Como un moderno Dr. Frankenstein, Juan Diego Incardona extrae fragmentos de otras historias y vuelve a unirlos con una técnica impecable y original, creando un cuerpo nunca antes visto, entreverado de personajes icónicos de la historia y mística argentina. Criminales, fantasmas y resucitados, lejos de ser los típicos monstruos que perturban y han perturbado a las sociedades, son criaturas que simbolizan los temores y deseos de una comunidad. Algo extraño se combina en todos y cada uno de ellos, haciendo que por momentos los monstruos parezcan héroes. Incardona, escritor de culto de la vida en el conurbano bonaerense, deja atrás el barrio y se interna en este libro de cuentos en un camino literario que une lo fantástico y lo mítico. Una ruta que nos conduce desde el fondo de la historia al campo de batalla donde unitarios y federales dirimen la patria naciente, al maravilloso desierto de las mil y una noches y a la cárcel del fin del mundo en la que el Petiso Orejudo enfrenta su destino final. “Activé el montacargas y fui al abrazo de mi hijo, que lloraba, repleto de vida. –¡Oh, Dios! –grité espantado–. ¿Pero qué es esto? ¡Un monstruo! ¡Mi libro! ¡Mi libro es un monstruo!” Del prólogo del libro
Juan Diego Incardona nació en Buenos Aires en 1971. Publicó Objetos maravillosos (2007), Villa Celina (2008), El campito (2009), Rock barrial (2010) y Amor bajo cero (2013), además de relatos y notas en distintas antologías, diarios y revistas. Actualmente, trabaja en el programa “Memoria en Movimiento” de la Secretaría de Comunicación Pública, coordina ciclos de cine en el ECuNHi, y es columnista radial de literatura en el programa "Viaje al centro de la noche" (Radio América AM 1190).
Gran antología que compré pensando que iba a encontrarme con relatos sobre la cárcel del fin del mundo, y no resultó ser así. No fue decepcionante, a decir verdad, ya que todos los relatos me gustaron bastante, y el del Petiso orejudo es el que más me intrigó. Un libro perturbador a su modo.
Este libro editado por Interzona me pareció muchas cosas a la vez. Entre ellas una obra de arte, una pieza de estudio y una lata de gaseosa.
Una obra de arte porque es literatura pura y dura. Posee 8 cuentos (considero al prólogo como tal) súper concretos, con descripciones que te sitúan en el lugar del hecho, con personajes profundos. Todos los cuentos forman parte del género fantástico, incluso podríamos decir que es evidente una gran disciplina por parte del autor en que estos textos sean del género, pero a diferencia de los textos escolarizados que encontramos en las antologías de cuentos fantásticos, en este libro los cuentos tienen su propia interpretación de aquellos mundos con los que tienen estrecha relación, porque son cuentos influenciados por otras historias, paralelas, o no, porque las paralelas no se cruzan...
Lo considero una pieza de estudio, especialmente su posfacio, en el que el autor detalla información sobre el género, el recorte que eligió devenido en camino tomado por él para crear su propia obra. Ese apartado es muy enriquecedor y nos permite conocer mucho sobre el proceso creativo, pues podemos suponer que Incardona no solo leyó esos textos, no solo vio esas películas que nombra, sino que lo hizo especialmente para escribir La cárcel del fin del mundo.
Una lata de gaseosa es una referencia que tomo del mail de la semana pasada de club carbono porque lo empecé a las 11 AM este libro y aquí estoy posteando. Me lo tomé de un trago, necesité ver el final del vaso.