Gender ideology is a group of anti-scientific ideas, which through authoritarian political purposes, uproot the nature of human sexuality and explain it exclusively according to the culture. The Black Book of the New Left reveals the intimate political and intellectual connection between the new lefts and the gender ideology, with which it was able to survive the successive failures of the 20th Century. Under the historical reality of advanced capitalism, and with a worker more concerned and occupied in changing cars than in making the revolution, the left needed a radical update without which they were condemned to perish in history museums. This way, its fixation by the economic structure gave way to new strategies oriented to the ideological superstructure; the revolution of classes, once materialist, became a cultural revolution; new discourses, new flags and, above all, new subjects, emerged as a constituent part of the fight of the new lefts. Where yesterday the left sought to recruit workers in factories or peasants in rural areas, today it prefers (conveniently) to recruit new supporters in feminist circles, LGBT marches or abortion movements. Where yesterday the worker was told that he was being "exploited" by the employer because of the "capitalist system", today the woman is told that she is being "oppressed" by the man because of the "patriarchal system", while the homosexual is also told that he is being "oppressed" by the "heterosexual" because of the "heteronormative system". The logic persists; the makeup is renewed. The virtue of The Black Book of the New Left, as a political science investigation, consists in breaking down the new masks in order to achieve an effective and politically incorrect criticism against the totalitarian fashion of the genre, finding not only its intellectual origins in the left, but showing also how this new ideology that politically instrumentalizes sexual matters, cannot survive without state authoritarianism. The Black Book of the New Left is considered the most important book ever written against gender ideology in Spanish. Published in more than a dozen countries, and having headed Amazon International political science sales rankings for more than two years, today we make it available to the English-speaking public.
Agustín Laje was born in the city of Córdoba (Argentina) on January 16, 1989. From a very young age, he became interested in political ideas, becoming a columnist for important national media at the age of 18. He is the author of the books Los mitos setentistas (2011), Cuando el relato es una Farsa (2013), and his latest work El libro negro de la Nueva Izquierda (2016), co-authored with Nicolás Márquez. He earned his Bachelor's degree in Political Science from the Catholic University of Córdoba. Additionally, he studied counterterrorism and combating organized crime at the Center of Hemispheric Defense Studies, National Defense University in Washington DC. In 2020, he received a master's degree in philosophy from the University of Navarra. He has received numerous awards both in Argentina and abroad. He currently directs the think tank "Fundación LIBRE". His columns have been published in local, national, and international media. He is currently a columnist for La Gaceta de la Iberósfera, El American, PanamPost, AltMedia and El Liberal of Spain. His essays on political philosophy have been awarded five consecutive years in Mexico by Caminos de la Libertad. He has lectured in different countries, such as Uruguay, Argentina, Chile, Peru, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Mexico, El Salvador, Colombia, Costa Rica, Dominican Republic, Guatemala, Puerto Rico, United States, and Spain.
Resumen del libro: Que los comunistas idearon un plan para destruir la familia y la sociedad occidental y buena a base de feminismo, homosexualidad y marxismo cultural. Porque son muy malos y comunistas, que es lo mismo. Frases y fuentes sacadas fuera de contexto y manipuladas para que se ajuste a la realidad que quieren pintarnos los autores.
Es un libro hecho por conservadores, para goce y disfrute de conservadores. Viene a ser lo mismo que tu tía la evangelica dice, pero maquillado con estudios y mucha prepotencia. Lo peligroso de esto es que no es un asunto de ignorancia, los autores no tienen un pelo de tontos, y saben muy bien lo que hacen y como lo hacen. Se ha vendido como un libro contracultura, pero no lo es, es un libro a favor de la cultura dominante y que si eres de tendencia progesista debes de tocar con mucha delicadeza, porque además, al menos Laje, es un ser que sabe usar los ataques que se le hacen a favor de su propaganda. Que nunca entenderé como un tipo que vive en un país con tantos problemas le presta tanta atención a lo que hagan las feministas, debe de tener algún tio de frustración o algo. Eso no es sano.
Edito 2020: Sigo en parte en gran acuerdo con mucho de lo que dice este libro, pero tengo que señalar que Laje y Márquez tienen algunos reduccionismos en la argumentación. De Laje, recuerdo distintamente que dijo: "el capitalismo hizo más por la mujer que el feminismo porque inventó el lavarropas". Primero, no fue el capitalismo, se le ocurrió a alguien, y segundo, si no fuera por el feminismo no iban a poder poseer propiedad privada (que es un derecho natural, no un invento del capitalismo), lavarropas incluido. Así que son ayudas en dos planos diferentes, el lavarropas puede ser usado por varones y mujeres. En Twitter recuerdo haberlo visto incitando a la desobediencia a los obispos por una declaración de Víctor Manuel Fernández que malinterpretó.
Márquez, otro cuyo 'antiperonismo' (no soy peronista) lo ciega al punto de haber desconocido la autoridad papal en pleno Círculo Militar (!) y referirse a Francisco como "el dirigente peronista [sic] Jorge Mario Bergoglio".
Es sabido que Laje la juega más de liberal clásico con simpatías libertarias, comprobado en la entrevista al pibe de PragerU que dice ser homosexual y no parte del lobby LGBT como hasta casi guiñando el ojo de que no hay nada de malo con la promoción de la homosexualidad
(Lo que me molesta es el tupé de presentarse en ambientes 'tradicionalistas' luego de hacer estas cosas, más que las opiniones que, al fin y al cabo, son debatibles)
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Como tiene dos autores, voy a tener que abordar un poco de ambas mitades. Se habló mucho de este libro, por la polémica que generó a nivel nacional en sectores de la izquierda, y porque sus autores no dejaban de promocionarlo ya sea en conjunto, o Laje individualmente, debatiendo a "feministas" de género.
A Márquez ya lo conocía, tratando de develar la verdad en la confusa y tergiversada historia argentina reciente. Sabía además que tenía un tinte antiperonista que no comparto, aunque bien fudamentado (no me considero antiperonista simplemente porque me parecen igual de fanáticos que los peronistas, y a menudo ignoran las barbaridades de otros partidos, como el radical).
A Laje, lo tenía de nombre y por algún que otro tweet. Comencé a ver sus entrevistas y debates, me pareció una persona centrada. No necesariamente comparto su visión económica -es un liberal clásico declarado- pero, se le reconoce la honestidad y la valentía que conlleva escribir un libro sobre un tema tan vigilado por las élites políticamente correctas, desde gobiernos hasta ONGs e organismos internacionales.
Con respecto a la parte de Laje, su debate se centra más en las derivaciones y posibilidades del feminismo, y si bien ya sabía la mayoría de lo que se relata, me hubiera gustado que la división entre feminismo liberal y radical fuera más tajante, sino porque al juntarlas ignoramos que ciertas feministas radicales pueden tener una visión crítica como para oponerse a la idea del "género" y la validación de la pornografía y la pedofilia (quizás algunos de los aspectos rescatables de Dworkin y Jeffreys). De Camille Paglia incluyó una frase avala la pedofilia [está en Sexual Personae, también avala la prostitución en el mismo libro y creo que debería haberlo dicho, porque es un punto muy fuerte de división entre feministas liberales y radicales, ya que las segundas no aceptan la prostitución].
Todo lo demás está bastante bien documentado y es verificable. Le agradezco que comente el desastre sangriento que ocasiona Planned Parenthood y cómo se beneficia de ello, así como los vínculos de Horacio Verbitsky con todo este tipo de organizaciones. Me gustó que mostrara las caretas desde el marxismo hacia el postmarxismo, y la realidad de las mujeres durante la revolución francesa y la existencia de la URSS, así como la captación marxista del feminismo y la misoginia inherente en el abolir la categoría mujer propuesto por Judith Butler.
Creo que le faltó profundizar en movimientos pro-vida actuales dentro del feminismo como Feminists for Life, Feminists for Non-Violent Choices, Pro-Life Feminists, Movimiento de Mujeres Reivindica y otros de los que puedo no llegar a estar al tanto. Al destacar el importantísimo papel de la Iglesia en la reinvindicación de la dingidad femenina a nivel histórico, y reconocer que son el blanco de estos movimientos, me extrañó que no hablara de la exhortación al feminismo real, pro-mujer, pro-familia y pro-vida que hiciera San Juan Pablo II en Evangelium Vitae, 99.
Por el otro lado, disiento en su entretenimiento de llamar a las dictadoras del género "feminazis". Porque es lo mismo que decirte "facho" o "zurdo", no suma al debate. A los teóricos de la izquierda, les gusta que se les ponga nombres derogatorios para centrarse en la discriminación (no enteramente considerada, como luego aclara Márquez). Y precisamente llamar "feminazi" a alguien es decir "miren, soy feminista pero no tanto...". No creo que ese sea el abordaje adecuado. Si bien no creo que todo el mundo deba ser 'feminista', ya que implica un marco bastante plural hoy en día, y quizá demasiado, al punto de no ponerse de acuerdo en que existe la mujer como tal. Deberíamos hablar de feminismo vs. cosas que no son feminismo, pero hacen de cuenta que lo son.
Sé que propuso cambiar de nombre a las/os usurpadora/es, pero prefiero reapropiarme el feminismo al que le debo, en parte, el ser sujeto de derecho, y no que se lo queden quienes, en el fondo, odian a la mujer tanto como autodeclarados "antifeministas" que en el fondo son machistas. Entiendo perfectamente, que alguien sin comprensión acabada de lo que es el feminismo, se declare antifeminista al ver que gente como Leonor Silvestri son los mayores representantes a nivel nacional. Como alguien que se dedica a las Letras, no puedo dejar de notar cuánto me avergüenza que tanta gente de mi carrera juegue a filósofo, historiador, sociólogo, etc.
Con respecto al repetidamente mentado culto a la fealdad, creo que cuestionar algunos aspectos y mentiras de la industria de belleza es necesario. Ahora, que de ahí saquemos la conclusión de que porque Betty Friedan dice que un excesivo fijarse en la belleza vuelva más superficial a la mujer, todas las feministas se esfuerzan por "ser" o "parecer" feas como modo de rebelión, me parece una gran falacia. Igualmente, tampoco estoy de acuerdo con ella en otras cosas (sí en esa, pero hasta Mary Wollstonecraft lo señaló hace algunos siglos atrás)
A la parte de Márquez, más dedicada a lo nacional y al movimiento homosexualista no le faltó humor para condimentar adecuadamente toda esta tragicomedia que se está viviendo. Si bien no se refirió al INADI, dio fuentes para profundizar en el tema, lo cual es bastante bueno.
Le critico solamente un modo de expresarse sobre el aborto, que me pareció poco adecuado. En el caso de embarazo por violación, sin dejar de condenar este horripilante acto, y sin dejar de defender al inocente, cosa que me pareció muy bien, habló de comparar el embarazo con heridas post-asalto, o discapacidad de por vida. Si bien se entiende que lo que él quiere decir es que el embarazo sería un producto de la violación, pero no necesariamente implica una condena de cualquiera de los inocentes involucrados -madre y bebé- esto daría pie a falsas feministas para comparar al bebé con una enfermedad, y es precisamente lo que se trata de evitar, aunque le agradezco que rechace el aborto en caso de discapacidad. Creo que es un área de la que incluso el feminismo original, con el que estoy de acuerdo, se encargó muy poco. Ni que hablar de que la segunda ola proponía abortar a niños con discapacidades o que madres con discapacidades abortasen como único proyecto de vida, y que eso se trasladó intacto a la tercera ola.
Las explicaciones de cosas como el pensamiento de Foucault, o la evolución del comunismo están hechas de una manera bastante sencilla y documentada, con citas. A los dos les brilla la formación católica por donde se mire, a pesar de que no se guíen mucho por eso hoy en día, siempre refiriendo a fuentes clásicas y manteniendo el diálogo con altura. Excepto cuando se juntan con gente como Lupe Batallán, a la que le encanta insultar por Twitter, y fue apadrinada por Laje, quien escribió el prólogo de "Hermana, date cuenta".
Me gustaría que más mujeres se involucraran en el debate, y es lo que pienso hacer en cuanto tenga la formación necesaria. Es algo que se necesita no sólo porque es nuestro deber reformar el feminismo para que no acabe en la autodestrucción, sino porque podemos hablar desde nuestra experiencia.
Escribí esta reseña hace muchos años, pero no los suficientes como para justificar los cambios brutales que hemos visto desde entonces en el escenario político e ideológico. Laje y Márquez, por entonces figuras periféricas, operadores ruidosos al margen del discurso público, hoy forman parte del centro mismo de la conversación. Contra todos mis pronósticos —y los de muchos—, su forma de argumentar, su estilo confrontativo, su visión del mundo y su selección de enemigos se han vuelto no solo aceptables, sino incluso mainstream: absorbidos, amplificados y legitimados por amplios sectores de la sociedad.
Lo que es más: llegaron al poder. Aunque ambos se glorian de no ostentar cargos públicos, no ocultan su cercanía con el presidente. El propio Milei, que hasta hace unos años solo parecía preocupado por la escuela austríaca y los perros, hoy aparece en púlpitos internacionales y afirma con seriedad que la “ideología de género” conduce a la pedofilia.
En la red social antes conocida como Twitter, Márquez hace gala de una incorrección política que hoy se celebra como virtud, y de la que se hacen eco tuiteros y streamers que, aunque deben tener mi edad, hablan y se comportan como si estuvieran en la secundaria. En la misma cloaca florecen el antisemitismo, la homofobia, la misoginia, el desprecio por los discapacitados y otras formas de odio que ya ni siquiera sienten la necesidad de disimularse. Se expresan como parte del sentido común, como una “verdad” que —según ellos— fue silenciada durante demasiado tiempo. Visto todo esto yo prefiero la incorrección política y la hipocresía: al menos ambas evidencian un reconocimiento de que el bien existe, y un impulso de tender hacia él, incluso si no se lo puede abrazar plenamente.
Laje —siempre el lado más vendible del binomio— dirige su think tank con aire académico, pero repite incansablemente el mismo núcleo doctrinario: no es que la izquierda se equivoque, la izquierda es mala. Ahora pretende demostrarlo con encuestas y estudios de opinión que —supuestamente— prueban que quienes se le oponen no lo hacen por error de juicio ni por falta de inteligencia, sino por pura envidia, a la que él llama “la peor de las pasiones humanas”. También aboga por reclasificar a los adversarios políticos como enemigos a los que hay que erradicar.
Ahora veo que este libro, que en su momento me pareció un panfleto mal escrito, una obra de ciencia ficción política, terminó siendo la hoja de ruta de una estrategia real. Leo la reseña que escribí y me veo ingenuo. Me equivoqué en todo, salvo en una intuición: que la izquierda no estaba preparada para afrontar la batalla cultural que se venía. Y me temo que sigue sin estarlo. Mi intención era hacer una versión actualizada de mi reseña anterior, pero cuando volví a leer este libro solo pude sentir asco y hastío. No me ofenden las ideas: eso jamás. Me ofende lo mal escrito y razonado que está. Me desanima que esta sea la batalla que hay que librar, cuando podríamos estar haciendo otras cosas.
Siempre me ha parecido importante conocer los argumentos de las personas que tienen ideas diferentes a las mías porque, muchas veces, a pesar de no compartir sus razonamientos, tienen ideas que me resultan interesantes y completamente válidas. Por eso, cuando vi este libro en una tienda de La Paz, Bolivia, pensé que sería interesante leerlo: ¡gran error!
Entre otras cosas, los autores (que no sé en qué mundo viven) afirman lo siguiente:
1. La izquierda está creando hordas de lesbianas, gays, comunistas, pedófilos, entre otros, para acabar con la moral y las buenas costumbres de la derecha capitalista bendecida por Dios. Además, por definición, cualquiera que no sea pertenezca a la ideología capitalista – católica, es de izquierda.
2. Que la izquierda comunista acuse a la derecha capitalista de oprimir a las mujeres bajo sus parámetros socio culturales es absurdo. El ejemplo que citan es el del ama de casa abnegada que debe dejar de lado sus intereses y ambiciones personales para dedicarse a lavar la ropa del marido. Según los autores, esto no es cierto porque, ahora, gracias al capitalismo, las mujeres tienen… ¡lavadoras! Y ya no deben pasarse horas lavando la ropa del marido, solo es necesario apretar un botón, ¡y listo! Así que ya saben mujeres capitalistas, ¡ustedes no son oprimidas porque tienen lavadoras, tostadoras y otros artilugios!
3. La violencia de género no existe. Lo que existe es la violencia. Incluso, citan estudios que demuestran que las mujeres son más agresivas y que los hombres y que éstos sufren un 80% más de violencia que las mujeres. Además, dicen los autores, si se suman a todas las víctimas de asesinato, la gran mayoría son hombres.
4. Las lesbianas (o lesbocomunistas, como son llamadas en el libro) argentinas disfrutan de realizar performances donde tienen sexo en los pasillos y aulas de las universidades, lugares donde, además, se amputan las extremidades porque esto les da placer. Todo esto auspiciado por los lobbies LGTBQ+. Además, acusa el autor, todo termina siendo un asco porque las lesbianas, luego de su acto sodomita, se retiran sin limpiar nada. Incluso, uno de los autores asistió a uno de estos espectáculos y terminó indignado porque, a pesar de ser parte del público, lo “obligaron” a formar parte del show, lanzándole fluidos corporales relacionados a la actividad sexual.
5. Los jóvenes LGTBQ+ se suicidan constantemente porque pertenecen a un colectivo que disfruta de la autoflagelación. Yo pensé que se suicidaban porque son rechazados por la sociedad y porque tienen la mala suerte de cruzarse con un ejército de tarados y matones.
6. En un ataque de lesbocomunistas a una iglesia católica, las atacantes decidieron lanzar heces y otros desperdicios (orgánicos o no) a los feligreses. Los pobres católicos, que nunca en la historia de su religión han visto niveles de violencia similar (aparentemente, en la mente de los autores, nunca existió la Santa Inquisición), fueron protegidos por la Virgen María, quién aparentemente es una especie de Mujer Maravilla celestial que baja de los cielos a batallar contra lesbianas armadas con excrementos humanos.
7. Aunque no lo dicen directamente, usan adjetivos calificativos que parecen afirmar que España es una máquina de formación de lesbianas, adictas a la cocaína y que, además de todo, son filósofas, por lo que terminan convirtiéndose en una especie de soldadxs comunistas que propagan la palabra y las enseñanzas del colectivo LGTBQ+.
8. Acusan a las feministas que no son madres de hablar sobre los derechos de la familia (que por supuesto es entendida por los autores como una entidad conformada por padre, madre e hijo(s)). Y es que, ¿cómo puede hablar alguien (especialmente si es mujer, feminista y de izquierda) de la familia si no tiene hijos? Digo yo, quizás le podemos preguntar a los curas cómo le hacen ellos, ¿no?
Y así como lo citado, en el libro encontrarán un largo etcétera de cosas sin sentido que harán que uno diga: “Ni Tolkien creó un universo así”. Así que saquen ustedes sus propias conclusiones sobre si vale la pena leerlo o no.
El libro que puso en su lugar al feminismo radical en Latinoamérica.
Libro imprescindible para entender la nueva táctica de la izquierda. Examina con lupa las dos caretas de la misma: feminismo radical y homosexualismo ideológico.
Recomiendo totalmente, sobre todo para explorar las fuentes que utiliza para sostener lo que sostiene. De más está aclarar que es un libro anticomunista, así que si simpatizas con alguna variante del marxismo, posiblemente le des la espalda a los datos. Como siempre
Bueno, que mas puedo decir mas que darle la razón a los que revisaron este libro, incluso que hay cierta tendencia a la religiosidad católica, implicitamente, si, que es provocador y crudo, si...pero me pareció un libro valiente, brillante y que sinceramente pienso , en mi humilde opinión, tanto los que están a favor como los que están en contra pues es un libro para formar mas criterio. Llevo años estudiando el Marxismo Cultural y ya he comprendido su agenda y su forma de buscar socavar las bases de la sociedad y su destrucción. Basta acercarse un poco a toda la literatura que se menciona , alguna realmente muy dificil de leer pero claramente intencionada en lo que mencioné antes. Sinceramente, creo que lo volveré a leer pronto para reafirmas mas conceptos , me parece un excelente libro, muy completo y muy bien documentado.
Una obra sumamente interesante y de relevancia social, cultural y económica. La investigación realizada y las fuentes de información son impresionantes, bien podría ser la obra magna de los autores. El apuntar lo obvio en otros momentos sería plausible, hoy en día es castigable, existen tendencias tan poco naturales y desordenadas que se confunden con el entramado complejo de la realidad, pero la única manera de ver en un pay de manzana un pastel de carne es un autoengaño, una mentira o una patología. Conforme se va leyendo el libro se descubre lo que muchos intelectuales (ver la realidad como es, sintetizar la realidad, resolver problemas) ya sospechaban simplemente al preguntarse de donde viene tanta violencia, crímenes, fracturas personales, familiares y sociales y al observar evidencias de degeneración brutal en las personas en todas sus dimensiones y que además se promocionen estilos de vida autodestructivos por gobiernos y poderosos. Pues, los autores, con un gran nivel intelectual y pedagógico comentan sus descubrimientos con descarnada crudeza, una crudeza que es necesaria en tiempos de lo políticamente correcto, lo sentimentalista y las retóricas vacías. Por otro lado me impresiona como muchos lectores colocan este libro como si tuviera tendencias católicas, incluso aquellos que lo han calificado con 5 estrellas, pues me parece que más bien tiene tendencias universales y humanas (descubrimiento de la verdad), mucho del contenido es epistemológico y de sentido común, pero el prejuicio religioso, incluso entre los "creyentes" no permite observar la riqueza del contenido antropológico y sociológico (con ciertas notas que podrían mejorar). La religiosidad evidentemente es una dimensión fundamental inseparable de la persona que ha sido demostrado a lo largo de la historia, pero en este caso no se abordan los temas desde sentidos teológicos, aunque se podría, simplemente no lo hace, tengamos cuidado al realizar comentarios de relleno intelectualista que no aporta a la realidad de la obra, desde el estado de opinión, hay mucho que aportar en el análisis de esta lectura. Evidentemente los católicos encontrarán una realidad que conviene comentar, dialogar y discutir en el afán de descubrir la verdad, pero también los no creyentes, los Judios, Musulmanes, etc. Desgraciadamente fuera de los medios religiosos pocos quieren dialogar profundamente estos temas y promover la discusión seria, formal y rigurosa en la investigación, pero esa es otra historia, aunque igual de importante.
Empezó muy bien, trazando una línea entre el marxismo-leninismo a las causas de la izquierda actual. Si bien esta fundamentando en textos y datos verídicos, terminan siendo teorías conspirativas de tu tía evangélica cristiana ortodoxa.
Si bien existe el posmarxismo, y es claramente identificable en la izquierda de hoy (especialmente la latinoamericana), este libro se quedó corto y no es más que un berrinche de dos conservadores ultra-católicos argentinos.
Haciéndole justicia a las causas “progresistas” (que no comparto), este libro toma citas y datos a su conveniencia y los saca fuera de contexto, sólo para avivar el repudio a ciertas minorías. Me hubiera encantado que presentara una crítica sólida y que también planteara las otras caras no extremistas del feminismo u “homosexualismo” político. Los autores ven lo que quieren ver, y parecen cegados a otras perspectivas de los temas que tratan.
En conclusión, y como dijo otro usuario antes que yo, este libro está escrito por conservadores ultra-católicos para conservadores ultra-católicos con el fin de perpetuar estereotipos.
Yo tengo varias diferencias con aquello que llaman progresismo y las corrientes llamadas posmodernas (postestructuralistas). Concuerdo con muchos en que las carreras de humanidades dentro de varias universidades están bastante sesgadas y tienen un carácter anticientífico. Si bien es cierto que es algo inherente a las humanidades cierta inclinación a la izquierda, el sesgo se ha vuelto bastante notorio haciendo a esta disciplina poco diversa ideológicamente, como lo advierte Steven Pinker. También pienso que la corrección política ha ido demasiado lejos y que algunos movimientos de izquierda, sobre todo aquellos radicales, han mostrado un matiz bastante intolerante al no permitir que personas que disienten con su forma de pensar hablen o se expresen en las propias universidades. Creo que la izquierda postestructuralista ha llevado el relativismo (que básicamente consiste en definir algo con relación a otra cosa) demasiado lejos al punto que es difícil construir un sistema de valores o de organización nuevo a partir de la deconstrucción que buscan llevar a cabo.
Guardo un profundo escepticismo con estas corrientes que niegan cualquier diferencia biológica en los sexos o roles de género (cuando, a través de la ciencia, podemos advertir algunas diferencias biológicas en combinación, sí, con cuestiones culturales, sociales y del entorno) porque argumentan que cualquier categorización binaria o cualquier diferencia biológica implica necesariamente una opresión. Dicho esto, yo tengo discrepancias filosóficas con algunas corrientes feministas, pero aún con las discrepancias que pueda tener, creo en la equidad de género ya que tanto hombre y mujer son igual de dignos, y por lo tanto tienen el mismo derecho a llevar a cabo su plan de vida sin que sean discriminados por su mero género.
Con esto puedo optar por dos cosas: ser honesto intelectualmente, estudiar estas corrientes para poder desmenuzarlas, o puedo crear una narrativa con tintes conspiranoides para decirle a la gente que se trata de una conspiración marxista o neomarxista que tiene como propósito destruir a Occidente. En este blog yo he optado por lo primero. Agustín Laje y Nicolás Márquez optaron por lo segundo que es lo más fácil y comodino y lo que más vende en los círculos conservadores que suelen ser sugestionados por el miedo (en tanto los progresistas suelen ser sugestionados con la indignación), basta intentar hilar forzadamente distintos acontecimientos que no tienen una relación tan estrecha (o que ni siquiera la tienen) para crear una narrativa.
Debo decir que discrepo con los progresistas que han intentado reventar o censurar las ponencias donde Laje y Márquez presentan sus ideas. La libertad de expresión debe estar garantizada para todos mientras ella no tenga el fin implícito de agredir o atacar a otras personas. No creo, en lo particular, que ellos tengan esa intención de forma explícita, aunque a mi parecer Nicolás Márquez tenga fuertes prejuicios hacia los homosexuales. Pero sí creo que varios de sus argumentos son falaces o inexactos y por eso me motivé a hacer esta crítica.
El “Libro Negro de la Nueva Izquierda”, que tiene en su portada a un “Che” Güevara con los labios pintados frente a una bandera del movimiento LGBT, es una obra que busca criticar a la izquierda pero desde una postura conspiracionista. Su tesis es esa, que el “fantasma del comunismo” sigue vivo y coleando y busca destruir a la sociedad a través del feminismo, los gays, el ecologismo y diversas corrientes progresistas o liberales, como si todo estuviera maquinado. En su libro tratan de ligar absolutamente a toda la izquierda con Marx para crear así un hombre de paja. Saben que el apellido del alemán causa recelo o incluso temor por la nefasta consecuencia de la aplicación (un tanto retorcida) de sus ideas en países como la URSS o China.
El libro no inicia mal, Agustín Laje no es una persona ignorante en lo absoluto. De ciencia política e historia sabe, explica bien lo que es el marxismo y cómo ha evolucionado. El problema es que Laje comienza a acentuar aquellas cosas que le interesan para crear esta narrativa conspiracionista. Recoge a Gramsci, quien buscó promover el marxismo a través de la cultura, para afirmar que todas las batallas culturales de la izquierda son marxistas. Recoge una afirmación de Mises para así explicar algo que ocurrió décadas más adelante aunque no tenga conexión alguna.
Si bien no conozco a todas las feministas de las que hace mención (y que conste que aquí he hecho crítica de algunas ramas del feminismo), sí que conozco a Simone de Beauvoir, y yo percibo una interpretación muy tramposa de su persona, de sus filiaciones políticas y de sus textos. Laje afirma que Beauvoir es básicamente la fundadora de la “ideología de género” por su famosa frase que dice “no se nace mujer, se llega a serlo”. Quienes hemos leído “El Segundo Sexo” podemos advertir que Beauvoir reconoce algunas diferencias biológicas que incide en cada uno de los géneros, y también podemos entender esta frase en el contexto que se publicó (que queda bien relatado en el libro) en una época donde una postura marcadamente esencialista explicaba los roles de género, donde en varios países la mujer todavía no tenía el derecho a votar y donde muchos pensaban que la mujer debía quedarse en casa y obedecer al cónyuge. Laje dice que Beauvoir es incongruente porque primero dice que “la mujer no nace sino que llega a serlo” y después dice que sí hay algunas diferencias biológicas. Más bien pasa al contrario, habla de las diferencias biológicas en el primer capítulo y comienza uno posterior con esa frase (que Laje no termina de entender bien). Pero Laje ignora esto.
Laje insiste en que Beauvoir es marxista para así forzar el argumento de que el feminismo (de la segunda y tercera ola, las cuales ni siquiera define bien) lo es, y que es parte de la maquinación marxista. La realidad es que su libro está más bien fundamentado por el existencialismo (heredado de su pareja Jean Paul Sartre) y de marxista tiene muy poco. Laje reprocha a Simone de Beauvoir por todo lo acontecido en la China maoísta en la cual creía como si ella lo supiera, pero resulta que en esos tiempos gran parte de la intelectualidad marxista (que era abundante por la expectativa de la implementación de un modelo) todavía no tenía conocimiento de lo que había pasado en esos lares.
Agustín Laje no hace distinción entre la Escuela de Frankfurt, la “ideología de género” o el marxismo clásico. Todo ello embona en una sola cosa: es el mismo marxismo que quiso imponerse en la economía, y al no poder hacerlo, buscó hacerlo en la cultura.
Laje y Márquez asumen que la izquierda es una sola cosa, ignoran las diferencias dentro de ésta y así crean una narrativa maniquea. Esto sería equivalente a afirmar que los conservadores son nazis (sí, yo sé que algunos progres se la pasan mencionándolo, de forma igualmente tramposa) porque asumo que “la derecha” es una sola cosa. Ser conservador (mantener el orden de las cosas) o ser liberal (cuestionarlas) no es una maquinación ni una conspiración, es una dinámica que parece ser inherente a nuestra especie y que solo puede ser acallada o reprimida bajo regímenes autoritarios, e incluso se pueden ver manifestaciones de lo que llamamos izquierda antes de Marx no solo en la Revolución Francesa sino en la misma Roma. Vale la pena decirlo, el estado actual de las cosas es un producto de una dialéctica entre conservadurismo y liberalismo. Por eso, así como critico que en varias universidades haya un sesgo demasiado marcado a la izquierda en las humanidades tal que no permita el disentimiento o un conocimiento mas plural, también critico que Laje y Márquez asuman que toda una postura ideológica sea una anomalía. Y vaya que yo no me considero una persona muy izquierdista ni simpatizo con muchos de los ideales de la izquierda.
Me llama la atención sobremanera que, hablando de la “ideología de género”, Agustín Laje no mencione jamás a Jacques Derrida, quien popularizó el deconstruccionismo y la idea de que las categorizaciones binarias son opresoras, lo cual dio forma a la teoría queer de Judith Butler. No sé si ello tenga que ver con que Derrida siempre se mantuvo distanciado del marxismo y ello pueda entorpecer la creación de esta macabra narrativa.
La realidad es que el postestructuralismo y el marxismo tienen más bien poco que ver. Coinciden en ser movimientos de izquierda pero poco más. Jean-Francois Lyotard, uno de los postestructuralistas más importantes, declara el fin de las grandes narrativas, en el cual no solo se inserta al cristianismo o al capitalismo, sino al propio comunismo. Los postestructuralistas muestran más bien desencanto ante el marxismo clásico ante su fracaso. El marxismo y el postestructuralismo coinciden en la esencia de la izquierda en general, en el cuestionamiento del orden existente, pero a partir de ahí encontramos bastantes diferencias: el marxismo es científico y materialista, el postestructuralismo (que encontramos en Foucault, Derrida o Judith Butler) es subjetivo y relativista. Incluso, entre estas dos corrientes que Laje y Márquez intenta embonar en una “conspiración neomarxista”, la Escuela de Frankfurt y el postestructuralismo, han existido más bien diferencias y pugnas. Un ejemplo de ello es el libro “El Discurso Filosófico de la Modernidad de Jürgen Habermas donde critica y exhibe el relativismo de Foucault y Derrida. Los postestructuralistas no tienen como base a Marx, sino a Hegel, Nietszche o Heidegger.
Pero incluso estamos obligados a hacer una distinción entre la Escuela de Frankfurt y el marxismo clásico. La Escuela de Frankfurt busca rescatar al Marx de los inicios, el de la alienación, y no tanto al Marx combativo. La Escuela de Frankfurt nunca buscó instaurar el comunismo, de hecho sus teóricos parten de la desilusión de lo ocurrido en Rusia y China. La Escuela de Frankfurt tiene como base a ese Marx junto con Hegel y Freud, la cual busca hacer análisis y crítica no solo sobre el sistema capitalista, el consumo y las artes, sino también sobre el comunismo soviético. Uno de sus integrantes, el judío Erich Fromm (el cual es citado por grupos conservadores y religiosos no pocas veces por su humanismo), señala que el comunismo solo es viable dentro de comunidades muy pequeñas, en tanto que el de la URSS le parece una abominación.
Laje y Márquez señalan a algunas feministas y gays marxistas. Si los hay, pero son muy minoritarios, como minoritario ya es el marxismo en estos tiempos. De hecho, en las manifestaciones de sus movimientos, a diferencia de lo que afirma Márquez, no son muy comunes las remeras del Che ni las banderas comunistas.
Para tratar de hilar esta teoría de la conspiración, Agustín Laje se enfoca en dos cosas: en los perfiles marxistas y en los más radicales, para así afirmar que todo el feminismo, que todo el movimiento gay, es marxista y radical. ¿Existieron gays o feministas marxistas? Sí, ¿existe violencia dentro de los grupos radicales? También. Pero que existan algunos marxistas en las corrientes más radicales no convierte a un movimiento en marxista. Lo mismo podemos decir del movimiento de los negros en Estados Unidos: junto con el movimiento de Martin Luther King coexistieron grupos que no eran tan pacíficos y algunos que tenían influencias marxistas como los panteras negras. ¿Eso significa que todo el movimiento negro era marxista? Si ellos hubiesen escrito el libro en 1970, dirían que la lucha por el derecho de los negros es parte del marxismo cultural. Pero tanto Laje como Márquez ignoran estas cuestiones en su libro. De la misma forma, dentro de las feministas de la primera ola (esa ola que aplaude Agustín Laje) también existían corrientes radicales. Un ejemplo es el cuadro de la Venus del Espejo de Vélazquez que fue acuchillada por la sufragista Mary Richardson.
Pero si bien cuidaron estos detalles para sostener su argumento, dejaron pasar otros. Un ejemplo: ellos afirman que lo que llaman “ideología de género” es financiada por la Planned Parenthood (que ciertamente es conocida por lucrar con los abortos), pero luego dicen que Planned Parenthood es financiada por Warren Buffet, Ford Company y la fundación Bill & Melinda Gates. O sea, ¿Bill Gates y Warren Buffet, dos de los capitalistas más ricos del mundo, son marxistas? Ya me confundí. Luego Nicolás Márquez insiste en ligar la ideología de género con el incesto, pone como ejemplo al Partido Popular Liberal de Suecia que promovió el incesto y la necrofilia. Pero resulta que el PPL no es un partido marxista ni socialdemócrata, sino un partido de centro derecha, cuya iniciativa fue promovida por una mujer libertaria llamada Cecilia Johnson bajo argumentos libertarios y no progresistas (vaya que los libertarios odian a la izquierda).
Para descalificar cualquier corriente, Laje y Márquez buscan los casos más extremos, radicales y enfermos para hacer pensar que toda la corriente es así. Así buscan crear la percepción de que absolutamente toda la izquierda es depravada y es una abominación con la que deberíamos acabar. Ignoran que dentro de la izquierda hay corrientes moderadas y radicales (vaya que ellos toman lo más radical y oscuro a conveniencia, aunque sea minoritario).
Si los progres fallan al pensar que todo es un constructo social y que la biología no tiene ninguna incidencia, Nicolás Márquez se va a al otro extremo y argumenta, desde una postura marcadamente esencialista, que “todo está dado por la naturaleza”. Nicolás Márquez arremete contra los gays. A diferencia de Agustín Laje, que si bien despotrica contra algunos de sus movimientos por sus ramas supuestamente marxistas, no muestra ningún desprecio ante los gays como individuos, Márquez sí toma una postura beligerante, buscando argumentar, desde una postura esencialista, que los gays son personas enfermas y necesariamente depravadas.
Márquez muestra algunos estudios que afirman que los gays tienen una menor esperanza de vida y suelen sufrir más problemas de ansiedad y depresión. Seguramente varios de esos estudios pueden en lo correcto, pero lo que estos estudios no hacen es inferir que eso ocurre a causa de la “anormalidad” de la condición homosexual. Márquez nunca se pregunta qué tanto influye lo social para que los homosexuales desarrollen cuadros de ansiedad y depresión ¿de verdad no influye en nada que muchos de ellos se hayan sentido relegados, o incluso hayan sido expulsados de sus casas? Para refutar su postura, voy a traer a colación un texto que escribió un amigo mío que es gay, quien por cierto es muy católico, asiste todos los domingos a misa y se preocupa mucho por su familia, y quien ha sufrido mucho porque su orientación sexual le ha traído muchos problemas, y por ello sufre problemas de ansiedad. Mi amigo es una persona trabajadora y tiene una relación muy estable con su ahora esposo.
Nicolás Márquez busca crear esta idea de que los gays están enfermos y son un cáncer. No voy a profundizar en demasía en los argumentos de Nicolás Márquez con respecto a los gays porque creo que basta presentarles una serie de estudios que contrastan con los argumentos que él muestra.
Tanto Laje como Nicolás Márquez son incapaces de entender el contexto en el que se desarrollan todas estas corrientes de pensamiento y que las explican mucho. Hace algunos días escribí sobre lo que el posmodernismo es y por qué corrientes como las de la Escuela de Frankfurt o el postestructuralismo surgieron.
Para dejarnos de conspiraciones, debemos entender que la contraposición entre el conservadurismo y liberalismo (en su vertiente progresista) son inherentemente humanos, y gracias a la dialéctica entre estas dos corrientes es que la sociedad se mantiene en cierto equilibrio. Los liberales (que Laje y Márquez engloban dentro de “la izquierda”) buscan cuestionar el orden social y modificarlo; los conservadores, valga la redundancia, buscan conservar el orden de las cosas. Cierto es que un liberalismo muy extremo puede llegar a corroer el tejido social y traer consecuencias nocivas, pero lo contrario también se cumple, un conservadurismo muy extremo termina petrificando ese tejido, con lo cual inevitablemente termina derrumbándose.
Ser de izquierda o derecha (o liberal o conservador, ya que aquí estamos hablando de cuestiones sociales) no es producto de una maquinación, son posturas inherentes al ser humano que tienen que ver no solo con cuestiones de educación o del entorno, sino incluso con la genética que puede llegar a tener cierta influencia. Los liberales suelen hacer más énfasis sobre valores como la igualdad y la justicia, en tanto que los conservadores lo hacen más sobre la autoridad o la pureza.
Malas noticias para los liberales y para los conservadores, los liberales y los conservadores van a existir siempre. Esa dicotomía no va a desaparecer nunca a menos que sea oprimida por un régimen muy autoritario. Hay quienes argumentan que el discurso de derechas e izquierdas está gastado y caduco. Puede ser cierto, pero lo que está caduco es el modelo de izquierdas y derechas concebidas en la sociedad industrial. Estas dicotomías lo único que hacen es evolucionar a otro plano, ya que son relativas a su contexto.
Las personas liberales suelen ser más bien creativas e irruptoras, las personas conservadoras privilegian el orden y el método. Por eso es que dentro del cine o incluso dentro de las industrias creativas el ambiente es muy progre y por ende tienen mucha influencia en éstas, en tanto los economistas o gerentes de empresa, por un ejemplo, tiendan a ser personas más conservadoras. Y eso no tiene nada de malo.
¿La izquierda hace lobbying y conforma grupos de presión para impulsar su cosmovisión? Sí, eso es evidente dentro del cine que tiene una inclinación liberal. Si ellos están a favor de la comunidad homosexual, entonces buscan crear personajes gays para que estos tengan una mayor aceptación dentro de la sociedad. Cierto, no todo lo que impulsan tiene por qué ser bueno y es válido discutirlo, por eso es necesario promover la libertad de expresión y el debate. Pero la derecha también hace lobbying y conforma grupos de presión. Una de las formas más conocidas que maneja la derecha es influir sobre las élites de nuestro país (cosa que no siempre hacen bien) a través de sus escuelas o instituciones educativas que tienen una orientación religiosa, esperando que así, en su carácter de élites, ellos influyan sobre el resto de la población. También hacen lo propio en Internet con organismos como CitizenGo y HazteOir.
Si entendemos todo esto, podemos entender que todo esto que Laje y Márquez intentan encasillar en una sola cosa, es algo más bien muy complejo. Las izquierdas y las derechas no son monolitos, dentro de ellas convergen muchas corrientes distintas. Cierto es que, en el afán de cuestionar el orden social, alguna corriente izquierdista puede proponer alguna medida radical o aberrante (aprovechando que mencionan la pederastía) pero eso no implica que toda la izquierda comulgue con ella e incluso en varias corrientes hay una férrea oposición a ella. Podemos también cuestionar el marcado sesgo izquierdista de algunas disciplinas, la intolerancia dentro de algunas corrientes de izquierda (pero podemos hacer lo propio con la derecha). Pero ese cuestionamiento del orden nos ha traído los derechos de las mujeres, de los negros, la abolición de la esclavitud, al igual que la postura conservadora ha logrado que estos cambios se lleven de forma más progresiva y no hayan afectado en demasía el tejido social.
Por eso afirmo que este libro de Laje y Márquez, quienes afirman haber acabado con la ideología de género, tiene una muy clara orientación política y tratan de encasillar a toda la izquierda dentro de un discurso antimarxista más propio del siglo pasado, por eso me parece un mal libro. Ellos están en su derecho de publicarlo y promoverlo, yo estoy en mi derecho de criticarlo y eso es lo que hecho en este espac
El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural dio en el clavo, y es un excelente primer paso a la hora de desenmascarar al nuevo marxismo disfrazado de tolerancia y diversidad, creo que es de lectura obligatoria para cualquier interesado en la temática. La exposición de Agustín Laje sobre el feminismo y la nueva izquierda es impecable, ha presentado el tema con una claridad y profesionalismo que le da una solidez ejemplar. Nicolás Márquez por su parte, si bien considero que ha hecho también una buena exposición, constantemente peca de y deja entrever un exceso de emocionalidad (característicos en él) que no debería tener lugar en un libro de este calibre, su trabajo no está citado al mismo nivel que el de Agustín, y a veces se siente verborrágico.
agustín laje se cree el rey de la contracultura pero nada más es un pendejo que ladra lo mismo que los pendejos de fox news nada más que con fuentes académicas sacadas de contexto para manipular la narrativa q claramente quiere pintar
Es un excelente libro, desenmascara al marxismo cultural, desnuda sus falacias. Tiene mucha investigación real, no basada en supuestos y muestra la forma en la cual, tras el fracaso de las "revoluciones de izquierda", cómo han tornado los izquierdistas a usar y manipular a supuestas minorías relegadas para sus protervos fines.
Aclaremos una cosa de entrada: dejando ideologías de lado, es uno de los libros peor escritos y ¿editados? que tuve la desgracia de leer en toda mi vida. Los autores no saben usar las notas al pie como corresponde, ni podrían mantener un hilo argumentativo sin irse por la tangente ni aunque su vida dependiera de ello. La prosa oscila entre lo mediocre y lo pésimo incluso dejando de lado la constante manía por incluir incontables ataques personales hacia los autores que citan o mencionan. Afirmaciones de un peso gigantesco pasan de largo sin ni media cita bibliográfica que permita ver en qué se basan para afirmarlas o verificar si son ciertas, pero hay notas al pie para irrelevancias cómo explicar en qué consiste el juego de la batalla naval o aclarar que UBA significa Universidad de Buenos Aires. El libro en general no es tanto una argumentación coherente como un rejunte apenas conectado de textos atacando a lo que sea que los autores tenían entre ceja y ceja ese día.
Habiendo hecho referencia a la calidad objetivamente abismal del texto, la faceta ideológica no es mucho mejor. Laje arranca haciendo un resumen de la historia del comunismo y del feminismo digno de no mucho más que un curso pre-universitario, y acá de entrada surge un problema que va a atravesar toda su parte del libro: su lectura es sesgada y carente de honestidad intelectual. Lo que Laje hace es inventar una historia ficticia del feminismo para armar una tesis según la cual el feminismo "noble" fue cooptado por marxistas encubiertos, y desecha o ignora todo hecho que pueda contradecirlo. Revuelve en el fondo del tarro hasta encontrar a autoras o militantes tan bizarras como ignotas, y mediante trucos de prestidigitación semántica va y viene entre ellas y hablar del feminismo como un todo, para así embaucar al lector haciéndole creer que el feminismo no es otra cosa que esos especímenes desconocidos casi hasta por ellos mismos.
Si argumentalmente Laje es un prestidigitador distrayendo con una mano para robar con la otra, la sección de Márquez a nivel intelectual es poco más que un mono arrojando sus propias heces. Frena en seco cualquier análisis de autores a los que se opone para hacerlos blanco de insultos extrañamente encarnizados, se va por tangentes extrañas sobre supuestas leyes naturales de las cuales rara vez presenta algún fundamento mayor que "porque yo digo que es así y punto", insiste en descripciones gráficas de actos sexuales en las minorías a las que critica, e insiste a cada rato con que él no odia a los homosexuales entre medio de equipararlos con delincuentes o tratarlos de enfermos. La calidad de su argumentación es aún peor que la de Laje, y su prosa es más digna de las paredes de un baño público que de un libro.
En conclusión, si Laje y Márquez son lo mejor que tiene para ofrecer la nueva derecha a nivel intelectual, el futuro le pertenece a la izquierda. Y mejor que sea así.
Un gran trabajo. Ayuda a entender el panorama actual.
Esta es una critica cruda y demoledora encontra de los mas comunes agrumentos de los diferentes movimientos del postmodernismo. Un enorme trabajo de los autores.
Excelente libro. Muy bien documentado, muestra la otra cara de la ideología de género. Antecedentes históricos, información estadística, argumentos y contra argumentos respecto de la ideología de género, la homosexualidad y el aborto. Está avalado por el Consejo Mexicano de la Familia.
Muy revelador, a los autores los conocí por medio de youtube y de esta manera llegué al libro. Excelente su resumen sobre el comunismo, la homosexualidad y sus derivados.
Dos autores lo escriben, cada uno su parte. Comienza A. Laje con Postmarxismo y Feminismo Radical (parte I) explorando Del Marxismo al Postmarxismo y Feminismo e Ideología de Género. En la Parte II N. Márquez trata Comunismo y Sodomía, Los Pensadores de la Perversión y otros cuatro capítulos.
Su tesis central es acertada: "...la ideología del género con sus distintas caretas y variantes es una de las fachadas visibles de la revolución cultural izquierdista".
Los autores, cada uno de forma independiente, examinan a la ideología de género en su historia, teoría, ideología, antropología y filosofía, mostrándola como una nueva izquierda que ya no es económica, sino cultural. La izquierda ha secuestrado a los movimientos culturales para convertirlos en agendas con objetivos de liberación igualitaria y estatista, que exigen la desaparición de la libertad (económica principalmente).
Una buena lectura, instructiva y reveladora que explica la realidad detrás de la ideología de género como una idea de la que se ha apropiado la izquierda, mutando su origen inicial, hasta hacerla una herramienta al servicio de la agenda política socialista.
A este libro seguirá otro, "el cual abarcará las caretas restantes que esta renovada causa revolucionaria trae consigo".
Finalmente, hay porciones en las que lo explícitamente sexual se vuelve realmente chocante y molesto, hasta el punto que me pregunto si se justifica tanta crudeza.
Written by Agustin Laje and Nicolas Marquez this book has been in the top 10 in political science in Spanish for 3 years in a row.
The black book of the new left has been foundational in alerting the Spanish speaking world about the tyrannical and anti-west nature of critical theory, post Marxism, feminist and gender ideology.
Agustin Laje a controversial intellectual is frequently compared with Ben Shapiro due to his out of the ordinary debating skills.
Nicolas Marquez is a senior political writer and commentator that also has written 3 biographies of Ernesto "Che" Guevara.
This book is akin to "The madness of crowds by Douglas Murray" or "Cynical Theories" by written way before those ones.
Este libro me ha sorprendido por dos cosas. Por un lado, lo bien investigados que están sus argumentos. Por otro, al leerlo, me he enterado de muchísimos datos interesantísimos que desconocía, y, por desconocer éstos, era cómplice silencioso aceptando comportamientos sociales realmente impropios de una existencia humana digna. En verdad recomiendo su lectura a todos, en particular a aquellos que quieran ver más allá de las mentiras mediáticas con que nos alimentan en Latinoamérica todos los días.
Este es el tipo de libro que destruye paradigmas, estructuras mentales y conceptos preconcebidos. Hace un recuento muy bien documentado acerca de los origines del comunismo y como éste ha evolucionado hasta derivar en diversas ideologías que atentan contra la razón y la misma dignidad humana. Personalmente encontré algo perturbadoras varias cosas que se explican en este libro, cosas que no imaginaba. Aun así, este libro es de cabecera. No puedo esperar a leer la continuación.
Definitivamente el mejor libro documental de las verdaderas causas del "feminismo" post-modernista y los lobbies que defienden la perspectiva de género. Una verdadera "quitada de venda". Números y evidencias históricas además de referencias bibliográficas muy develadoras de los distintos autores de la causa transexual.
Inicie con este libro este año por un reto de lectura. El libro esta OK para conocimiento general, saber sobre esta ideología. No es mi tema favorito para leer. Solo lo recomiendo para personas que les guste este tema.
Reto de lectura 2017: Genero que nunca hayas leído
Los autores de este libro me hicieron acordar a una leyenda sobre Colón. Se dice que la forma que tuvo de convencer a los reyes fue presentarles mapas en los que el mundo se veía mas chico (incluso de lo que ya se sabía que era)... con un trayecto por océano más corto y un continente asiático más grande. Por suerte había todo un continente en el medio porque sino obviamente no llegaba! De la misma forma este panfleto de la ¿nueva? ultraderecha católica argentina toma lo peor de la supuesta (extrema) izquierda, los viejos y pretendidamente remozados prejuicios machistas y homofóbicos, una pizca de muy parcial historia y estadísticas que les convengan y tratan de llevar al lector al destino que ya tenían prefijado de antemano... muuuuy de antemano, ya que no hacen sino reflotar viejos paradigmas de lo peor de la ortodoxia de la tradición, familia y propiedad para de nueeevo tirar excrementos sobre el feminismo y la homosexualidad. Para ser un poco más justo, debería separar el libro en dos porque sus autores son dispares en algo: Agustín Laje, si bien entiendo que sus conclusiones son absolutamente inatinentes, por lo menos tiene la inteligencia de presentar sus premisas de forma un pooooco menos sesgadas. Su lenguaje es un poco más aceptable y estoy seguro de que con el se podría debatir para por lo menos llegar a un acuerdo sobre el no acuerdo. Lo que si, estoy tratando de ser muy benigno en esta apreciación, dada la cantidad de información sesgada y obviamente dirigida hacia lo que pretende "demostrar"... la invalidez del feminismo de lo que el llama la tercera ola y su utilización por un maquiavélico (e inexistente) frente de izquierda (¡¡unificado!! jajaja) para cooptar minorías a sus filas. Ahora, lo de Nicolás Marquez es insalvable. Ya cuando en la segunda década del siglo XXI hay quien usa términos como "homosexualismo" (en lugar de homosexualidad), "invertido", "desviado" o "sodomita" (!), todo queda claro desde el principio. De ahí en adelante no se puede leer sino una sarta de desaciertos, bajezas idiomáticas, contradicciones flagrantes, uso parcial (ultra sesgado) de los estudios científicos y demás lindezas panfletarias. Esto es como cuando uno señala con un dedo, que hay por lo menos tres que lo señalan a uno mismo. Los autores acusan a una supuesta conflagración mundial comunista (o nueva izquierda como les gusta decir) de la misma forma que los ultra izquierdistas hablan de la confabulación de los ricos y poderosos... entelequias que suelen usar quienes quieren aunar a los tontos contra un "enemigo" común. Lo que si tengo que confesar dos cosas: me hicieron reir como hace mucho tiempo no lo hacía! Quienes me escuchaban las carcajadas que me mandaba ante lo que estaba leyendo seguramente pensarían que no estaba en mis cabales... Por otra parte, si tuviera que definirme políticamente, diría que me veo como de centro... y si me apuraran, diría que de centro derecha... pero lo que hacen estos dos autores es lejos de llevar agua a su molino, correrme violentamente a la izquierda! No recuerdo muchos textos que me hicieran defender tan fuertemente a la izquierda y sentirme absolutamente asqueado por esta recalcitrante y rediviva ultra derecha. En definitiva: quien piense o sienta (se ve que todavía hay personas así) como esta gente, disfrutará del libro (y le dará 5 estrellas como he visto). Quien piense lo contrario, no creo que ni siquiera invierta un minuto en él. Si algún incauto cree que va a encontrar algo de información imparcial, investigación científica o por lo menos una opinión fundamentada y objetiva sobre las ideas de izquierda, no pierda el tiempo en este libro. Si no se cuenta con información previa clara y objetiva y/o se está seguro sobre su propia sexualidad, este libro está contraindicado. Ahora que si se quiere divertir un rato (aunque a veces genere violencia) con todo lo que no hay que hacer para plantear argumentos serios (tanto de estos temas como otros), no dude en seguir adelante. Un último comentario de los tantos que me quedan en el tintero: me parece importante señalar que, proviniendo como entiendo del riñón del catolicismo, se haga mención solo una vez y muy por arriba a los vínculos afectivos, sobre todo entre las parejas homosexuales. Obviamente lo que más se hace es reducir las relaciones entre personas del mismo sexo a, justamente, el sexo... invisibilizando una de las partes más lindas y más señaladas por su propia religión: el amor. Creo que si se hubieran parado más sobre este sentimiento, en el respeto por el otro y en la individualidad, en la libertad, el conocimiento objetivo y la salud, y no tanto en el odio, el reduccionismo, el miedo y quien sabe cuantos traumas infantiles, seguramente el resultado hubiera sido otro. Una pena, pero bueno... gracias por las risas.
Un libro interesante, muy recomendable, que hace tomar conciencia de ciertas cosas que nos rodean y muchas veces no advertimos. Con abundante basamento documental y teórico.