Normalmente no soy de seguir las iniciativas que surgen en redes sociales de leer cierto tipo de libros en meses concretos, ni tampoco de lecturas estacionales. No digo que este mal hacerlo, más de una vez he caído en hacer ese tipo de lecturas sin ningún problema (y las que quedan), pero normalmente no le doy mucha importancia a ese tipo de iniciativas simplemente porque no las presto mucha atención. Que cada uno debe leer lo que quiera cuando le apetezca, y que está bien leerse un libro de Navidad en pleno verano si eso es lo que te gusta y lo que te pide el cuerpo. (la única excepción que tengo fuertemente enraizada es leer libros, góticos o de terror por la época de Halloween, pero es que esas fechas y esos géneros me gustan mucho). Pero este año si que quería participar en el #marzoasiatico con alguna lectura. Y al final no he podido intentarlo tan siquiera hasta los últimos días del mes, escogiendo un libro que tenía pendiente desde hace mucho y que pensé que iba a ventilarme muy rápidamente. Y que al final he acabado cuando ya hemos entrado en abril. Por un solo día no ha alcanzado, aunque creo que se puede considerar dentro de la iniciativa. Y es que pensé que iba a ser una lectura muy amena y ligera, pero si me ha atragantado totalmente durante un par de días en los que no he podido avanzar.
El titulo ya lo deja claro: “Tomoe Gozen y Otros Relatos de Mujeres Samuráis” se compone por seis historias de guerra enmarcadas en un periodo de guerras durante el Japón Feudal. El tomo se vende como relatos protagonizados por mujeres samuráis. Y tengo que decir que me parece muy engañoso hacerlo. Realmente las seis protagonistas son las excusa para componer esta antología, pero los cuentos no dejan de estar protagonizado por los varones y por la guerra. Los episodios que protagonizan estas guerreras solo sirven para dar un poco de color y contraste a las hazañas bélicas, conspiraciones y luchas de los varones.
No voy a negar que Ryū Tōgō es muy buen escritor. Es un autor que tiene una forma de escribir muy lirica y envolvente, logra transportar al lector a los escenarios que describe de una forma muy directa y eficaz. Las historias no puede ser más japonesas. Todas tienen un sabor añejo que te transporta totalmente a ese Japón bélico y medieval, a ese mundo de conspiraciones, luchas y guerras en las que los diferentes clanes se enfrentaban unos a otros por el poder y las tierras, y donde la lealtad y el honor lo eran todo, tan marcado por el férreo código Samurai, la senda del Bushidō. Son cuentos profundamente japoneses en todo, en su esencia y en el sentir y las convicciones que mueven a sus personajes. Y a la vez Tōgō logra hacer que todo sea muy contemporáneo, en el sentido de que al lector moderno no le cuesta mucho ponerse en la piel de esos caracteres. La combinación de historia y ficción, da lugar a que todo tenga un componente sentimental muy humano y cercano. Y el que cada narración sea tan corta, aporta agilidad a la lectura.
Pero lo que ha a mi me ha fallado un poco ha sido lo lioso que me han resultado cinco de estos relatos. Muchos personajes y muchos nombres, muchos conflictos bélicos y batallas, y demasiados datos. Es un libro con el que, como no tengas un mínimo de conocimientos de la historia bélica de Japón, es muy fácil perderte en él. De ahí que sea necesario leerse las historias con bastante calma y volviendo una y otra vez al índice de personajes que hay al principio de cada relato, y buscando información de los diferentes clanes, lugares y batallas que aparecen en cada historia. Creo que si hubiera tenido más conocimientos sobre historia japonesa me hubiera desenvuelto mejor entre estas narraciones, lo tengo clarísimo. Menos mal que están esos indices y una introducción al principio de cada relato, sin ellos la lectura hubiera sido mucho más farragosa ya que ayudan mucho a ubicarte con los personajes y las relaciones que tienen unos con otros. Un acierto incluirlos por parte de la editorial Quaterni.
La excepción ha sido el segundo cuento del volumen, “La corona celestial”, protagonizado por la dama que da titulo al libro. Conocía de antes la historia de la guerrera Tomoe Gozen, gracias a la lectura de la gran epopeya japonesa, el “Heike Monogatari” (un libro que me encanto en su momento, pero que puede resultar muy denso y que recomiendo leerlo con calma, buscando información sobre sus personajes y los acontecimientos que narra). La Onna-bugeisha más famosa de la historia japonesa es un personaje fascinante y envuelto en las sombras del mito (no se sabe a ciencia cierta si existió de verdad) y que ha dado mucho juego en la cultura nipona. Quizás haya sido porque ya conocía de antemano esta historia y a muchos de sus personajes, pero el hecho de que no me haya liado con quién es quién y haya podido contextualizar históricamente la narración y saber un poco de qué iba todo ha hecho que lo haya disfrutado mucho y que me haya parecido el mejor de todos con diferencia. Suerte que lo deje para leerlo al final. Gracias a eso esta antología gran ha ganado algunas décimas en su puntuación final. Además, me ha gustado el toque final de que el autor deje muy en el aire el destino de la protagonista. Algo que (como se señala en la introducción del relato) sigue, a día de hoy, muy en el aire, ya que a dís de hoy diferentes versiones sobre lo que realmente pasó con Tomoe cuando su marido Yoshinaka cayó en combate.
Pero lo que menos me ha gustado es lo que ya he dicho antes. Al final este no es un libro que incida tanto en la figura de la mujer samurai u Onna-bugeisha. Los hombres son los verdaderos protagonistas de cada cuento. Ellas simplemente están ahí para cumplir su cometido como amadas y esposas de guerreros, seguir luchando por su honor y por sus familias, mientras todo se derrumba alrededor de ellas. Es cierto que existieron las llamadas Onna-bugeisha, mujeres samuráis que se pusieron la armadura y tomaron las armas para defender a sus familias, a sus hogares y a sus clanes en tiempos de guerra. Y es que las hijas y esposas de los samurais también recibían formación bélica para estar preparadas en caso de conflicto o necesidad. Ellas también eran participantes de Bushidō, y como tal compartían los mismos estrictos principios que sus contrapartidas masculinas. Tōgō logra captar lo dramático de las diferentes situaciones de cada una de ellas, la fortaleza de estas mujeres y la dignidad con la que enfrentan su destino. Pero al final ellas no son las auténticas protagonistas de las seis tramas argumentales, solo un punto de luz en los complejos entramados que se componen en cada uno de los relatos. Al cerrar el libro el lector sigue sin saber mucho más sobre las historias biográficas de cada una de estas mujeres y sobre el papel de Onna-bugeisha en la sociedad del momento en que vivió. Y sinceramente era todo eso lo que yo buscaba en este libro.