Este es un libro ambicioso de Andy Merrifield que busca replantear la tesis de la “cuestión urbana” planteada por Manuel Castells en 1974. De ahí su nombre de esta obra: La nueva cuestión urbana. El libro está dividido en 10 capítulos con un prefacio y un epilogo, escritos de forma ágil, con tecnicismos y referencias teóricas. Cada sección esta hilada entre sí, pero para el argumento de cada capítulo suele recurrir fuertemente algún autor en particular y algunos capítulos podrían leerse como ensayos separados, e incluso como algún tipo de manifiestos estratégicos.
El prefacio sirve de introducción sobre la idea original de Castells sobre “la cuestión urbana”, que se refiera a cómo el estado organiza el consumo colectivo, con servicios públicos, y mantiene su propia legitimidad. Sin embargo, será un concepto que Castells abandonará ante el surgimiento del neoliberalismo y la derrota de los movimientos obreros, cuando los gobiernos comienzan a favorecer la acumulación de capital y dejan de financiar los servicios y bienes públicos. Para Merrifield estos cambios no ameritan abandonar el concepto, si no establecen la necesidad de replantear la cuestión urbana a la luz de los movimientos sociales de principios del siglo XXI.
El capítulo 1 parte de la teoría urbana crítica, desde una perspectiva marxista, en la cual llama a renovarla para apoyar y lograr intervenciones revolucionarias, haciendo amplia referencia a Henri Lefebvre. En el capítulo 2 analiza el concepto de la “cuestión urbana” y su actualización dado el neoliberalismo, el fenómeno global de la urbanización, para lo cual recurre a David Harvey.
En el capítulo 3 recurre a Eric Hazan para hablar de cómo París muestra el fenómeno global de la “neohaussmannización”, un proceso de división social a través de divisiones del espacio mediante las renovaciones urbanas, guiadas por el sistema financiero. De igual manera, en el capítulo 4 señala que las intervenciones de embellecimiento y control del espacio público sirven para aislar y marginar a la población. Y es donde las afueras (los banlieue), surgen las oportunidades de escapar y formar algo distinto, ya no se trata de formar barricadas, sino de tirarlas. En este capítulo recurre a Walter Benjamín.
Ya en el capitulo 5, recurre a Guy Debord sobre sus ideas en contraposición a la “neohaussmannización” y principalmente su rechazo a Le Corbusier y la “modernización” de París. En el capítulo 6 escribe sobre los movimientos urbanos globales, de Auguste Blanqui, y una defensa a la comuna de París, a los jacobinos. Mientras en el capítulo 7 recurre a Rousseau para discutir que la desigualdad de hoy es muy parecida a la del siglo XVIII, así como como busca establecer un nuevo “sujeto revolucionario” tratando de actualizar la idea de los “sans-culottes”.
Para crear las condiciones revolucionarias, en el capítulo 8, señala que el espacio urbano requiere ser un “ágora ciudadana”, de espacios activos y pasivos para los encuentros, haciendo referencia al movimiento Occupy. Remarcando que la “neohaussmannización” también genera oportunidades: los bulevares dividen, pero permiten también la conexión (a nivel mundial). Por lo que se está a un paso de ser un ciudadano de un universo más amplio al utilizarlos.
En el capitulo 9 habla de recuperar la política urbana a partir de las experiencias de EUA en la segunda mitad del siglo XX, específicamente de los movimientos sociales de Detroit en los setentas y ochentas, haciendo referencia a ellos mediante los documentales Finally Got the News y Taking Back Detroit. En el capítulo 10 y el epilogo habla y teoriza sobre un modelo de urbanización “parasitaria” en referencia al modelo rentista que domina las ciudades, partiendo de la pregunta de quién es la ciudad, planteada por Ray Pahl. Desmitifica la idea de las clases creativas y a punta como solución a una mayor democracia y limitación del capital financiero, y establece categorías de fuerzas opositoras: los agentes secretos, los agentes dobles, los gusanos en la manzana, los grandes escapistas y los grandes negadores.
Finalmente, resalta que la guerra contra los “parásitos” es la guerra contra la austeridad y llama a imaginar en lo colectivo, para que nuevas soluciones surjan.