Con esta obra publicada en 1869 Concepción Arenal se propone no sólo disipar los errores que sobre la mujer han arraigado en la opinión de la mayor parte de la sociedad, sino también reivindicar la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a recibir una educación que le permita desempeñar cualquier profesión en condiciones iguales a la del hombre, así como gozar de todos los derechos civiles.Todas estas afirmaciones extensamente argumentadas desde su punto de vista.
"Dulce, casta, grave, instruida, modesta, paciente y amorosa; trabajando en lo que es útil, pensando en lo que es elevado, sintiendo lo que es santo, dando parte en las cosas del corazón a la inteligencia del hombre, y en las cuestiones del entendimiento a la sensibilidad femenina; alimentando el fuego sagrado de la religión y del amor; presentando en esa Babel de aspiraciones, dudas y desalientos el intérprete que todos comprenden, la caridad; oponiendo al misterio la fe, la resignación al dolor, y a la desventura la esperanza; llevando el sentimiento a la resolución de los problemas sociales, que nunca, jamás, se resolverán con la razón sola: tal es la mujer como la comprendemos; tal es la mujer del porvenir"
Leyendo esta conclusión de cómo debe ser la mujer del porvenir podemos ver varios adjetivos que nos chirríen a día de hoy y esa idea de mujer como todoterreno en cuyas espaldas descansa el peso de múltiples responsabilidades trascendentales.
Hay que tener en cuenta que es un ensayo de finales del siglo XIX, por lo que hay afirmaciones que para el feminismo actual son erróneas o insuficientes, pero quiero destacar esta obra como pionera del feminismo español y precursora del movimiento en nuestro país y darle la importancia merecida a pesar de estas concesiones.
La autora que por un lado defiende la inteligencia de la mujer, aboga por su educación superior y la necesidad de que la mujer acceda a oficios relevantes y adecuadamente remunerados es la misma que, a modo de concesión o quizás plenamente consciente de sus afirmaciones, destaca el carácter sensible de la mujer para apartarla de ciertos oficios, como la política o la guerra, y recalca que todo este progreso es para ser una digna compañera del hombre, no como una emancipación para la mujer.
"La mujer puede ejercer toda profesión u oficio que no exija mucha fuerza física y para el que no perjudique la ternura de su corazón".
"Queremos la independencia de la dignidad, la independencia moral de un ser racional y responsable; pero estamos persuadidos de que la felicidad de la mujer no está en la independencia, sino en el cariño, y que como ame y sea amada, cederá sin esfuerzo por complacer a su marido, a su padre, a su hermano y a su hijo".
Describe al hombre como una víctima de la situación social, económica e intelectual de la mujer, o quizá solo lo usa como acercamiento de su obra al varón, cuando es obvio que es el hombre como institución quien hace de juez, tirano y verdugo de la situación de la mujer en cualquier parte del mundo.
Tampoco me ha gustado su postura ante la violencia de género, pues la justifica como avergonzante para el hombre e impropia del hombre culto y civilizado, cuando actualmente es bien sabido que la violencia de género se da con independencia del nivel de instrucción o los estratos sociales y el único común denominador es un hombre que sintiéndose inferior se engrandece vejando a una mujer.
"El hombre civilizado y cristiano que ama a su esposa y venera a su madre está bien lejos del salvaje que oprime a la hembra. El mundo antiguo consagró el abuso de la fuerza; el mundo moderno le escarnece. Maltratar a una mujer parece hoy cosa tan vil, que es raro que ningún hombre lo haga, si no está embriagado por el vino o por la cólera. Y cuando vuelve en sí, y alguno le dice: «¿No te avergüenzas de pegar a una mujer?», es seguro que le da vergüenza o no la tiene".
Tampoco me ha gustado la preponderante visión de la mujer como madre cuyo última misión es traer hijos al mundo ni el papel de la mujer soltera como misionera que debe realizar obras benéficas en pos de la sociedad. Parece ser que seas mujer casada o soltera estas hecha para maternar y cuidar de otros.
"La mujer, es mujer aunque no sea madre, es decir, que es compasiva, afectuosa y dispuesta a la abnegación. Más aún: sin ser madre, tiene afectos maternales".
"La mujer soltera, que caritativa e ilustrada se dedica al consuelo de sus semejantes, es un elemento social de bien y prosperidad que no tiene precio; su actividad, su vehemencia, su piedad, su abnegación, su vida entera, se concentran en la buena obra objeto de sus afanes; allí está su hogar y su familia, allí sus alegrías y sus dolores".
"Queremos que sea dulce madre, hija y esposa tierna antes que todo; que su misión sea una especie de sacerdocio, y que la llene con todo el amor de su corazón y todas las facultades de su inteligencia".
Por no hablar de la religión y el papel de la mujer beata que se cuela por todos los recovecos de la obra.
"Siendo la mujer naturalmente más compasiva, más religiosa y más casta, nos parece mucho más a propósito para el sacerdocio, sobre todo en la Iglesia católica, que ordena el celibato del sacerdote y la confesión auricular".
"Queremos que la mujer avive el sentimiento religioso por medios que estén en armonía con la época en que vive"
Sin embargo estoy plenamente de acuerdo con su postura contra la prostitución, pionera del movimiento abolicionista.
"La prostitución es para la mujer el más horrible de los males, y repetiremos con este motivo lo que decíamos hace años en un libro impreso, pero no leído. «Nunca se conmueve tan tristemente mi ánimo como al entrar en un hospital de mujeres donde se curan las enfermedades consecuencia de la prostitución. Allí las enfermas no suelen quejarse; saben que a nadie inspiran lástima, y procuran sofocar el dolor físico lo mismo que el dolor moral con chanzas obscenas y con blasfemias y con carcajadas que, como las de un loco, hacen llorar. Quieren embriagarse con el vicio: no les queda otro recurso...¿Quién puede mirar sin profunda lástima aquel ser tan infeliz y tan degradado, que lleva su extravío hasta hacer gala de lo que debía causarle vergüenza?"
A pesar de todo lo aquí relatado son más los pros que los contras para leer este ensayo y debe quedar claro que para la época en la que fue escrito este texto resultó extremadamente revolucionario. Sólo por eso se debería leer con admiración.
Y cómo la propia autora plasmó en este fragmento somos mujeres en transición, siempre cambiando, decostruyédonos e intentando mejorar teniendo presente de dónde partimos:
"...una mujer de transición, «con todos los defectos y las desdichas de quien vive en medio de la lucha del pasado y del porvenir, marchando por el caos a la luz de los relámpagos y queriendo comprender en vano las armonías de la tempestad".