La primera obra literaria conocida y firmada de la historia la escribió hace cuarenta y cuatro siglos una mujer, la princesa poeta y sacerdotisa sumeria Enheduanna. Ella inaugura Palabra de Diosa. 44 siglos de Poesía, porque está en el origen de una genealogía femenina que no se ha interrumpido en el tiempo. Desde entonces, las poetas han ido marcando un rumbo propio en la escritura universal hasta el presente. Sus palabras lo cambian todo y nada vuelve a ser como antes de que ellas escribieran.
El libro recoge biografías y poemas de 22 poetas que iluminan el origen femenino y materno de la lengua, de la lírica oral y musical y de la literatura: Enheduanna, Safo, Wallada la Omeya, Hamda Banat Ziyad de Guadix, Bieiris de Roman, Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Emily Brontë, Elizabeth Barrett Browning, Emily Dickinson, Juana de Ibarbourou, Ernestina de Champourcin, Angela Figuera Aymerich, Carmen Conde, María Beneyto, María Victoria Atencia, Adrienne Rich, Anne Carson, Maria-Mercè Marçal y Juana Castro.
“Este libro nace de muchos años de lectura apasionada de toda la poesía con la que nos hemos ido encontrando las editoras desde que nos recordamos leyendo”. Así empieza este libro tan, tan, tan bonito. Me confieso una no-apasionada-de-la-poesía, incluso podría confesarme como una detestadora-profesional-de-poesía, y sin embargo aquí estamos… a punto de empezar a hablar de las grandes poetas de la historia.
Ana y Carmen han creado un libro que reúne pequeñas biografías y fragmentos de poemas de algunas poetas que me sonaban y otras que me resultaban conocidas. Safo, Emily Dickinson, Elizabeth Barret Browning, Hadewijch de Amberes, Anne Carson… Estoy absolutamente enamorada de cada una de estas señoras, de ellas y de su talento. Tanto es así que ya he estado mirando antologías de sus poemarios, porque ahora ya soy una enamorada-oficial-de-los-poemas-de-estas-señoras. Así de fácil, este libro me ha quitado todas las tonterías de encima de golpe.
Con Safo siempre he estado obsesionada, pero no es hasta ahora que he conocido a Emily Dickinson. Ella, sus poemas, su historia. Todo me ha conmovido profundamente. Sus poemas son un triunfo de la creación frente a la destrucción. “Sobrellevar nuestra parte de noche–/Nuestra parte de mañana–/Nuestro hueco llenar en felicidad,/Nuestro hueco en desdén–/Aquí una estrella,/¡Algunas pierden su camino!/Aquí una niebla – y allí una niebla–/¡Después – Día!” A Emily le salvaron la palabra y el amor por Susan Huntington a quien le dedica muchos de sus poemas. Mezcló así la oscuridad de su vida con el amor.
Al leer más y más biografías de mujeres voy siendo consciente de los graves problemas que siguen persistiendo en estos días. No puedo llegar a entender cómo los historiadores son negacionistas del amor y el s.xo entre mujeres. No es el primer libro que explica que “se sigue afirmando que (muchas) autoras escribían así porque copiaban los poemas de los poetas o porque adoptaban un punto de vista de hombre para escribir sobre las mujeres”.
Y es que la libertad no es entendida por aquellos que consideran lo masculino como algo universal. “(…) y jardines que bordean al río;/entre las gacelas hay una humana/que posee mi alma y tiene mi corazón;/cuando entorna los ojos por alguna razón/esa razón me impide a mí dormir;/cuando suelta sus bucles sobre el rostro,/parece la luna en las tinieblas de la noche;/es como si a la aurora se le hubiese muerto un hermano/y de tristeza se hubiese vestido de luto”. Hamda Banat Ziyad.
Encontrareis en este libro grandes historias de grandes mujeres. Y muy probablemente os pase lo mismo que a mí. Vais a ansiar querer saber, querer leer, querer aprender de la poesía y de estas mujeres tan maravillosas.
Es un libro maravilloso sobre 44 referentes femeninas de la literatura universal. Es de admirar como las autoras han condensado las historias de cada una de las poetisas, sin que ello haya hecho que me supiera a poco. Te impulsa a querer conocer más sobre la obra de cada una, y a sentir orgullo, admiración y dicha por la riqueza y la calidad de los versos que estas mujeres no se guardaron dentro.