La sinopsis de esta obra prometía una immersión fascinante en un thriller que fusiona la racionalidad del protagonista, Raúl (un fotógrafo a punto de ser catedrático), con la oscuridad de lo oculto, las religiones milenarias y el espionaje. Un planteamiento tan ambicioso, que arranca con la muerte del protagonista y nos arrastra a las tres semanas que convulsionaron su vida, invitaba a un viaje vertiginoso.
Lamentablemente, la promesa inicial no terminó de materializarse en mi experiencia lectora. Y es una pena, porque la premisa de Raúl intentando desenmascarar un ser maléfico mientras su mundo colapsa y es vigilado por servicios secretos es un motor narrativo potente. Sin embargo, no conseguí establecer una conexión sólida con la historia.
El principal escollo fue, sin duda, el ritmo narrativo. Durante un porcentaje significativo del libro (aproximadamente hasta el 60-70% de la lectura), la trama se desarrolla con una lentitud notable. Abundan los diálogos excesivamente largos y las descripciones muy detalladas que, en lugar de enriquecer, acabaron por lastrar el avance. Estas pausas prolongadas a menudo me sacaban de la inmersión, haciendo que la lectura se volviera, por momentos, densa y pesada.
A partir de esa marca, la historia sí que acelera considerablemente. La parte final concentra una gran cantidad de sucesos interesantes y reveladores, pero el cambio de marcha resulta demasiado abrupto. Se tiene la sensación de que todo se resuelve con excesiva rapidez, culminando en un final abierto que, personalmente, no me resultó satisfactorio ni coherente con la intensidad y el misterio planteados inicialmente en la sinopsis.
Por otro lado, a nivel de personajes, tampoco logré empatizar o interesarme plenamente por Raúl, su novia, o la enigmática Jezabel. La estructura narrativa, con posibles saltos temporales o argumentales que no siempre me resultaron claros, dificultó ver el thriller diabólico que se sugería.
Como punto a destacar, debo reconocer que los capítulos dedicados a las tramas de espionaje y vigilancia fueron los que más lograron atraparme, ofreciendo la tensión y el misterio que esperaba del conjunto. Mi valoración se debe en gran medida a estos destellos de calidad.
Si bien reconozco el esfuerzo de la obra por reflexionar sobre realidades paralelas y lo no visible, para mí, el desajuste entre la ambición del concepto y la pesadez de su ejecución resultó insalvable. Es posible que otros lectores disfruten de esta atmósfera densa y del detallismo en el desarrollo, pero, en mi caso, no logré conectar con la historia ni con sus protagonistas.