Un payaso que se cae de la silla como un avión kamikaze y se rompe un brazo. Una payasa que ensayaba los chistes con los choferes de la compañía de taxis para la que trabajaba como operadora. Otro payaso que se llama Silpanchito para no olvidarse de una época complicada en la que comía y cenaba un mismo plato. Otro que casi se quema el pantalón una noche de San Juan por las chispas que saltaban de las hogueras. Otro que tiene diabetes. Otro en una residencia de ancianos de la ciudad de El Alto que veía pasar los días por televisión porque no tenía fuerzas ni para salir de la cama. Otro que organiza una protesta en una avenida para quejarse de los dolores de garganta de sus colegas... En un mundo donde la sonrisa y el buen humor son valores que cotizan al alza, los payasos nos recuerdan que para salir adelante hay que tomarse la vida en serio.
Español de nacimiento y boliviano de corazón. Fue director del suplemento dominical del diario La Razón de Bolivia, editor del semanario Pulso y fundador de Pie Izquierdo, primera revista boliviana de periodismo narrativo. Colabora con El País, Etiqueta Negra, El Malpensante, Emeequis, Internazionale, Gatopardo, Esquire y otros medios de Europa y América Latina. Ha sido alumno de Jon Lee Anderson, Francisco Goldman, Julio Villanueva Chang, Alma Guillermoprieto y Alberto Salcedo. Fue Premio Nacional de Periodismo de Bolivia en 2008. En 2012, terminó su primer libro: Los mercaderes del Che. En 2015, publicó La vida de las cosas y ganó la beca Michael Jacobs para periodistas de viajes. Cuando era joven, un hipnólogo le enseñó a partir tablas con la mano y a doblar fierros con la garganta, pero no le pudo ayudar ni a acabar con su tartamudez ni a trabajar en el circo. Desde entonces, trata de matar su frustración escribiendo.
Cuando lo vi por primera vez, me pareció un libro que no me podría tomar en serio. La vida de los payasos en Bolivia no era un tema que me llamara la atención. Pero luego de leer Rigor mortis —también de Ayala—, decidí darle una oportunidad. Y me alegró descubrir lo equivocado que estaba: Ser payaso es cosa seria es un muy buen libro. Es periodismo de gran calidad. Se nota que Ayala se metió a fondo en el mundo de los payasos, que tiene un don para ganarse la confianza de la gente, para relatar lo que le cuentan y lo que ve. Su libro hilvana historias que oscilan entre lo divertido y lo conmovedor, reflejando la precariedad de ciertos sectores de la sociedad boliviana, pero también una lucha por la felicidad ajena.
Las fotografías que acompañan el libro son tan elocuentes como el texto; y la forma en que están intercaladas, en páginas a dos colores vivos, le aportan al conjunto un aire de fiesta.
Cada libro es diferente al otro. Y cada uno supera al siguiente, que no se entienda como una competencia entre ellos, sino que las últimas publicaciones nos acercan más a esas situaciones que solo conocemos mediante la lectura.
Los dos libros anteriores, La vida de las cosas y Rigor Mortis, rescatan escenarios tan extremos y locuaces que te atrapan y te sorprende que la vida sea así.
Este libro, Ser payaso es cosa seria, nos acerca al mundo complejo, como cada vida, de esos seres que se maquillan y nos hacen reír en fiestas de cumpleaños y en circos. Nos muestra sus vidas con esos contrastes tan jodidos, escenas humanas demasiado humanas que nos enternecen y nos ponen al borde del llanto. Tiene tristeza, risa, desazon, trabajo duro, enfermedad y muerte. Como la vida misma.
Muchas veces vemos a un payaso en la calle y puede que nos causen temor porque nunca nos agradaron o puede que nos traigan recuerdos de aquellas fiestas infantiles a las que acudimos cuándo eramos niños... sin embargo, alguna ves nos detuvimos a pensar que "Ser payaso es cosa seria"? Este libro nos muestra un poco acerca de la vida de los payasos tras bambalinas.