En este poemario, la cordobesa Elena Medel aborda el proceso de superación de una dolorosa pérdida a través de la mirada de aquellos que se quedan, evocando recuerdos y sensaciones. Cargado de símbolos, poliédrico en cuanto a lenguaje e interpreteaciones, este en Tara se transita entre lo profano y lo sagrado; unas veces es místico, visionario, y otras pleno de cotidianedad.
Elena Medel Navarro (Córdoba, 1985) es una escritora española, dedicada especialmente al campo de la poesía. Sus poemas han sido traducidos al alemán, árabe, esloveno, inglés, italiano, polaco y portugués.
Es una de las poetisas andaluzas jóvenes más conocidas en la actualidad, ya que a los 16 años ganó el premio Andalucía Joven concedido por el Instituto Andaluz de la Juventud con su primer poemario Mi primer bikini (DVD, 2002). Posteriormente publicó los libros de poemas, Vacaciones (2004) y Tara (2006) y el cuaderno Un soplo en el corazón (2007). En 2013 ha ganado el premio Loewe en su categoría Creación Joven por su libro Chatterton. Es articulista en la edición madrileña de El País, y ejerce la crítica literaria en medios impresos y digitales.
Junto a la también poeta Alejandra Vanessa, coordina las actividades del colectivo La Bella Varsovia, centrado en la difusión de la cultura y la promoción de los jóvenes creadores. Su obra aparece en diversos recuentos y antologías de la poesía reciente.
Qué distinto a cuando lo leí con ¿17? años. Qué distinto y qué enriquecedor. Recuerdo leerlo y pensar "Esto lo voy a necesitar cuando mi abuela me falte", pero cuando mi abuela faltó, no encontré el libro. Dos veces lo presté y dos veces me lo perdieron. Hoy las Reinas Magas me lo han traído de vuelta y no puedo estarles más agradecide. Con esta lectura se cierran y se abren etapas.
IV La lluvia forma en su caída toboganes de barro, alumbra arcenes y calzadas para el tránsito nocturno, expulsa de su reino a los habitantes más hermosos, provoca envidias, desmanes, firmas de tratados. Transforma, también, sus caprichos en notas dispuestas sobre un tablón de corcho: debo recoger la terraza, ordenar mis papeles, resguardarme para cuando llegue la tormenta. La lluvia consigue todo esto Igual que el viento decreta qué árboles no sirven, qué hogares deberán pasar la noche en vela, y deshoja tendederos y periódicos, e interrumpe el sueño de quienes se piensan a salvo, golpeando contra los cristales de nuestras ventanas. Y la muerte no respeta tu puerta cerrada, derritiéndose aprovecha los resquicios translúcidos, y se arrastra y se cuela estancada en el lugar en el que duermes, ensuciándote los pies al despertarte, impregnándote los huesos y la carne con su olor, hasta que respiras muy hondo y decides gritarle sin sábanas, incorporada en el centro de tu dormitorio, acabando con todo, aquello que en el fondo busca con su presencia: ya no temo a la muerte, porque me reunirá con Ella.
Sin duda es un precioso homenaje a su abuela, un duelo plagado de metáforas, íntimo y que me obligó a parar en par de ocasiones pues se me empeñaban las gafas.
Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para recordar mi origen cada vez que yo viva. En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de cristal, aunque ella duerma lejos: sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie su nombre escrito.
Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme amorosamente con su parábola descalza; vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos tiritando de suerte, y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de bienvenida a un hogar diferente.
Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que me ciño como hija primogénita de Dinamarca. Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará mi lengua a disposición de mis muertos.
Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio corazón en huelga mío, pues no olvido:
nací para llorar la muerte de otros.
❤️ ¿Por qué las palabras de Elena no llegaron antes?
"En la familia de mi madre los hombres no viven más de cuarenta años. A las mujeres nos crecen las líneas de la palma de las manos, por el brazo ascienden a plagarnos el rostro, de un vistazo proclaman nuestra edad, naturaleza abierta. Recortarán nuestro corazón por la línea de puntos; lloraremos, antes de tiempo, a quienes deberían llorarnos a nosotras. Y seremos huérfanas, viudas, preguntándonos cómo nombrarnos cuando nuestros hijos mueren, cómo llamarme ahora que estás muerta."