Tengo sentimientos encontrados porque, por un lado, me divirtió y entretuvo, pero por otro tuve momentos en los que si no me obligaba a leer no avanzaba.
Empezare por lo que considero menos bueno (siempre bajo mi criterio). Lo primero que sorprende de esta novelette es el estilo que emplea la autora, muy similar al de los textos antiguos, y aunque es verdad que está simplificado para agilizar la lectura a mí me resultó un poco cargante aun así, y creo que por eso me costó entrar en la historia. Luego, pese a que el título se refiera a Rodrigo y sus años mozos antes de convertirse en El Cid, es más bien poco lo que leemos de él y del Flurfur que lo acompaña, y la novelette se centra quizás demasiado en la historia de los reyes de las múltiples Españas (esto no es necesariamente malo, conste, me ha parecido interesante, aunque no es lo que esperaba), y las desventuras de Rodrigo acaban por ser el alivio cómico.
Vayamos a lo bueno ahora, sin matices: la reinterpretación de la historia. Me ha gustado cómo la autora ha metido representación LGTB en un texto que no dejaba mucho espacio a ello; lo de las polillas y las luciérnagas de cierta pareja me ha matao. No le habría venido mal también más espacio físico para desarrollar mejor esas relaciones, pero las he disfrutado mientras las leía. Creo que es el tipo de retelling (podemos llamarlo así) que haría llorar a cierto sector de la política española, y no de la manera buena. Y finalmente, cómo no, las vírgenes (o ángeles, no sé bien cómo calificarlas), que alivian el drama con sus intervenciones.
Me habría gustado darle más estrellas, la verdad, pero tengo que valorar todo. Es una lectura que recomiendo, desde luego.