Momento 1: El amor como el origen y solución de todos nuestros problemas
No sé cómo partir, así que lo haré de la manera más sencilla: yendo de lo general a lo particular. En lo general, en lo grueso, me gusta la estructura de este libro. Es bella y hacia el final coincide consigo misma. Las historias se unen como un delta invertido, como la juntura de dos ríos. En la mitad, cuando las historias comienzan a evidenciar su cruce, me perdí un rato. No entendía bien hacia dónde iba y qué estaba pasando. Quizá porque esa semana yo también estaba perdida. Se murió el papá de un amigo. Me encontré con un ex por voluntad y con otro ex por accidente. Me empecé a despojar de todo lo que soy en Chile para irme a vivir a otro país. Me perdí en la vida y entonces me perdí en el libro. Luego, cuando me reordené, también pude volver a la historia y volví a ese delta invertido, esos ríos que se unen. Eso, la estructura. Luego, la prosa. Me gusta la prosa de la Romina, la forma en que cuenta las cosas, es una prosa directa (probablemente porque viene del periodismo) pero también poética. Llena de frases bellas, que subrayé a lo largo de todo el río. Frases como:
“Es demasiado caro, me lo quiero robar. Disponerse al daño, ¿era lo mismo que amar? En su cara las cicatrices se confundían con las arrugas. ¿Qué importancia tiene el amor en tu vida? Toda. Lo busco, lo mendigo. Creo que todos mis problemas se relacionan con eso. ¿Por qué chucha Chile siempre se está cayendo? Crees que estar con alguien es cambiar. ¿Será que somos tontos o valientes? Me sentía segura porque estaba con Diego. La gente me dice que me quiere, luego me deja. Son poetas, dijo mi amigo, no saben pasarla bien. Me abrazó y nos dimos besos de arena. Estructuras que parecen estables hasta que te apoyas en ellas para avanzar. Escribe cartas en su cabeza que no llegan nunca al papel. Quise decir algo amable pero en lugar de eso salió una roca. Comprendía que toda despedida era momentánea y que la vida daba vueltas”.
Subrayaba esas frases y al lado, escribía comentarios. Anoté: “Zambra. Hábil. Ambiente y conflicto. ¡PAF! Hermoso. Sutiles pero profundos. Como si solo ella nombrara el mundo así. Las formas de Reinos están aquí. ¿Qué chucha es el amor? Metaliteratura. Soltar. Desprecio abierto. ¿The Clinic? Ver frágil a una mujer que me hizo sentir amenazada. Pobreza provincia. Poesía. Palíndromo. La dictadura como música incidental. Odiar a los padres. Escapar del amor y perseguirlo a la vez. Ay. Nacimiento y muerte, el empuje de la existencia”. Y dibujé corazones junto a la palabra “paradero” y junto a la frase “cuicos culiaos”.
Leer a la Romina me hace preguntarme por la generación literaria que conformamos. Sé que hay personas de nuestra edad que escriben libros en otro rollo, ficciones que nada dicen sobre la chilenidad, pero las tres que estamos aquí adelante esta noche, tenemos en común escribir ficción con mucho tinte autobiográfico. Y si la historia no está basada en nuestras propias heridas, entonces pertenece a la clase social de la que venimos. Los flaites, dice la Paulina. Proletas, les digo yo. No sé cómo les dice la Romina. Esa gente que aparece en este libro, que anda en micro, que vive en Recoleta, que se atiende en la salud pública, que es hija de profesionales de clase media, como profesores o periodistas (que, he descubierto, son lo mismo). Que se enamora de alguien por los poemas que escribe. Todo eso me hace encontrrarme, porque mis personajes o los mundos que me interesa retratar también son esos. Nuestra generación ficciona entorno a las heridas de una clase media maltratada por la dictadura, aunque ya no estemos en dictadura.
“Ríos y provincias” tiene eso de lindo, de tocar las heridas. Y las heridas pueden verbalizarse, en frases como: tengo un hermano que vive en la calle, tengo un tío que está preso, mi papá es alcohólico, mi papá murió junto a una prostituta, mi mamá murió porque la atropelló una micro. Son secretos, verdades, dolores grandes que pueden resumirse en frases pequeñas, que develan lo que nos da tristeza, lo que nos hace frágiles.
Abordar las heridas —como ficción o no ficción— me parece muy valiente. Quiero pensar que las heridas de la Romina están presentes en su libro, aunque sé que ella no es ni Jaqueline ni Javiera.
Con la Romina nos pasó algo que también le sucede a los personajes de su libro. Eran tantas las coincidencias que algún día teníamos que encontrarnos. Yo fui al lanzamiento de Reinos, su libro de cuentos, en 2014, porque sabía que amigos de Noesnalaferia estarían ahí y porque nos conocíamos por Twitter. En ese entonces yo ni siquiera me había planteado la posibilidad de escribir un libro, la literatura no era algo que me pertenecía, yo estaba esa noche en el club Ramsai porque tenía amigos periodistas, no porque pensara la literatura. Después fui al lanzamiento de Qué vergüenza, el libro de la Paulina Flores, al que fui porque con la Pauli nos conocimos en un taller de crónica —de nuevo, periodismo— y en ese tiempo yo sí pensaba en escribir un libro, aunque no sabía si de ficción o no ficción. Y luego encontrar a la Romina en matrimonios, en cumpleaños de amigos, verla irse a estudiar a Argentina como yo también lo hice alguna vez, ir a su despedida en su casa, allá en el barrio Franklin, acompañando a otra amiga y ver, esa noche, también, a la Paulina. Y si nos encontramos es porque tenemos todo lo que nombré en común, además de tener el desafío de escribir en presente la literatura chilena. Eso hacemos nosotras tres acá esta noche, eso es este trío. Y me da mucha alegría que estemos las tres juntas, acoplando nuestras diferencias como esas piezas de puzzle que ninguna es igual pero sin embargo encajan. Sintiendo la alegría de lo generacional. En este mismo momento está la Paola Molina presentando su segundo libro “Ciudad satélite”, que habla de Maipú, igual como lo hace este libro.
Un amigo poeta, mucho más viejo que yo, me dijo una vez: no olvides la guerrilla literaria. Una guerrilla fundada en la rabia que me empujó a escribir libros, a crear cuentos que retrataran lugares que yo no había visto en la literatura. Barrios comunes descritos con palabras simples pero honestas. Entonces leí a Zambra, a la Paulina y a la Romina. Estamos en la misma guerrilla literaria, la que retrata personajes de la vida pequeña sentados en la cuneta. Eso sentí leyendo “Ríos y provincias”. Ahora tengo ganas de leer lo que va a publicar la Pauli. Más adelante, cuando yo termine mi novela, espero que ellas también me lean.
Momento 2: Falsas dicotomías para Romina Reyes
Hay una escena en este libro en la que dos personajes tienen un diálogo tipo test de falsas dicotomías. Y quiero hacerle ese mismo test a la Romina, pero, además, agregando otras preguntas, algunas de ellas se las hice al Eduardo Plaza cuando presenté Retámo. Todo esto es una idea que me robé del Grupo Weye, una noche en que entrevistaban a la Maca Araya Lira.
Falsas dicotomías para Romina Reyes:
Saber o no saber
Asesina o policía
Quererte o entenderte
Whatsapp o Instagram
Bolaño o Lemebel
Chela o vino
Prosa o poesía
Violeta o Gabriela
Periodismo o literatura
Sólo con tilde o Solo sin tilde
Ficción o no ficción
El Mercurio o La Segunda
Don Francisco o Kike Morandé
Lun o The Clinic
El ICEI o la UBA
Reinos o Ríos y provincias