Masaji Ishikawa es mitad coreano y mitad japonés, y esto marcaría su vida de una manera que no podía ni imaginar. Su padre, un coreano afincado en Japón tras ser retenido, llevado a Japón y esclavizado allí durante la ocupación japonesa de Corea, sufre el rechazo de la sociedad en la que malvive. Casado con una mujer japonesa a la que maltrata, crea un clima de terror en la más tierna infancia de Masaji y sus hermanas. Mientras tanto, llegan mensajes cada vez más fuertes desde Corea del Norte, que engatusan a este hombre y a tantísimos otros coreanos que anhelaban una vida decente, sin pasar necesidades, ni discriminación. Corea del Norte promete sanidad, trabajo y alimentación para todos. Corea del Norte se vende así misma como “El cielo en la tierra” y anima a todos estos coreanos que fueron obligados a salir de Corea, a volver a la madre patria que los recibirá con los brazos abiertos. El padre obligará a toda la familia a trasladarse, sin embargo, cuando Masaji y su familia lleguen allí, se darán cuenta de que estas promesas idílicas, poco tienen que ver con la realidad.
No es la primera vez que leo sobre la situación tan horrible que se vive en Corea del norte, pero sí es la primera vez que la persona que cuenta la historia, en este caso su propia historia, crítica sin ningún tipo de reparo a este oscuro e implacable sistema que actúa como si despreciara a las propias personas que conforman su sociedad. Y es que Masaji Ishikawa ataca, e incluso no repara en usar insultos, para describir a los culpables de toda esta barbarie y al resto que la permite, normalmente por intereses propios. Así señala a los gobiernos, tanto de las dos Coreas, como el de China y el de Japón, y cuenta cosas que realmente te hacen replantearte que clase de demonio hipócrita e interesado es el ser humano. Esas son sus cualidades naturales, la excepción a la norma es no serlo.
Aunque por el subtítulo podemos imaginarnos que el libro nos va a hablar de los sufrimientos que vive el protagonista para escapar de este régimen, no es así. Realmente, el libro nos habla de su vida en Corea del Norte y se centra en ella. Llega un momento en que nos hablará también del escape, pero no es la trama principal. Y es algo que me ha gustado mucho, porque lo que había leído por ahora se centraba mucho en el escape y poco en describirnos lo que realmente padece la gente que vive allí.
Es un libro durísimo que te destroza el ánimo, y creo que el hecho de que se note que Masaji no es escritor, influye incluso más en esa sensación de tristeza que te deja. Esta historia no está contada bellamente, aunque cuente grandes sufrimientos, cosa frecuente en la literatura asiática y que me suele encantar, sino que da la sensación de que estás escuchando a un amigo que, entre café y café, te cuenta la historia de su vida, con un lenguaje normal, sin florituras. Un largo monólogo escrito de manera directa, que te impacta tres veces más que si estuviera más estilizado, porque se siente más real. Su verdad traspasa las páginas. No está maquillado, todo se pone sobre la mesa y el lector solo tiene que empaparse de ello.
Recomiendo mucho esta historia para todos los que quieran descubrir un poco más de uno de los regímenes totalitarios más horribles de la historia de la humanidad. Cuesta digerir que estas cosas sigan ocurriendo en la actualidad, pese a todas las barbaridades que vemos al día. Pero también la recomiendo a todos los que no tengan un interés especial, porque la historia refleja muy bien la naturaleza humana, te remueve todo y toca donde hay que tocar. Eso sí, reservarlo para un momento en el que tengáis un ánimo alto, porque te destruye un poquito.