En 1822, año en que la provincia colonial de Las Chiapas se independiza definitivamente de España, la selva lacandona es descubierta por primera vez como reserva forestal. A partir de ese súbito ingreso en la historia moderna, este inmenso baluarte natural ha sido escenario de un enfrentamiento entre forasteros y pobladores autóctonos. Pero esta vez, a diferencia de la época colonial, los agredidos no pertenecen a las comunidades indígenas.
“Aquí, los hombres se van volviendo selva. Para no morir como los árboles podridos, se vengan de un mundo que los lleva a dondequiera, un mundo que no pueden domar, y por eso lo destruyen.” (Monteforte, 1948)
“Oro Verde” es un libro histórico, una investigación profunda y meticulosa sobre la historia de la Selva Lacandona de Chiapas entre los años de 1822 y 1949, con un enfoque principal, debido a su protagonismo tan grande en esta época, en el redituable negocio de la tala y exportación de caoba y cedro.
Debo agregar que jamás había leído un libro de historia—al menos no uno de carácter académico, como lo es este debido a lo arduo de su investigación—así que fue una experiencia completamente nueva, y a veces frustrante. Encontrarme con páginas donde la mitad del papel eran referencias citadas y parecía que el autor no podía hilar ni cinco palabras sin hacer referencia a otro autor era algo para lo que no estaba preparado, pero pronto entendí que son cosas que vienen con estas cosas.
“Estos hombres se tutean con los peligros de la naturaleza”
La narrativa se divide en ocho capítulos que tratan de lo siguiente, en orden: contextualización de la Selva Lacandona y lo valiosa y necesaria de su madera, los relatos de tres hombres pioneros en la exploración del hostil terreno, la conquista de los ríos que conectan toda la selva, disputas de frontera con Guatemala, la subasta y privatización del territorio, la vida en las monterías de tala de madera, lo redituable del negocio en números y la decadencia de esta época.
Hay un punto del libro en el que el autor describe muchos de los acontecimientos y hazañas expuestas como dignas de películas al estilo del viejo oeste, y no puedo estar más de acuerdo. Gracias al apoyo del testimonio y las crónicas de muchos contemporáneos al descubrimiento de la Selva, que al ser abierta para el negocio de la madera sólo albergaba a 400 indios lacandones en su inmensa área, uno siente que de verdad está ahí.
Y esto último es algo que disfruté bastante de “Oro Verde”. No sé si sea cuestión específica de Jan de Vos o de muchos historiadores, pero este autor supo cuándo dar un paso hacia atrás, dejar de lado sus palabras e incluir amplios extractos de personas que lo vivieron todo. De esta manera, lo asombroso de una vista aérea de la Selva, la crueldad en los tratos dados a los monteros, lo extraordinario en ver columnas de más de veinte bueyes cargando trozas de toneladas al grito primitivo de los boyeros—todo es tan real y carga mucho más peso.
“Los señores Dorantes, Doremberg y Martínez De Castro reparten la Selva Lacandona, sentados en sus despachos del Distrito Federal”
Uno siente el amor del autor por la Selva Lacandona al leer lo fuerte de sus críticas, las cuales abundan a través del libro. Desafortunadamente, esta región jamás tuvo una verdadera oportunidad. Al encontrarla tan rica en recursos naturales y tan vacía de personas para resistirse, su destripamiento comenzó enseguida. Compañías que despiadadamente talaban mucho más de lo permitido, juegos diplomáticos con Guatemala para burlar a ambos gobiernos, latifundistas millonarios desde la capital que jamás pusieron pie en la selva, la explotación del recurso humano y natural, inversionistas extranjeros que explotaban a México y llevaban las ganancias a sus países de origen—temas recurrentes de crítica.
Algo que me agradó es el tono cínico en la crítica. En alguna página, hablando sobre las monterías donde se talaba madera, se lee “Estas camas estaban hechas de la caoba más fina, que hubiera valido miles de dólares en Londres o Nueva York. Aquí, la caoba servía hasta para leña.”
Para contrapesar, algo que me dio miedo, muchísimo, es que al acercarse el final del libro y después de tanta crítica, Jan de Vos describe la tala de madera durante esta época como una empresa inofensiva y poco dañina hacia la selva, comparada con todo lo que vino después de 1949, año en que el gobierno mexicano prohíbe la tala indiscriminada en la Selva Lacandona y la venta de su madera en rollo, ahuyentando a las pocas casas madereras que quedaban después de tantos años. Sobre este periodo posterior a 1949, el autor escribió otro libro y pronto lo leeré.
“…muchos recordarán con inmensa nostalgia los tiempos pasados en las monterías, cuando la selva todavía era selva y ningún tractor o motosierra violaban los silencios y ruidos naturales del bosque tropical”
“Oro Verde” construye eficazmente una narrativa de la Selva Lacandona entre los años 1822 y 1949. Como dije anteriormente, uno entiende el amor del autor por la Selva al leer lo fuerte de sus críticas, pero también al leer cómo habla de su belleza—incluso sobre lo bello en lo despiadado. Y es así como decide cerrar el libro, en una nota optimista sobre lo vivido aquellos años, en el también conocido como Desierto del Lacandón debido a su cualidad remota e incomunicada.
Al leer las historias extraordinarias de los primeros hombres que se atrevieron a hacer suya la selva, sobre el espectáculo caótico de decenas de animales cargando troncos de toneladas que eventualmente viajaban por sí solas en los ríos caudalosos hasta llegar a la costa, es fácil dejarse llevar por lo impresionante de ellas. Es muy, muy fácil. Casi se me olvida que estas hazañas, dignas de las películas e historias más épicas jamás escritas, fueron todas en nombre del capitalismo desenfrenado, del destripamiento inconsciente de la naturaleza.
Esto me conflictúa profundamente pero, por el momento, decido tomar una postura similar a la del autor. Es tan importante ver las consecuencias y las injusticias acontecidas en esta época, como reconocer y admirar el épico trabajo de personas determinadas a muerte a lograr algo imposible. Supongo que nuestro mayor pecado siempre será la codicia sin medidas.
“Jimmy, don’t touch that land. It’ll kill you”
Experiencia interesante la de leer libros históricos. La recomiendo bastante. Debido a lo informativo de la lectura, me vi en la necesidad de que mi proceso fuera diferente, así que fui realizando un control de lectura a finales de cada capítulo. Definitivamente me quedo con ganas de leer más libros del estilo, empezando con la continuación directa de este: “Una tierra para sembrar sueños. Historia reciente de la Selva Lacandona, 1950-2000”. Tal vez acabo de descubrir, o más bien, entender, mi pasión por la historia.
También cabe agregar que la lectura de este libro fue mil veces mejor e inmersiva debido a que actualmente vivo en la Selva Lacandona con mis abuelos—cosa que acabará pronto, pero igual. En realidad yo ni siquiera sabía de la existencia de “Oro Verde”, sólo lo encontré empolvado en el librero de mi abuelo, debido a que ya me había acabado mis libros y estaba buscando algo más qué leer. Vaya descubrimiento el que hice.