Tiene sus momentos. Pocos, pero algunos. Lo malo es que la rima consonante y la métrica tan repetitiva convierte algunos poemas en una tortura culterana de mala compostura. Hay, sin embargo, experimentos interesantes, buenos, graciosos.
El gaviero
¡Qué gallardo, qué ligero,
qué velero
bergantín!
¡Causa envidia según flota
a gaviota
y a delfín!
[...]
Esos juegos hacen que valga la pena el libro. Otros son experimentos formales demasiado culteranos como para disfrutarse bien.
Es un poeta de referencia. Sus "Espinelas" son deliciosas y ese puntillo anticlerical y sátiro que tiene da gusto de leerse. Pero en general la manufactura de sus poemas es demasiado dura y con poca gracia. Le pondría 2 estrellas y media, pero no se puede.