¿Le gusta el sexo? No, usted es un adicto al sexo duro o salvaje, si es así, ingrese a estas páginas, lo espera un recorrido amenazador y tempestuoso donde, entre risas y lágrimas, va a gemir sin lubricante y –como dice el autor de Noches de vodka. El diario de la puta inca– verá al diablo calato.
Los personajes en esta novela no tienen piedad ni decoro, esta palabra se ha suprimido del diccionario. Las acciones se ambientan en Lima, Río de Janeiro, Miami, La Habana, Madrid, Ámsterdam, Venecia, Dubai, Singapur, Londres; en cualquier ciudad o región se sueltan las amarras de la religión, que inculca a la mayoría de niños la autorrepresión, y condena el hecho de ser promiscuo a la enésima potencia. El sexo–y lo refrenda la voz que narra– es el momento en que todos nos mostramos como realmente somos: con nuestros fantasmas y miedos.
Verbigracia, quien tiene sexo en Escandinavia goza con los latigazos; en Alemania y Suiza, con las salchichas gordas; en Brasil, con su mix de bossa nova y samba; en Cuba, con ese swing de caderas y más; en España, con las gambas de una buena paella. Divertida, transgresora, sensible, usted está frente a un texto completamente delirante: atrévase, entre sin prejuicios y disfrute de esta trepidante lectura.
Lo primero que tengo que decir de este libro es que me engañó totalmente y, de hecho, mientras más leo la contraportada y más veo la carátula, más creo que el editor lo hizo a propósito, aunque sigo sin encontrarle un buen motivo... pero me cuesta creer que haya sido un simple descuido. Cuando encontré este libro esperaba algo del estilo de Vanessa de Oliveira, pero oh, sorpresa, al comenzar el primer capítulo me doy cuenta de que el personaje principal no es una ella, sino un él (¿por qué poner en la portada a una mujer? y no, el personaje no es travesti ni transexual ni nada similar). Continué igual, aunque algo decepcionada, y si bien la mayor parte del tiempo me la pasaba pensando "bah, otro típico libro "pobre niño rico"", igual no podía dejar de leerlo. No porque fuera excepcionalmente interesante, sino porque en realidad es muy fácil de leer y las páginas se pasan como si nada. Aunque no era lo que yo esperaba, el libro cumplió su cometido de entretener y de mostrarme una vida completamente lejana a la mía, tanto así, que no podía dejar de preguntarme si no era demasiada exageración mientras leía. Finalmente, creo que hay que recalcar el elemento sorpresa que logra el autor cuando en medio de todas esas páginas de vida superficial, de repente suelta, como quien no quiere la cosa, episodios de una crudeza extrema, de esos que nos caen como balde de agua fría y que a pesar de todas las historias de sexo, drogas y alcohol que hemos ido leyendo, uno simplemente no se espera.