Curioso aunque aburrido, Un científico en el supermercado, es una obra con todo el rigor científico pero que falla en uno de los principios básicos de toda obra de divulgación que se precie, que es el de ser entretenido. Así que todo te resulta irritante en esta obra: la duración, el contenido y el propio autor que, en un ejercicio de vanidad insufrible, ha decidido convertirse en el protagonista del libro.
José Manuel López Nicolás es el autor de esta novela. Obviamente, Nicolás no es un escritor y eso se nota. El rimo narrativo pierde terreno en favor de una excesiva documentación lo que demuestra que el autor posee un estilo de escritura serio, enrevesado y ejecutado sin ninguna gracia y poco interés. Para ello usa una prosa pesada, con una estructura liosa y un desarrollo nefasto, un lenguaje plagado de tecnicismos, en su mayoría bien explicados, y unas descripciones que oscilan entre lo más simple y lo menos estimulante del mundo. Y eso que no quiero hablar de los personajes. Simples cascarones y receptáculos de estupidez, puesto ahí la mayoría de las veces para resaltar la erudición del protagonista, del que mejor no voy a hablar para no ofender a nadie.
Llamándose Un científico en el supermercado, ya sabes de que trata el libro. O por lo menos lo intuyes. La mayoría de las obras de este palo, están divididas en capítulos que tratan diversos aspectos de un determinado tema. Pero nuestro amigo Nicolás decidió que era mejor hacer que en cada capítulo saliera él, en plan disertación, intentando encajar a martillazos todo el conocimiento en ciencia necesario para iluminar nuestras mentes, o hacernos parecer idiotas, lo primero que ocurriera. Y para eso propone una serie de situaciones, a cuál más estúpida y absurda, que suele involucrar a varias personas, entre ellas su propia familia, pero también personajes famosos, cuyos nombres no puede decir pero que da pistas para poder identificarlos perfectamente. Los temas son muy variados y van desde lo puramente alimentario (engaños y fraudes con los alimentos, problemas con el etiquetado, mitos) hasta lo más innovador en el campo de las ciencias (proteómica, metabolómica), pasando por la mentira de la belleza, las ventajas de la dieta mediterránea, la conservación animal o del medio ambiente, hasta la Historia contemporánea de España. Todo ello explicado de manera más o menos compleja dependiendo del tema, la composición de lugar del capítulo, los personajes, etc. Así tenemos partes muy entretenidas que devoras en muy poco tiempo y otras que te resultan pesadas e interminables. Al final, como siempre, aprendes algo nuevo, pero al precio del aburrimiento más absoluto posible. Y el plot twist lo tienes en el desenlace, cuando se introduce la razón final por la que tienes este libro en tus manos. Delirante.
Definitivamente, Un científico en el supermercado, es una lectura muy poco intuitiva y menos entretenida. Tediosa en general, tienes que desentrañar lo interesante, útil o necesario de todo lo demás. Lo que resulta mucho trabajo y no siempre obtienes recompensa. Así que mi consejo es que no os acerquéis, ni al científico ni al supermercado. Ninguno de los dos es realmente necesario.