Para muchos de sus contemporaneos, El hombre que esta solo y espera fue ""verdaderamente una biblia portena que trata del amor, de la amistad, de la politica, del juego, de la aventura, del aburrimiento, y de la tragedia sexual de Buenos Aires"". Para otros, se trato de ""un libro que es a Buenos Aires como Don Segundo Sombra y Martin Fierro son a la pampa"". El tiempo transcurrido desde entonces ha revestido a este libro de nuevas resonancias. Criticos e historiadores la reconocieron como una de las obras clave del ensayo de interpretacion nacional. Acompanando esta cuidadosa edicion de El hombre que esta solo y espera, los textos de Alejandro Cattaruzza, Fernando D. Rodriguez y Sylvia Saitta recuperan para los lectores del siglo XXI un clasico de las letras argentinas del siglo XX.
Intuiciones y pálpitos que, aun cuando debatibles, dan en el clavo. ¿Está inventando o es tan específico que asusta? Como porteño convicto y confeso, admito que tiene sentido.
Ese pedazo de título puede inducir a algunos incautos a esperar una increíble novela, pero debo advertirles que sus expectativas se verán frustradas y se llevarán una sorpresa: El hombre que está solo y espera, alterego del otro tipo urbano presentado en este libro, El hombre de Corrientes y Esmeralda, es un magnífico ensayo sobre la argentinidad en Porteñópolis hacia comienzos del siglo XX escrito por Scalabrini Ortiz. Una colección de breves textos que nos hablan sobre las pasiones, el carácter, las formas del lenguaje, las filosofías de vida, las costumbres, las modas, las amistades, la música, los lugares predilectos y otras yerbas en torno al hombre porteño. Es un libro para ser leído escuchando una colección de buenos tangos de fondo, sentado con el cigarrillo oscilando en la punta de la boca, bajo la luz de la luna y las estrellas en algún café porteño. Es una obra filosófica, poética, mística, política, machista, popular, anticapitalista, esencialista, diferente, compleja. Por último, quiero destacar la presencia que tiene en su pensamiento y su escritura la obra del único Macedonio Fernández, que hasta le dedica varias líneas de elogios hacia el final del libro.
Este libro fue un grato descubrimiento. Del autor sólo conocía su calle, ex-Canning, en el barrio de Villa Crespo. Es uno de los tantos que nombra Álvaro Abos en algunos de sus libros y por algùn motivo me llamó la atención lo suficiente como para buscar uno de sus libros. El título me parece logrado y prometedor. Y lo que es mejor, resume muy bien el contenido y tono del texto.
El estilo es actual, ameno de leer a pesar del siglo que nos separa desde su publicación (1931). En su manera de contar hay una poesía orgánica que deslumbra y comunica con potencia a la vez. Va construyendo el arquetipo porteño bajo la figura del Hombre de Corrientes y Esmeralda y lo asocié de inmediatao con el hombre masa de Ortega, el gris de Dolina, las famas de Cortázar. Tiene una sagacidad para indagar en la psicología porteña y para contarla con una calidez que conmueve que vi a pocos: Martinez Estrada, Wimpi, Artl y alguno más. El formato es simple: capítulos cortos que abordan diferentes temas pero siempre hilvanados por el ser porteño que se va refinando hasta pintarnos una imagen completa. El capítulo Libreta de apuntes (el que resaltó Álvaro Abos y me hizo darle una oportunidad a Scalabrini Ortiz) es un diccionario a la manera del de Ambrose Bierce o Jardiel Poncela: el autor da definiciones que capturan perfecto su mirada única sobre el hombre y su ciudad.
En resumen, creo que es un libro imprescindible para quien quiera saber más de esas décadas gloriosas de los veintes y treintas porteños, de los grupos Boedo y Florida, de las idas y venidas a la meca, Europa, de formación o plenitud de los artistas y escritores que marcaron el siglo XX, al menos en Argentina. Incluso para entender mejor al porteño actual porque aunque haya cambiado el paisaje (y no tanto, la verdad) mucho sigue vigente. Mi duda es si éste es su one-hit wonder —como sospecho— o hay algo más de su obra que merezca la pena ser rescatado.
Frases preferidas: “La que el porteño muestra, es su mentira.” “La amistad porteña es el olvido del egoísmo humano.” “El que mira todo el bosque de manzanos, no ve más que el bosque.” “El hombre porteño tiene una muchedumbre en el alma.” “El porteño es inmune a todo lo que no ha nacido en él. Es el hijo primero de nadie que tiene que prolongarlo todo.” “En silencio, el hombre sorbe sus mates y mira cómo se van sus días.” “Aprendió a mirarse vivir.” “La vida resbaló sobre él. Él no la vio pasar.” “El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un misántropo que odia la soledad personal.” “Son artistas sin otras materias plásticas que su propia existencia. Sueñan.” “(...) sino de una muerte que está en él, que le envejece.” “Empingorotado en su vanidad, el intelectual se empobrece, se desnutre, se malea.” “La hazaña es una cosa exterior al hombre. Para juzgarlo, él necesita escarbarlo, desnudarlo de predicamentos.” “La tarea más seductora para el porteño son los cargos de oficina: una distracción manual en que simular una ocupación real y una libertad de imaginación no coartada.” “Para mí, una siesta vale mil pesos.” “La riqueza es otra superstición que no lo engaña: da poco y resta mucho.” “Esas estrafalarias cajitas llenas de traiciones que son las palabras.” “Las palabras son juguetes peligrosos.” “El hombre porteño presume que todo lo que se denomina se momifica.” “El hombre habla sin apuro, como si la eternidad fuera suya.” “El porteño es un marino. Buenos aires es un enorme barco inmóvil que está varado en la vida.” “El porteño envuelve a la mujer que le atrae en una malla de sueños tan densa que la mujer es apenas una bolita de nieve que comenzó a rodar.” “El tango es casi caminar.” “El hombre es yuyo de homeostasis positiva.” “Vives a mi lado, como la sombra, y como la sombra te escurres, permaneciendo.” “De ausencia soy.” “Soy más uno cualquiera que yo mismo.” “Soy un niño que no puedo serlo.”
"La amistad no persigue remuneración alguna. Se da libremente. Un buen amigo no podría ser feliz sabiendo que sus amigos no lo son. Dos amigos forman una tertulia, un mundo completo y ficticio en que el mundo ya no es valedero. La amistad porteña es un fortín ante el cual los embates de la vida se mellan. La amistad porteña es un olvido del egoísmo humano."
Comencé este libro sin otra expectativa más que querer leer algo de Scalabrini Ortiz. En esa búsqueda, quería algo argentino y encontré el ensayo por excelencia. Es un libro corto pero disfruté de darle su tiempo. Retrata la idiosincrasia del Hombre de Corrientes y Esmeralda, tipo-ideal del porteño del siglo XX. Asombra tanto la cercanía como la distancia que cobran distintos aspectos, formas e ideales tan milimétricamente bosquejados por el autor. Como la Biblia, creo que es un libro en el que uno encuentra lo que está yendo a buscar y lo que necesita oir. Por tanto, lo volvería leer en un futuro.
Caricatura romántica del porteño, a la vez que una investigación antropológica del «ser argentino». Ocupa correctamente su propio lugar en la literatura nacional.
Para mi pierde puntos por lo innecesariamente complicado de la prosa.
Un ensayo sobre el Hombre de Corrientes y Esmeralda, el porteño. Maravilloso desde el primer momento, con un prólogo conciso pero sentido: Este libro, que compendia los sentimientos que yo he soñado y proferido durante muchos años en las redacciones, cafés y calles de Buenos Aires, fue vivido durante los treinta y tres años del autor y escrito en un mes, septiembre de 1931. La literatura nos alcanza todo el tiempo y en todos lados. Las líneas que leemos son el intento de exteriorizar fenómenos internos, reflexiones que van y vienen, intercambios explícitos o no con las personas y con las cosas. La salida verbal de un torrente de ideas muchas veces indefinidas que nos visitan y que en el mejor de los casos, como bien supo hacer Scalabrini Ortiz, terminan teniendo una forma gracias al lenguaje. Les recomiendo sumergirse en esta radiografía del porteño de principios del s.XX según Scalabrini, en el cual seguramente en más de un aspecto se verán representadas/os.
Scalabrini Ortiz trata de describir la idiosincrasia de un porteño que ya no existe. Un porteño que se gestó gracias a ese crisol de subjetividades que poblaron nuestro país en una de las tantas olas inmigratorias. Naturalmente este personaje ha evolucionado conforme ha pasado el tiempo y se convirtió en un ser mucho más homogéneo. Distinto a aquél. Es interesante buscar esos puntos de contacto entre ese porteño que nos dibuja Ortíz y el de hoy en día.
Lo leí como tres veces, hace no mucho termine de releerlo y me encantó como está calcado aquella personificación del "Hombre de Corrientes y Esmeralda", cómo están expresado sus sentimientos, su sabiduría, y sobre todo las amistades de esta personificación, inclusive, esto va mas allá de solo "el porteñismo" y lo podemos ver en la argentinidad misma. Si uno hace el esfuerzo de sumergirse allá por los 30s, encontrará sentimientos muy familiares. Me hubiese gustado que sea un poco más largo, pero tal vez soy yo, tal vez agregarle más palabras al autorretrato del porteño hubiese sido medio pesadito.
3.5⭐ No pensé que pudiera disfrutar tanto este libro, denle una oportunidad, es muy linda la forma en la que retrata al porteño, a uno, con todo lo que implica ese espectro de tipo. Denle una oportunidad, usa palabras muy extravagantes y a veces te podés perder un poco por eso, pero vale la pena
Gran analisis metafisico. El hombre de corrientes y esmeralda es la descripcion espiritual del Argentino del siglo XX y XXI. Una escritura de altisimo nivel pero sin caer en intelectualismos. Obra clave en la formacion del ser nacional
ser porteño es un deporte que se ejerce desde hace al menos un siglo, con pocas diferencias a lo largo del tiempo. el capítulo acerca de la amistad me lo llevo tatuado en el alma, qué hermoso.