Era bonito. Habían fragmentos y frases que eran bellísimas y me encantaron. Es una historia que está muy fragmentada y por ello es un poco confuso de leer y seguir el hilo. Mientras leía Golfos y Canales de navegación no sabía que el libro estaba tratando de contarme una historia, hasta que llegué a Istmos, donde las frases que se repetían tenían origen y los fragmentos seguían un hilo conductor. Disfruté mucho más ese capítulo, porque sentí que por fin leía el libro, pero también me di cuenta de que para entenderlo por completo tendría que leerlo otra vez. De todas formas me gusta eso de que pueda leerse como un todo y como partes separadas, así puedo volver a las partes que me fascinaron del libro.
Mientras se lee se generan muchas ideas. Una lectura que avanza a galope, que a la vez te lleva respirando entrecortado. Un libro que se puede leer como poesía, microrrelatos o novela de suspenso. La figura del padre, presente en casi todas, por no decir todas las páginas es como si se le enviaran cartas a un fantasma.