Se nota mucho que Copano vivió con Zambra, porque hay *algo de eso en el libro. Es un libro muy piola, pero igual (A MI) me pareció lindo.
He de admitir que soy seguidor de este personaje desde que tengo memoria; lo imitaba en el colegio y veía escondido El Club de La Comedia en las noches de los martes. Cuando le robaba internet a la vecina buscaba sus rutinas en YouTube para aprendérmelas de memoria y, otra vez, imitarlo en el colegio. Así que sí, es fácil intuir porqué me gustó el libro.
A uno se le olvida que estudió literatura en la Portales —en donde se hizo amigo de Alejandro Zambra— para escribir guiones (se supone), pero se nota un estilo propio que lo recuerda. Algo que igual es perjudicial, en cierto modo, porque cae mucho en lugares comunes que terminan por rellenar el relato más que sumarle. Igual es lindo leer ciertas cosas que después terminaron dentro de unas rutinas por ahí (como la parte final), porque quizás pensó que no le había ido tan bien al libro.
Lo que sí, tengo la impresión de que Copano hizo este libro porque quería “quemar” esta parte de él. Como dice al inicio, es una forma de recordarse a sí mismo estas vivencias, el cariño de las personas, sus orígenes y su “vida como dibujante” —que no es más que la punta del iceberg en esta historia—. Es por eso que no lo veo escribiendo otro libro y este es una autobiografía.
Le duela a quien le duela, Fabrizio es una persona muy creativa y, como tal, ha buscado las formas en las que expresarse y así contar todo lo que tenga que contar. Ya sea en el dibujo, en la actuación, en los guiones, en los documentales, como presentador de un programa o en la comedia, Copano se busca a sí mismo y busca contárselo a los demás para darse una respuesta. Y eso está bien.
Estaría bueno que siguiera escribiendo para mejorar esta arista de su persona, de la que muy pocas personas pueden jactarse. Pero está bien, que mejore con la comedia.