Antes de que la legión literaria del valor dogmático del buen leer realice una inspirada crítica a la novela, es necesario recordarles que la presente obra fue ganadora del III Premio Tusquets Editores de Novela. Y creo, desde mi personal punto de vista, que es un premio muy merecido a la labor narrativa de Élmer Mendoza. Esta es la primera novela del detective Edgar "Zurdo" Mendieta, quien está encargado del departamento de Homicidios en la hermosa ciudad de Culiacán en Sinaloa. En este primer episodio, el Zurdo Mendieta tiene que resolver un misterioso caso de un asesino que usa balas de plata para matar a sus víctimas. Como toda buena novela negra, varios sospechos comienza a aparecer conforme pasamos las páginas, y cada uno tiene un motivo suficiente para llevar a cabo el asesinato. Sin embargo, a diferencia de otros detectives a nivel mundial (los ingleses, los gringos, los escandinavos, y me imagino que hasta los franceses), nuestro detective se enfrenta contra una burocracia más fuerte que otras latitudes: la corrupción provocada por el narco. Mendieta encuentra algunas pistas, pero se topa con que dichos hilos conductores están asociados a los narcotraficantes de la zona, y ellos son dueños de media ciudad y medio gobierno (bueno, exagere, como el 90% nada más). Así que, no solo tiene que encontrar la pista adecuada, sino además, sobrevivir a los sicarios, los jueces corruptos, los policias comprados y políticos vendidos: algo completamente ficticio. No me imagino a Henning Mankell, Jo Nesbo, Camilla Lackberg, Benjamin Black, John Grisham o el difunto Stieg Larsson, buscando la salida a tan enrededa trama sin caer en las redes del narco o corrupción. Por supuesto que el Zurdo no es normal, es decir, no se vende, quizás por su pasado atormentado y que esta más interesado en sobrevivir cada día a costa de todo.
A excepción de Camilla, todos los detectives que he leido tienden a ser sexualmente atractivos, o tienen una pareja que simplemente buscan satisfacer apetitos carnales de manera inmediata. El Zurdo complementa esta característica con un pasado psicológico atormentado que lo hace un soñador romántico sin remedio.
Ahora bien, el autor logra transportarnos al ambiente pesado y tenso del sistema policial de Sinaloa, y en realidad de todo México, donde todos parecen conocerse y buscan echarse carrilla primero y trabajar después. Esa forma de ser del mexicano que busca divertirse siempre, está presente en la narrativa, lo cuál agrega veracidad al entorno. Por otro lado, nuestro detective resulta ser un lector con buenos hábitos, ya que durante la narrativa hace referencia a Juan Rulfo con Pedro Páramo y el Llano en Llamas, y Fernando del Paso con Noticias del Imperio. Debo confesar que llegué a este autor por recomendación de Arturo Perez-Reverte en la Reina del Sur. Al parecer me he quedado sin cadena que seguir, ya que los tres libros mencionados en Balas de Plata ya los leí.
Finalmente, la forma de narración tiene un toque particular, por lo cual es necesario enfocar los sentidos del momento y edificar los diálogos para lograr un mejor entendimiento de la historia. Aunque es una novela ligera y entretenida, no es tan fácil de leer. Se requiere de cierta práctica de lectura, así que es recomendado para un lector que pasa de principiante a intermedio.