de morir? ¿Y si Hagen, asesinando al barquero, condenó a sus amigos a cruzar al país de los Hunos, siendo este el símbolo oficial de una muerte a la que no estaban destinados y que admitieron con terrorífica causalidad?
Disfrutando de una calma tensa, las relaciones entre los Hunos y los Burgundos siempre fueron inhóspitas y carentes de tacto. Muchos de ellos lucharon y otros perdieron la vida. Y en este punto surgen varios héroes, como Hildebrando, o Teodorico, quienes ayudarán a Krimilda a cumplir con su venganza.
El episodio en el que todos los caballeros de Worms se quedan atrapados en una sala y Krimilda ordena que le prendan fuero resulta dantesco, descabellado pero realmente bello y desolador para la mujer.
Hagen y Gunther sobreviven, y después de platicar con varios vasallos y de perder a otros buenos amigos, son llevados ante Krimilda como cautivos con la única condición, por parte de Teodorico, su captor, de que no pierdan la vida, mas sean solo apresados de por vida.
Krimilda pide a Hagen, ya encadenado, que le confiese dónde se esconde el oro de los Nibelungos, pues Hagen se había hecho con la herencia que su marido le había dejado y la había hundido en el Rin. Pero este no confiesa y Krimilda le trae la cabeza de su propio hermano. Ante la negativa de Hagen, Krimilda lo mata y Atila y Teodorico, observando el monstruo en el que se había convertido Krimilda, la asesinan descuartizándola, perdiéndose así el paradero del tesoro y dando comienzo a la leyenda del ORO DEL RIN.
Esta epopeya es espectacular, tanto por el trato del tiempo, como por la inclusión de pasajes de aventuras, como por su relevancia histórica, así como por la importancia del desarrollo de los personajes. Cada uno cuenta con un LeitMotiv, casi inventado por Wagner seis siglos después.
La gallarda figura de Sigfrido marca el ritmo de la obra durante la primera parte, pero es Krimilda la que intenta, con su furiosa venganza, alcanzar el deseo imposible de paz con la muerte de Hagen y de su hermano.
El simbolismo escondido en la obra es apabullante, y desolador, pues ni en mil vidas podremos comprender tanto como el autor nos quiere hacer saber. Para rescatar un momento inolvidable, es menester recordar el instante en el que Brunhilda se reencuentra con Krimilda y se da cuenta de que esta lleva el anillo y el paño que Sigfrido robó a la mujer durante la violación… ¡Qué de elementos fundamentales nos esconde el autor, para que nosotros, como curiosos lectores, indaguemos en la historia trascendental que en esos movimientos de palacio se ha creado!
La figura del Cantar se ha visto engrandecida en España con el Cantar de Mio Cid, o en Francia con el Cantar de Roland, pero es Europa entera la que le debe esta monstruosa herencia cultural al Cantar de los Nibelungos, sin el cual no podríamos comprender ninguno de nuestras dinámicas narrativas actuales. El camino del héroe, el afán de venganza, la terrible aventura de la guerra, la superioridad intelectual, la importancia de la mitología y la correlación con los aspectos más mundanos de nuestra existencia. Desde aquí, casi ochocientos años después, gracias por este legado cultural del que ahora nos aprovechamos.
“Aquí terminó esta gesta; este fue el desastre de los Nibelungos”.
Calificación 4/5
Hoy estoy de vuelta, después de varios meses de inactividad, y de mucho trabajo, para recuperar el análisis de una de esas obras inmortales de la literatura germana: El Cantar de los Nibelungos. De esta manera, y muy influido por El Anillo del Nibelungo, me enamoro de las eternas páginas que se esconden en este pequeño cantar de autoría anónima.
Siempre me ha fascinado el concepto de la ópera. La forma en la que la miscelánea de elementos culturales sobrevive sobre el escenario y plasma una cantidad ingente de talento gracias a una idea preliminar; pero desde el siglo XIX, la ópera, tal y como se entendía anteriormente y el arte en general da un vuelco con la aparición del padre de la dinámica argumental actual, el alemán Richard Wagner. Con su concepto, el GesamtKünstWerk, o La Obra de Arte Total, impregnada con las leyendas germánicas y con la importancia de una depurada obra de arte, perfecciona la ópera y todo aquello que simboliza para los amantes de las bellas artes. De hecho, su tetralogía, El Anillo del Nibelungo, está considerada como la obra magna de este autor, intentando aunar en ella todas las artes en un solo gesto, en una sola mirada y en una sola obra colosal.
Esta obra, que no detallaremos en profundidad pues no es objeto ni protagonista de este artículo, se basa en las andanzas de los héroes germánicos de la edad media, siendo el Cantar de los Nibelungos la piedra angular de las ensoñaciones del guion de Wagner.
El Cantar de los Nibelungos fue escrito entre los siglos XII y XIII y carece de un autor material conocido. Basa sus narraciones, normalmente desarrolladas por un juglar, en la expansión territorial de los pueblos a orillas del Rin y el continuo movimiento de las tropas germanas en aras de conocer nuevos territorios tanto al norte como al este de Europa. De esta manera, encontramos aventuras sin igual y expediciones casi inimaginables por parte de pueblos poco desarrollados, pero esta nueva idea de comunicación y de trasmisión oral sienta un nuevo precedente.
Conozcamos el análisis del Cantar de los Nibelungos.
No espero que este análisis sea particularmente extenso, pues he de reconocer que a día de hoy, aunque resulta un hecho que estoy intentando remediar, no cuento con demasiados conocimientos sobre la literatura germana del medievo, por lo que los análisis se resumirán en breves interpretaciones de su significado real en nuestro tiempo.
Ya conocemos el contexto del Cantar de los Nibelungos, pero su aparición en la literatura europea consiguió abrir un nuevo episodio en la historia de la cultura con la presentación de unos héroes reales y humanos en los que cualquier gallardo caballero podría llegar a convertirse. Estos arquetipos de personajes navegarán por Europa a lo largo de varios siglos hasta llegar a nuestros días, habiendo arrastrado a innumerables escritores, entre los que reconocemos a Cervantes, con su eterno y reconocible viaje del héroe o a Shakespeare, con sus continuas referencias a la unión sanguínea y al pacto de venganza con el que se sella cada una de sus obras. Estas construcciones quizás no se han tenido en cuenta en nuestros días para dar fe de estos cánones, pero Sigfried es, por excelencia, la figura del héroe alemán que todos conocen en Centroeuropa.
Esta obra, cargada de simbolismos, no es sino la recopilación de cientos de aventuras que los burgundios desarrollaron hasta su desaparición frente al castillo de Atila en tierras extranjeras. Y podría llegar a resumirse en una sola línea, cuya implementación al texto, por parte del autor, es inequívoca señal de su dominio de la escena y del drama implícito en ella:
“Aquí terminó esta gesta; este fue el desastre de los Nibelungos”.
La codicia, los celos, la venganza, son los ingredientes fundamentales para configurar una obra exitosa que cuenta con todas las peculiaridades de uno de esos episodios de Juego de Tronos que no puedes quitarte de la cabeza. Esta mezcla heterogénea, entre mitología nórdica, germánica, leyendas actuales de la época y una epopeya geográficamente épica, convierten a El Cantar de los Nibelungos en una obra de arte en sí misma.
La historia comienza, hasta donde ha entendido, por la dificultosa narración, en cantos, este humilde escritor, con la aparición de Sigfried, o Sigfrido, hijo de Sigmund y Siglinde, a los que Wagner, en su ópera, convierte en hermanos, hijos de un mismo padre, que es, en efecto, Wotan, o Zeus en la mitología nórdica y escandinava. En El Cantar de los Nibelungos, alejado en gran medida de la libre interpretación de Wagner, Sigfried es convertido en héroe de su ciudad por los habitantes del lugar, y enamorado de una joven Krimilda, a la que había visto en contadas ocasiones y vencido por el amor a primera vista, decide emigrar a una tierra extraña, la tierra de los burgundos, para pedir la mano a la joven y casarse con ella.
Aparecen, a lo largo de la obra, ciertas referencias a una vida pasada, que marcaba ya la presente de Sigfried y que nos avisan de su heroicidad. Convertido en un hércules más actual, Sigfried había conseguido matar a un peligroso dragón y, después de haberle seccionado el cuello, este se había bañado en su sangre, convirtiendo a su figura en invencible y en casi cuerpo blindado. Una hija, según su futura esposa, Krimilda, se había posado en la espalda, impidiendo que la sangre de dragón recorriese su cuerpo por completo y dejando una debilidad en el cuerpo del héroe que debía ser luego aprovechada por sus enemigos. Este es un dato fundamental para obra, así como el simbolismo en ella subyace. La similitud entre los héroes es inapelable. Sigfried se parece a Aquiles, héroe en la mitología griega cuya madre sumergió su cuerpo en la laguna estigia para provocar una invencibilidad solo puesta en duda por el famoso talón, lugar desde el que la madre tuvo que sostener al joven para evitar que este se ahogase.
Otra de estas historias, o leyendas, es la del enano Alberich, cuya altura no resulta llamativa durante el desarrollo de la obra, pues es Wagner el que dota a los Nibelungos de un corta estatura. Alberich o Albericio, lucha contra Sigfried y este último, ganando el combate, le arrebata a Alberich una capa de invisibilidad, que en pocas ocasiones se menciona a lo largo de la obra, mas que para una macabra operación que acaba en desastre machista. Alberich y el resto de los Nibelungos ofrecen a Sigfired su famoso tesoro, pero que será legado a su viuda Krimilda una vez este pierda la vida a manos de nuestro villano favorito, Hagen de Trónege.
Sigfried llega, por lo tanto, al reino de Gunther, y le pide la mano de su hermana, Krimilda. Este joven rey del reino de Worms, a las orillas del Rin, no confía en la palabra de Sigfried, y le pide que le acompañe, junto a dos bravos guerreros a buscar a una mujer digna de Gunther de Worms. Por ello, junto a Hagen y su hermano, los cuatro viajarán a Islandia, tierras norteñas, en busca de territorios inexplorados y de la famosa Brumhilde, cuyo corazón hay que ganarse a través de tres importantes pruebas.
Gracias a la ayuda de la capa de invisibilidad de Alberich, Sigfried ayuda a Gunther a pasar todas las pruebas y a ganarse el corazón de Brunhilde, quien encuentra a Gunther atractivo pero del que desconfía. En el lecho se produce uno de los episodios más dantescos de la novela, en el que se describe una violación a Brunhilde, correlacionándose este hecho destructivo con la resistencia que proyecta ella sobre los hombres que sobre ella desean actuar. Gracias a Sigfried, Gunther domina a Brunhilde y el héroe se lleva un poderoso recuerdo de su hazaña. Un anillo y un trozo de tela. Este episodio también tiene cierta relación con los mitos griegos. Como los doce trabajos de hércules; en esta ocasión, es Gunther el que debe superar las pruebas para casarse con Brunhilde, pero los trabajos son arduos y la imperiosa necesidad de ser superados. Y es que este hecho será fundamental en el devenir de la obra, en cuya elaboración intervienen diversos ingredientes que se han ido cosechando a lo largo de la novela.
Este rencor, casi etéreo e infundado que sufre Brunhilda hacia Sigfried hace que las mujeres, tanto Krimilda, ya casada con Sigfried, y Brunhilda, esposa y reina de Worms, a orillas del Rin, hace que se plante, en el terrorífico plantío emocional de la trama, una limitante sensación de venganza que se verá colmada unos cuantos cantos en el futuro.
Incluso al hijo de estos, de Gunther y Brunhilde, se le llama Sigfrido, en honor al héroe, como una especie de metáfora sobre su participación en el coito inicial. ¿Quién sabe si Sigfrido introdujo partes de su cuerpo en el interior de Brunhilda mientras, con la capa de invisibilidad, reducía a la mujer para que Gunther se aprovechase de ella?
En el albor de un nuevo reino, en el que Sigfried cuenta con más protagonismo que el propio rey, Brunhilda trama un plan para atraer a la hermana de Gunther, Krimilda, y hacer que el matrimonio se doblegase ante ellos. Pero después de comprobar que Sigfrido no solo no rendía pleitesía al rey, sino que se creía por encima de él mismo, y que Krimilda tenía en más alta estima a su propio marido caballero que a su hermano rey, montó en cólera y comenzó un enfrentamiento con Krimilda que desembocaría en la muerte de Sigfried.
Hagen, amigo íntimo desde la juventud, de Krimilda, hizo de confesor y esta le dio la información necesaria para asestar una lanzada mortal a Sigfried, indicándole el punto exacto en el que la hoja se había posado sobre su cuerpo impidiendo que este fuese completa, aunque metafóricamente, invencible.
Este hecho es fundamental para la trama y, desde ese momento, Krimilda dice haber perdonado a Gunther y a Hagen, autores materiales de la muerte de su marido, pero lo que hace durante los años es urdir una elaborada y maquiavélica venganza que culminará como muchos de los dramas de Shakespeare.
Hasta este punto, los temas a tratar han sido el deseo, la capacidad y la necesidad de expansión, los celos, la desconfianza, la soberbia, la altivez, y la supremacía de un imperio. Cómo el autor es capaz de tocar tantas vertientes personales en apenas 1.000 estrofas es una incógnita que aún no hemos conseguido rescatar.
Pero después de eso, los años acontecen sin que imprevisto alguno entorpezca los planes de Brunhilde y Gunther, quienes gozan de popularidad y de paz mientras su hermana se ha visto obligada al exilio por decisión propia ante los recuerdos que afloran en una tierra repleta de buenos momentos junto a su amado.
Krimilda se casa con Atila. Sí, Atila el Huno. Y juntos tienen un hijo, cuyo futuro es muy incierto. Para celebrar la unión de los reinos, Atila invita a Gunther y a todos los caballeros de Burgundia a acudir al reino de los Hunos para que, de una vez se formalice la presentación. Para puntualizar un hecho, es Atila el que, tras la muerte de su afable esposa, requiere de la presencia de Krimilda en el reino.
Después de unos años, Gunther acepta, pero Hagen sabe la verdad, todo es una estratagema de Krimilda para cumplir con su venganza y dar muerte a los asesinos de su marido, Sigfried.
Sin prestar atención a las palabras de Hagen, el valeroso y lúcido caballero, todos viajan al país de los Hunos y, tras varias aventuras que, por su poca importancia analítica, no voy más que a citar, se presentan ante Atila y su esposa.
Uno de los enfrentamientos a los que hace referencia el autor es con un barquero, necesario para pasar a los caballeros y a sus corceles de un lado a otro del río. Hagen asesina a este hombre, aunque primero lo engaña, haciéndose pasar por otra persona. ¿Pudiera ser este otro efecto simbólico del profundo conocimiento del autor sobre la mitología griega? ¿Podría este barquero simbolizar a Caronte y, ante la negativa de pasar a los caballero a la otra orilla, estar salvándoles la vida, pues no era su momento de morir? ¿Y si Hagen, asesinando al barquero, condenó a sus amigos a cruzar al país de los Hunos, siendo este el símbolo oficial de una muerte a la que no estaban destinados y que admitieron con terrorífica causalidad?
Disfrutando de una calma tensa, las relaciones entre los Hunos y los Burgundos siempre fueron inhóspitas y carentes de tacto. Muchos de ellos lucharon y otros perdieron la vida. Y en este punto surgen varios héroes, como Hildebrando, o Teodorico, quienes ayudarán a Krimilda a cumplir con su venganza.
El episodio en el que todos los caballeros de Worms se quedan atrapados en una sala y Krimilda ordena que le prendan fuero resulta dantesco, descabellado pero realmente bello y desolador para la mujer.
Hagen y Gunther sobreviven, y después de platicar con varios vasallos y de perder a otros buenos amigos, son llevados ante Krimilda como cautivos con la única condición, por parte de Teodorico, su captor, de que no pierdan la vida, mas sean solo apresados de por vida.
Krimilda pide a Hagen, ya encadenado, que le confiese dónde se esconde el oro de los Nibelungos, pues Hagen se había hecho con la herencia que su marido le había dejado y la había hundido en el Rin. Pero este no confiesa y Krimilda le trae la cabeza de su propio hermano. Ante la negativa de Hagen, Krimilda lo mata y Atila y Teodorico, observando el monstruo en el que se había convertido Krimilda, la asesinan descuartizándola, perdiéndose así el paradero del tesoro y dando comienzo a la leyenda del ORO DEL RIN.
Esta epopeya es espectacular, tanto por el trato del tiempo, como por la inclusión de pasajes de aventuras, como por su relevancia histórica, así como por la importancia del desarrollo de los personajes. Cada uno cuenta con un LeitMotiv, casi inventado por Wagner seis siglos después.
La gallarda figura de Sigfrido marca el ritmo de la obra durante la primera parte, pero es Krimilda la que intenta, con su furiosa venganza, alcanzar el deseo imposible de paz con la muerte de Hagen y de su hermano.
El simbolismo escondido en la obra es apabullante, y desolador, pues ni en mil vidas podremos comprender tanto como el autor nos quiere hacer saber. Para rescatar un momento inolvidable, es menester recordar el instante en el que Brunhilda se reencuentra con Krimilda y se da cuenta de que esta lleva el anillo y el paño que Sigfrido robó a la mujer durante la violación… ¡Qué de elementos fundamentales nos esconde el autor, para que nosotros, como curiosos lectores, indaguemos en la historia trascendental que en esos movimientos de palacio se ha creado!
La figura del Cantar se ha visto engrandecida en España con el Cantar de Mio Cid, o en Francia con el Cantar de Roland, pero es Europa entera la que le debe esta monstruosa herencia cultural al Cantar de los Nibelungos, sin el cual no podríamos comprender ninguno de nuestras dinámicas narrativas actuales. El camino del héroe, el afán de venganza, la terrible aventura de la guerra, la superioridad intelectual, la importancia de la mitología y la correlación con los aspectos más mundanos de nuestra existencia. Desde aquí, casi ochocientos años después, gracias por este legado cultural del que ahora nos aprovechamos.
“Aquí terminó esta gesta; este fue el desastre de los Nibelungos”.
Calificación 4/5
October 21, 2021
Qué bien queda la frase "esto fue el desastre de los nibelungos".
April 22, 2023
Algo que siempre me ha interesado es aprender de diferentes culturas, especialmente de sus parte mitológica e histórica, sin embargo, no había tenido mucho acercamiento con lo que se desarrollaba en la literatura alemana hasta esta lectura.
Fue muy particular y especial no solo quedarnos en la lectura del papel, sino poder tener contacto con la representación de estas historias en películas y en la opera de Wagner; esto permitió que la lectura fuera más ligera y al mismo tiempo entretenida por permitir darle rostros y características diferentes a los personajes.
Es sorprendente la cantidad de similitudes que pueden existir entre las diversas culturas y las construcciones de sus historias, dioses, héroes, villanos y prácticamente varios de sus acontecimientos.
Fue muy particular y especial no solo quedarnos en la lectura del papel, sino poder tener contacto con la representación de estas historias en películas y en la opera de Wagner; esto permitió que la lectura fuera más ligera y al mismo tiempo entretenida por permitir darle rostros y características diferentes a los personajes.
Es sorprendente la cantidad de similitudes que pueden existir entre las diversas culturas y las construcciones de sus historias, dioses, héroes, villanos y prácticamente varios de sus acontecimientos.
May 11, 2026
3.5
Las partes de introducción, pies de página y demás explicaciones me han ayudado a comprender mejor el contexto. Pese a todo no me ha gustado tanto como esperaba, dado que llegué por las películas de Fritz Lang. La venganza de Krimilda me gustó muchísimo y fue lo que me picó la curiosidad para leer el poema. Este me ha dejado un poco fría, ya que siento que Krimilda no tiene tanta presencia y se centra más en la parte de la lucha. Aún así me ha gustado adentrarme en la épica germánica ahora que estoy volviendo a estudiar alemán.
Las partes de introducción, pies de página y demás explicaciones me han ayudado a comprender mejor el contexto. Pese a todo no me ha gustado tanto como esperaba, dado que llegué por las películas de Fritz Lang. La venganza de Krimilda me gustó muchísimo y fue lo que me picó la curiosidad para leer el poema. Este me ha dejado un poco fría, ya que siento que Krimilda no tiene tanta presencia y se centra más en la parte de la lucha. Aún así me ha gustado adentrarme en la épica germánica ahora que estoy volviendo a estudiar alemán.
September 8, 2021
Lo tuve que leer para la escuela, muy bueno lo leí en una tarde.
May 4, 2025
Cantar medieval en donde se reflexiona sobre la traición y la venganza. Llaman la atención los personajes femeninos en un mundo de reyes, guerreros y héroes.
July 7, 2026
Puro drama y sangre... Excelente!
August 3, 2023
Solo dejaré dos frases:
“Mis queridos señores y amigos id a la iglesia y rogad a Dios con todo corazón por vuestros cuidados y penas, pues estad seguros de que se acerca vuestra muerte. No olvidéis nada de lo que habeis hecho, pues quiero que sepais valerosos guerreros, que si el Dios del cielo no os salva, no volvereis a oír misa”
“El guerrero fué a donde estaba un muerto, se inclinó, desatole el casco y comenzó a beber la sangre que manaba de sus heridas. Por raro que parezca, aquello le hizo mucho bien”
“Mis queridos señores y amigos id a la iglesia y rogad a Dios con todo corazón por vuestros cuidados y penas, pues estad seguros de que se acerca vuestra muerte. No olvidéis nada de lo que habeis hecho, pues quiero que sepais valerosos guerreros, que si el Dios del cielo no os salva, no volvereis a oír misa”
“El guerrero fué a donde estaba un muerto, se inclinó, desatole el casco y comenzó a beber la sangre que manaba de sus heridas. Por raro que parezca, aquello le hizo mucho bien”
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