"Las cosas parecen tener su sitio, yo no parezco tener ninguno. Apenas soy unos pasos que de tanto ir a la deriva vuelven a lo mismo.
Miro por la ventana como si me estuviera escondiendo, tengo mucho de qué esconderme. Miro las palomas que parecen caminar como si dieran picotazos. Me siento como esa cabeza de paloma tanteando la tierra, oliendo a lo lejos lo que escasea cerca.
La noche es silenciosa, solo algunos ruidos y la incertidumbre.
Mis ojos se han confundido con el cielo, se vuelven rojizos al mirar mis pies que sangran, alucinados por las caminatas que surcan día a día el mundo, los ojos trazan el infinito azul que es nuestro, o que al menos parece serlo. Mis pies y mi cabeza vuelan lejos, camino dando picotazos para que las manos no me atrapen. Los bosques me esconden y los ríos me refrescan."
Cerca de Osorno está el Cerro "La Picada", poco conocido y de una compleja ascensión que requiere avanzada práctica de escalada mixta. Creo, que su desconocimiento -general, no particular- se debe a estar rodeado de gigantes en altura (Vn. Osorno) o en lo técnico (Vn. Puntiagudo), sin embargo, es de una belleza inhumana; prueba de ello es por ejemplo su antecumbre que ya solo en fotos deja sin aliento.
El silencio, los ojos, el yo, la boca, los oídos; todos los elementos dan vueltas por este libro. Fue un libro complejo, que me costó leer, de una autora hasta entonces para mí desconocida, pero que en su propia cumbre me asombró.
"Reposo de costado esperando voltear y verte. En la pared, intermitente tu sombra. El ruido ha cesado. Recuerdo todo cuanto dijiste, pero no puedo repetirlo"