El negro que tenía el alma blanca es una historia de pasión, desengaño, poder, desilusión, dinero, infelicidad... insertos en una acción situada en un tiempo externo reconocible, la guerra de Cuba (1895-98), sus inmediatos años posteriores y la época de entreguerras. Las referencias históricas, políticas y sociales son continuas.
Con el telón de fondo del clima y paisaje cubanos, describe el narrador los ambientes alegres de algunas ciudades europeas, como Madrid, con sus barrios castizos; París, con sus grandes restaurantes y sus cabarets de lujo; los lugares más representativos de Barcelona o el Trafalgar Square de Londres, donde late el sentir de Europa, ávida de gozo y presente, tras la contienda. Tres son los ambientes en que viven los personajes: el mundo decadente del teatro, la aristocracia corrompida y la burguesía un poco cosmopolita de los tiempos de paz.
El tema es el conflicto de un hombre negro con un alma blanca, con toda la simbología que la palabra entraña: no sólo heredero de toda la tradición cultural del hombre blanco, sino poseedor de un corazón noble, un alma limpia bajo una piel negra, en una sociedad llena de prejuicios. El tema del negrismo cobra una dimensión trascendental; la cuestión que subyace es la pregunta existencial: ¿qué es un hombre, su cuerpo o su alma?
La novela tuvo tanto éxito que fue llevada al cine por Benito Perojo en dos versiones: una muda, de 1926-27, y otra ya sonora y musical, de 1934. La edición se completa con una introducción, notas a pie de página y una bibliografía selecta.
Cuando era niño, en un diccionario de los que tienen imágenes y nombres de personajes históricos, descubrí a Alberto Insúa (1883 - 1963), escritor español nacido en Cuba, y su obra maestra "El negro que tenía el alma blanca". Finalmente, después de años de espera, leí ese clásico... y quedé decepcionado.
Empieza muy bien: un circo pobre recibe como nuevo empleado a Peter Wald, un bailarín que es famoso a nivel nacional e internacional, pero a algunos incomoda que Peter sea negro. Insúa construye un retrato de la España marginal a través de los bailarines, actores y payasos.
Más tarde, incluso llegamos a conocer a profundidad al propio Peter Wald, el personaje con más matices dentro de la obra. El problema es que, a partir de la mitad, la trama tambalea hasta derrumbarse al final. No me gustó el final.