Fugarse del mundo (aunque sea por unas horas) es tan necesario como respirar, como alimentarse, como asearse, y como tantas tareas cotidianas que realizamos a diario. Sin embargo, la fuga, se vuelve cada vez menos llevada a la práctica, quizás, ya que es más simple (o "natural") dejar que otros nos den opciones de fuga: lo que vuelve a la posible acción, la antítesis de la libertad electiva y reflexiva.
Este libro, es un "pequeño" recorrido por diversos autores y algunos de sus libros (la excepción es Gauguin, al que el autor también lo denomina como escritor, lo que sin duda podría pasar por exceso- escribió un diario de viaje y algunas cartas - y no como sustantivo): Petrarca, Flaubert, Tolstoi, Simenon, Bove, Quignard, etc.; hasta llegar a una lista final de diez artistas-capítulos (aunque se mencionan varios más a lo largo de la obra).
Califico el escrito de Rémy Oudghiri siendo consciente de la naturaleza del mismo. Es decir, estamos ante un libro no académico y que tampoco pretende serlo. Por esto no se le puede pedir demasiado a la hora de las perspectivas de análisis, y mejor leerlo como una serie de anécdotas interesantes y narradas con simpleza, junto con algunas explicaciones más o menos válidas al respecto de estas.
Pero tampoco, más allá de lo expresado en el párrafo anterior, voy a dejar de resaltar algunos puntos del libro que no me terminan de convencer del todo: algunas hipótesis y tesis del autor resultan demasiado simplistas y repetitivas; la selección de escritores (opinión, más que crítica negativa) podría haber sido menos parcial en género y nacionalidad; hay momentos que rozan la pedagogía de la autoayuda: culpemos a la ambición autoral de llegar de modo directo al posible lector ocasional y/o (más maliciosa) a una prosa no tan pulida.
Entre las historias personales de los escritores y algunas de sus obras, se encuentran coincidencias y diferencias en los tipos de fuga a los que se hace referencia. Hay fugas que nacen por el amor al arte, otras que resaltan la reflexión personal (casi un matiz de la primera), hay fugas espirituales, fugas que rechazan por completo el trato humano, fugas definitivas, fugas como experiencia única para volver a la civilización de manera renovada, fugas intermitentes, etc.
Los puntos en común se dan en el sinónimo de fuga (pero más esclarecedor, por lo inmediato) que resulta el alejarse de la civilización (o al menos del grupo social naturalizado): aquí se encuentra la justificación de la fuga. La necesidad de distanciarse del mundanal ruido para encontrarse con uno mismo (qué vértigo y desconcierto!). Poder escaparse a un lugar en donde es posible escucharse, reflexionar, meditar, vivir sin actuar, aquietarse, alejarse de la acción trepidante y mayormente banal o inncesaria.
Hasta ahora, en específico en los dos últimos párrafos, hice una descripción de la parte más idealista de las fuga. La más cercana al deseo irrealizable para una mayoría. Por eso, para finalizar, cabe traer la esperanza a la reseña; el espacio y tiempo en donde quienes están leyendo estas palabras se pueden sentir identificados/as conmigo. Más allá de toda fuga que implique un despalazamiento de lugar, Oudghiri hace hincapié en muchas oportunidades a la fuga asociada a la lectura. Leemos (estoy seguro que toda persona que lee con cierta asiduidad va a acordar con lo que digo) por muchos motivos, pero uno de los principales es para evadirnos, para encontrar un segundo mundo (el conjunto de los libros leídos por nosotros/as) en el cual somos los y las protagonistas, y en el que nuestra libertad radica en nuestro poder de decisión sobre lo que leemos (o no) y en que, por esto mismo, vivimos con plenitud.
Entonces, para promediar mi apreciación de la obra de Rémy Oudghiri, creo que la perspectiva con la que decide abordar la temática de la fuga es muy estimulante. Toma a la literatura como modelo y es allí en donde se lee lo mejor de la obra. De igual modo está bien la reserva del título. El adjetivo "pequeño" implica una cautela necesaria y sincera como descripción previa de la obra. Después, tanto el prefacio como el epílogo no son especialmente resaltables; pero luego del punto final queda una buena sensación, bastante para la reflexión y muchas referencias literarias.