La novela comienza con una escena intensa y vertiginosa en la que un hombre intenta matar a su compañero en un vuelo de narcotraficantes, pero falla. Este error da inicio a una trama de acción y violencia que gira en torno a paquetes de cocaína que caen del cielo, dejando un rastro de muerte y desesperación. La historia se desarrolla en un mundo donde las fronteras entre el bien y el mal son difusas, y los personajes se enfrentan a sus propios dilemas morales.
Por un lado, están los "malos", encabezados por Strega, la temida líder de un cartel de droga, y sus secuaces como Keegan, un matón, y el psicópata Zupay, quien recibe la misión de recuperar los paquetes perdidos. Por otro lado, los "buenos" son personas comunes que, por suerte o mala fortuna, se encuentran con los paquetes, como Reiser, un exasesino retirado en las montañas, y los hermanos Vargas, quienes ven en los paquetes una salida de su vida de pobreza.
A lo largo de la novela, Ferraro teje una serie de personajes complejos y bien desarrollados, cuyas historias personales se entrelazan con la violencia de la droga y la lucha por sobrevivir. Más que una novela de crimen, "El cielo que nos queda" es una epopeya sangrienta y un western moderno en el que los personajes, atrapados en un pueblo aislado, se ven arrastrados por la ambición y la violencia del narcotráfico.
La obra explora temas profundos sobre la humanidad, como la lucha por una vida mejor, la lealtad familiar, la redención y la inevitabilidad de la violencia. La novela no solo es un relato de confrontación, sino también una reflexión sobre cómo las decisiones y las circunstancias pueden llevar a las personas a perder su humanidad en medio de la brutalidad. Al final, Ferraro plantea una reflexión sobre el lugar de cada uno en el mundo y la esperanza que puede surgir incluso en los momentos más oscuros.