Una desenvuelta voz rememora con radical sinceridad sus primeras erecciones en los camarines de hombres, sus pulsiones eróticas con los compañeros de curso y su temprana vinculación a las Juventudes Comunistas donde la áspera lógica heterosexual, opera como signo dominante de la izquierda de aquella época. De fondo oímos el televisor Motorola y su programación ochentera como un ruido blanco, el telón gris dictatorial imantando su violencia en todo el territorio, y a los padres, dos fantasmas o ánimas, que comienzan a diluirse, a mutar durante la adolescencia, a volverse otros en la adultez.Papelucho gay en dictadura es un libro híbrido plagado de conmovedoras escenas y agudas esquirlas, que se ubica en el límite de la auto ficción y la escritura de memorias. Un brillante testimonio que retorna a la experiencia de crecer y sus metáforas. Y abre otro lo duro que resulta para un adolescente, luchar contra la dictadura y entenderse gay al mismo tiempo. También hay epifaní días junto a las tías, jornadas de peñas, de El Trolley o encuentros con el fantasma de Rodrigo Lira. Una obra entrañable que confirma la contundencia del proyecto narrativo e intelectual de Juan Pablo Sutherland.
Es difícil explicar lo mucho que este libro me ha internamente movido. El texto íntimo de Sutherland sobre sus experiencias se mostró un reflejo muy accesible de mi propia experiencia. La casa con la tele a color y la maquina Olivertti usada es el espacio en el cual lo paterno se fue a otro lado dejando una familia que parece quizás mejor ajustada si no fuera por estar uno ahí insistiendo en pertenecer; la escuela es donde conviven los compañeros que despertaban deseo y miedo (en algunos casos a la vez); en el vecindario y la iglesia está esa gente que sabe cosas sobre nuestra vida que son misteriosas y confusas hasta para uno mismo. Son esos mismos los espacios que yo también he estado de alguna u otra forma ahí por los años 80. La vida entre la dictadura y la militancia de izquierda es lo más ajeno pero también hay en este contexto la demanda por un equilíbrio entre dos extremos que te rechazan en lo más íntimo. Papelucho Gay en Dictadura muestra esa vida fuera de lugar, una existencia que se construye como un cansador acumulado de proyectos que nunca llegan a concretarse porque no hay espacio para gente rara como nosotros, que a ratos nos reconocemos en la mirada y nos refugiamos, disfrazados en ropas negras y ojos marcados, en las noches de la Fausto (o en mi caso 1140) pero que a luz del día acabamos por no pertenecer por completo en lugar ninguno. Es un libro que no ha sido fácil encarar, pero que muestra, una vez más, que no estoy solo… no estamos solos.
Me gustó, es la experiencia un chico gay en plena dictadura. Me molestaron un poco las acotaciones, aunque algunas eran interesantes, la mayoría me parecieron innecesarias.
Recordar una época oscura de la vida; ha de ser una de las tareas de mayor resilencia. Sutherland hace ello, pero con un aura de extraña añoranza por un pasado cargado de militancia política, de lucha contra la dictadura, de descubrirse, de pensar sus recuerdos acorde a lo que se quiere recordar. Quizás es un ejercicio íntimo; pero que logra convertirse en literatura bajo el prisma de saber qué decir y qué callar. Es una novela experimental, con un tinte autobiográfico que pasa tranquilo. Reconforta pensar que se puede escribir así.
(...) “No fumo casi nada, pero ahora quiero intentar hacer algo con las manos. Me siento incómodo si no tengo un libro, un cigarro o un arma. Pero recuerden que el arma es sólo por estilo.” “Cargaba un pelo largo sobre los hombros y una vez me regaló la figura del Che en una cartulina roja con la imagen más famosa de su rostro. Esa cartulina la tuve por años arriba de mi cama, hasta me pajeaba mirándola pensando que la revolución fuese apasionada como yo.” “Soñaba con un carné con las fotos de Lenin y Marx, pero encontré una pobre hoz y martillo aspirando a un dorado artificial que se deslavaba apenas lo tocabas. Con los años la hoz y el martillo fueron desapareciendo de mi carné como de mi vida.” “Al llegar a mi casa lo vi en las noticias, en la televisión Motorola de mi abuelo que tenía un alicate muy famoso en mi casa. Quien tuviese ese alicate tenía el poder.” (...)
Leí esta novela hace un par de semanas, en preparación para la entrevista que le hice al autor en la Biblioteca Nacional. Me fue fácil conectar con la historia de Sutherland. Qué bonito leer a un autor que también creció en Pudahuel. Y qué valioso revisar estas experiencias que guardan tanto sobre nuestra historia como comunidad. La lectura me pareció llevadera, aunque ninguna frase me pareció particularmente bella, debo admitir.
Sin mucho que decir. Es un relato de la propia vida de este autor chileno durante la dictadura de Pinochet en ese país y siendo él un militante de izquierdas y gay 🏳️🌈.
No me llegó mucho su historia. Está escrito como entradas en un diario, en donde cuenta lo que va viviendo.
En fin, un libro corto y con algunos relatos entretenidos, pero no mucho más.
El relato es interesante y novedoso, además de ser un tema poco explorado en la literatura chilena (excluyendo al trabajo de Lemebel). Sin embargo, me pasa con ciertos aspectos de la narración que no me convencen, como los pies de página que utiliza a modo de acotación.
me pareció una serie de historias inconexas, no me permitieron adentrarme bien en el libro. Hay partes que me hubiera gustado conocer en mayor profundidad, pero todo estaba en un cierto tono simplista.
Gran libro, importante saber la mirada desde disidencias sexuales de izquierda en plena dictadura. A veces sentía que Papelucho Gay era yo. A veces sentía que yo había escrito esto. A veces.
Compré este libro engañado por la ficha técnica que lo anunciaba con un tamaño que no se reflejó en la realidad; lo que recibí fue un minilibro de letra minúscula como aquellas novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía. Físicamente incómodo de leer.
Se trata de un relato biográfico de la niñez y adolescencia del autor en tiempos de la dictadura de Pinochet, su despertar sexual como adolescente homosexual, su militancia política, la pobreza y la vida de subsistencia de las familias de la época que apenas sobrevivían.
El libro está plagado de notas al pie que explican diversos elementos de la cultura popular de la época como shows y personajes de televisión, programas de radio, las fiestas del Santiago de los 80s, etc. En mi opinión, estas notas obstaculizan la lectura y algunas están completamente de más. También contiene erratas, errores de escritura, problemas de acentuación, etc. Entre otros:
pág. 40: "Linda Wagner" por "Lindsay Wagner" pág. 101: "junto onces personas más" pág. 123: "no conocía nadie"
La lectura se hace muy rápida, es una crónica corta y de contenido entretenido aunque me quedó la sensación de haber leído pincelazos biográficos. Me hubiera gustado que el autor profundizara un poco más en su vida. Fácil de leer.
La trama de historia es buena. El descubrimiento de la sexualidad en un período catastrófico como lo fue la dictadura. Lo que sí, no me termina de convencer el cómo está escrito, tiene notas al pie de páginas innecesarias que pudo desarrollar en el mismo párrafo. Y también, la continuidad, a veces sentía que no desarrollaba los puntos del todo y ya se saltaba a otra situación.
"Cuando mamá me vio, con sus zapatos medio puestos, arrimado como una garza aprendiendo a caminar, igual que la Clarabella, me asusté tanto que tropecé cayendo directo al suelo." Cuando conocí a Juan Pablo Sutherland llevaba el abrigo de su destacada madre. Leyendo la cita, noté que él, como muchos de nosotros, se puso en algún momento los zapatos de la mamá. Con esto puedo decir que conozco bien a Juan Pablo Sutherland.
Este libro me estuvo penando harto tiempo, me lo topé harto en ferias y espacios literarios, pero nunca fue de mi interés en particular (puesto que soy una persona muy poco informada de política y no es este tema uno que me interese demasiado), pero me tocó moderar un espacio junto al autor para hablar de esta obra en mi club de lectura. Bien, me tocó leerlo nomás, en ese momento no tenía el libro a mano y en lo que me llegara no alcanzaba a leerlo, así que leí algunos extractos nada más, los que pude pillar en la web: me fascinaron.
Con lo poco que leí, tuve miles de preguntas y temas de conversación, los cuales le hice saber al autor cuando nos juntamos, luego llegó el libro y pude leerlo. Lo leí en una sentada, puesto que no es extenso en lo absoluto y es una lectura llevadera, divertida y llamativa. Ya no me pasaba eso de leerme un libro de una sola sentada.
El autor, tanto en el libro como en persona, me dijo que la razón de escribir Papelucho gay en dictadura era porque, al crecer y acercarse a la lectura, se hizo fanático de Papelucho, pero que se daba cuenta de que no existía un Papelucho que lo represente a él. De ahí nació todo, quería hacer de este personaje un chico marginal, representar a todos los que en su momento buscamos un Papelucho como nosotros y, por más que amaramos el trabajo de Marcela Paz, nunca conseguimos encontrarnos del todo en sus relatos.
Así, Papelucho, va creciendo con sus descubrimientos sexuales, su postura política bien clara y un escaneo y recorrido por el ecosistema social de la época. Tiene momentos muy, muy tiernos y graciosos, anécdotas para recordar y referencias a la cultura pop, pero junto a esto, se le suma una sombría realidad consciente de cómo era la vida bajo la persecución política, haciendo de estas anécdotas una montaña rusa, en un capitulo nos matamos a carcajadas y en el siguiente descubrimos que le mataron a un amigo.
Siento que la obra en sí, tiene una fuerza de desplazamiento, un reconocimiento sobre las niñeces sexo-disidentes de los estratos más bajos chilenos, las niñeces poblacionales, marcadas por una realidad compleja y categorizaciones fuertes. Toca el tema, muy relevante, de los partidos políticos y su relación con las disidencias sexuales sin pelos en la lengua, habla de autores y eminencias de la época, de activistas y performances, de victimas y victimarios, haciendo un gran recorrido sobre cómo era el mundo en esos tiempos.
Habla de momentos específicos y relevantes de la dictadura, tanto antes como después de la misma, en especial se centra en la vida ochentera, se enmarca mucho en la transformación urbana de Santiago. Creo que es un buen libro para acercarse a estos temas, porque da una visión clara y segura de todo, sin ser demasiado crudo o pesado, además, es ideal para gente joven que, como yo, no tenga idea de la mitad de lo que se dice acá. Como yo soy una persona cero informada en política, y además de región, valoro aprender de estas cosas, hasta de detalles muy simples como los cambios en las comunas y construcción de Santiago, ¿quién me iba a contar esas cosas?
La edición me gustó mucho, muy bonita. Adentro trae fotos que ayudan con la intimidad del escrito, además de las anotaciones que, en algún momento, vi que les molestaban a algunos. A mi se me hicieron exquisitas, permitían ver un buen recorrido entre lo textual y lo no literario de lo que se está contando, además, permite conocer más al autor y valoro que se use tanto este recurso, porque hace de su trabajo más intimo.
En fin, lo único que realmente me causa molestia, es como sale el apellido del autor en la portada, noté que es parte del sello de esta línea de Alquimia, y le pido disculpas a la editorial, pero está horrible eso de que el apellido del autor salga de la portada y atraviese a la solapa, ni siquiera está recto, ¡está en diagonal! ¡ODIO las diagonales! Pero bueno, ignorando ese detalle bien difícil de ignorar, puedo decir que la portada es maravillosa, y se nota que Sutherland estuvo bien encima para que sea como él quería.
4/5, le pongo 4 porque me gustó mucho y me parece bien completo, pero podría ser un 3 para algunos, o un 5 para otros. Creo que este libro es un buen libro, y que la variación en su puntuación es por cosa de gustos, nada más.
Sutherland nos permite visitar, a partir de su autobiografìa novelada, sus reflexiones y preocupaciones acerca de la identidad, el descubrimiento sexual y los contrastes de su familia en la época de plenitud y ocaso de la dictadura cívica militar desarrollada en Chile en los años 70`-80` del siglo XX. Una vida entrecruzada por el despertar erótico-sexual de un adolescente militante de los grupos de izquierda en un contexto alarmantemente riesgoso.
El autor se vale de acompañamientos literarios fantasmas, recuerdos, fotografías y evocaciones personales para retratarse a sí mismo y a los lector@s, las inquietudes que marcaron su vida infantil y adolescente, intercambiando miradas entre su presente adulto y las figuras que trae a conversación en su libro. Un diálogo que quizás es producto de la incansable necesidad del humano por encontrar respuestas a sus propias preguntas existenciales.
Un libro que nos presenta temas LGTB+ que aún resuenan en lo contemporáneo.
Los relatos contados a lo largo de este intenso libro, retratan las experiencias personales de un chico gay en plena Dictadura, dando a conocer diferentes situaciones en que, en cierta manera, su postura y forma de vida, para los demás, eran erráticas (incluso para la izquierda antifascista). Muchas temas son reflejados, otorgando un fondo como contenido muy visceral y demostrativo de la realidad país hacia con las disidencias. No obstante, la forma de organización de los hechos como las excesivas acotaciones generan una sensación de caos y de cansancio, confundiendo la linealidad y bloqueando la creación de imágenes al ser demasiado efusivo y rápido en mostrar los acontecimientos. Sin duda es un libro retrato lleno de vitalidad, pero esas formas confuden y obstaculizan el mensaje como tal.
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Una completa sorpresa. Un viaje al Chile de dictadura y el comienzo de la post dictadura. Papelucho, referente, creo, para una gran generación en Chile, queda aquí subvertido y, quizás más humanizado. Más imperfecto, según entiendo (Papelucho original nada en lo platónico, al parecer)
Este papelucho gay está llenito de nostalgia de los primeros toques del deseo, de la confusión, del autodescubrimiento emocional. Es una oda a la madurez y al limbo al que uno se enfrenta en la adolescencia. Un librito digno de releer.
Me gustó. Me hubiese encantado si no era por ciertos lugares comunes a los que solía recorrer y por el uso a ratos innecesario de las notas a pie de página. Siento que este último recurso era de un potencial que no se aprovecha del todo. Sin embargo, las imágenes que logra, el juego con el archivo, la capacidad de sugerir un erotismo que se entremezcla con luchas, violencias, miedos y angustias. Interesante.
Es un relato íntimo escrito a forma de diario o de anotaciones. Conecte con la sinceridad del autor, lastimosamente sus historias no me calaron tan hondo y no es una lectura que realmente me haya sumado algo. Pongo solo 2 estrellas por lo indiferente que me dejó terminarlo, es algo que vale la pena leer si por algún motivo tienes curiosidad, pero nada más.
De verdad que me gusto bastante el librito. Sutherland escribe parecido con la manera como escribo yo, fue algo bien sorprendente para mí. Aunque experiencias tan distantes en el tiempo/espacio me identifique caleta con su narrativa en diario. Desfrute mucho.