En el convulso siglo XIX español, donde la violencia es una constante en la vida cotidiana de los habitantes de la Península Ibérica y el clasismo marca la posición que debe ocupar cada uno en la pirámide social, se abre paso un hombre decidido a romper con la tradición, la rutina y los intereses del Antiguo Régimen. Intrigas, odias y venganzas se suceden ininterrumpidamente a lo largo de la novela, teniendo como telón de fondo el entramado de la revolución burguesa española y como hilo conductor un producto cuyos cambios en la elaboración y comercialización irán parejos a los que se están gestando en la sociedad, la economía y a política decimonónicos: el vino.
Me ha costado mucho terminar el libro, y eso que tenía buenas expectativas puestas en él. Me lo recomendaron en una cata de vinos y mi mujer me lo regaló tras una ardua búsqueda por las librerías. Solo destacaría los pasajes en los que se habla de cómo se hacía el vino en el siglo XIX, tanto en España como en Francia, los lagares, bodegas y procesos de creación y fermentación. Todo lo demás me ha parecido casi accesorio. Las distintas subtramas que se van sucediendo se solucionan con la misma rapidez con que aparecieron. Además, son bastante simplonas. La trama principal es lineal, con un final que no te acabas de creer. Ninguno de los cierres de tramas y subtrama son resueltos por los personajes, sino por terceros, que resuelven como el que cuenta una historia. Los personajes son completamente planos. Los buenos, buenísimos, y los malos, malísimos. Sin matices, y además, todo demasiado forzado. Y otra cosa, que es lo peor de todo: que en un libro editado en papel existan tantísimos errores de edición, como ausencia de guiones en los diálogos, cambios de lugares y personajes en un solo punto y aparte, comillas, etc. Me quedo de este libro con los marcadores que le he puesto para cuando necesite información sobre la elaboración de vinos.