Es lo segundo que he leído de Jordi Sierra i Fabra, pero como si fuese lo primero -podéis matarme si queréis, pero es así- y me ha emocionado tantísimo que creo que no va a ser lo último.
Cuando me dispuse a leer el libro pensaba pues justo lo que había leído por ahí, una novela juvenil más, de trama lo suficientemente emotiva como para enganchar a cualquiera, pero no es sólo eso, ¡es mucho más!
Me ha parecido MARAVILLOSA la forma que ha tenido el autor de darnos un repaso por la historia del siglo XX pero sobre todo, la manera de la que lo ha hecho. Desde la Primera Guerra Mundial, pasando por el Crack del 29 hasta la Segunda Guerra Mundial, la compañía del profesor Palermo, Klaatu y Gustav han amenizado todo lo que se pueden amenizar dos días.
El profesor Palermo, un mago, titiritero, llamadlo como queráis, actúa junto a Klaatu, a quien llama su ingenio parlante y a por quien ha sacrificado su vida para mantenerlo a salvo hasta que todo pueda llegar a su fin.
Durante todo el libro ha sido como vivir la misma aventura que ellos en su caravana, sí, Gustav la llama coche casa pero ahora sí tenemos palabra para referirnos a ese tipo de automóvil y creedme cuando digo que con un libro, nunca he viajado a tantos lugares como en este. Jordi Sierra i Fabra se luce en este aspecto. Por otro lado, la vida del profesor Palermo no es precisamente aburrida y asistir a todos los éxitos y desgracias que experimenta a lo largo de su vida hace que lo sintamos como nuestro, como algo de lo que no podemos desprendernos. Sinceramente, le he cogido un cierto cariño que es bastante raro, porque a pesar de saber que no existe, lo voy a tener siempre en el corazón. Imagino que será porque me ha recordado a varias personas con las que he tenido el gusto de compartir esta vida, o porque he viajado con él a tantos sitios, he vivido tantas experiencias a la misma vez que él o porque he sentidos sus emociones como si fuesen mías.
Pero quiero llegar a la parte que más quiero resaltar de esta historia, que es una historia tan válida para los más pequeños como para los mayores de la casa, y es la amistad, recordadlo bien, muy bien porque esto es lo que se inculca en este libro. ¿Acaso sacrificaría una persona todo lo que el profesor Palermo sacrifica para ayudar a Klaatu? Yo dirría que más bien no, y se me ha hecho tan entrañable que es otra de las razones por las que nunca olvidaré al profesor.