Ya solo con el principio del tomo, Ichikawa demuestra su comprensión absoluta del personaje de Phos. En el viaje a la luna, Phos tiene un momento de introspección en que compara los agujeros de Padparadscha con su mente fracturada, un breve destello de comprensión por su parte acerca de la situación en la que se ha metido. Lo que activamente trataba de evitar en un pasado se ha convertido en su hoja de ruta y tan solo aquí repiensa sus decisiones hasta entonces. No solo eso: Ichikawa nos muestra muy ingeniosamente lo poco planeada que tiene Phos la restauración de las gemas. Una vez más, el egoísmo de Phos busca antes el beneficio propio, ese convencer a las gemas para obtener la recompensa, que el altruismo.
Las tretas manipuladoras de Phos tienen una consecuencia directa en la Tierra: mientras las gemas celebran fiestas en la luna, vemos la descorazonadora imagen de Rutile buscando a Pad sin éxito, la ira consumiendo su cuerpo por no haberse dado cuenta antes de las acciones de Phos. Vemos la destrucción de Red Beryl, la tristeza de Amethyst y la búsqueda activa de la muerte por parte de las gemas. Es profundamente triste, y por eso mismo funciona tan bien el capítulo en que Sensei revela la verdad, reafirmándose en su bondad, en su altruismo. Una contraposición directa con la nueva actitud de Phos, cuya identidad se fractura paulatinamente por la influencia de Lapis.
Me gusta que Ichikawa no haya tirado por lo fácil. Phos no es un personaje despreciable, un villano sin redención; es el producto del autoodio y el sufrimiento. Al no comprender su propio dolor, es incapaz de entender el de los demás y ayudar con sus diversos problemas. Diría incluso que llega a esparcir la influencia negativa de su autoodio al resto de las gemas. Que ahora Phos tenga una consciencia activa sobre el paso del tiempo planta las semillas para un futuro de sufrimiento en que el personaje sufra cada segundo de su existencia. Repito que tengo miedo.
En materia de secundarios, vuelve a mostrarse la genialidad de Ichikawa con Caingorm, que por fin descubre su auténtica aflicción: querer cumplir el papel de Anc por la influencia de Ghost. No solo es esto una espectacular muestra de hasta qué punto el odio por uno mismo puede llevar a las autolesiones, sino que también comporta la destrucción de la identidad propia. Renegar de uno mismo con el objetivo de convertirse en alguien más y, así, contentar a otra persona sin tener en cuenta el bienestar propio. Es una situación verdaderamente jodida y, por eso, creo que el momento en que Caingorm se deshace de Ghost resulta agridulce: por una parte, suprime su parte identitaria más conflictiva, aquella que la lleva a autolesionarse; por la otra, reniega de quien es para convertirse en alguien más. Se abre un debate interesantísimo sobre la naturaleza del ser e incluso un entramado crítico acerca del sufrimiento de las personas no normativas, cuyos esfuerzos por cumplir con lo normativo pueden llevar a la despersonalización. ¿Hasta qué punto es Caingorm, ahora la Princesa, una personalidad propia o está siendo moldeada por las expectativas de Aechmea?
En el budismo, el camino de la iluminación pasa por la conscienciación de que no tenemos una única personalidad, un único ser. En su lugar, tenemos múltiples percepciones de nosotros mismos y debemos abrazar esta naturaleza fluida, con todos los cambios que ello conlleva para la persona. Phos y Caingorm representan esto mismo, aunque el manga todavía no haya demostrado si es algo positivo o todo lo contrario. Abre la puerta para el debate y, de forma muy inteligente, nos demuestra los pros y los contras de la conscienciación del cambio.
El final del tomo es sorprendente. A pesar de todo lo que Phos ha hecho, a pesar de encontrarse en pleno combate, Euclase aparece para decirle que es su esperanza, tal y como se dijo tomos atrás. Phos es la única gema dispuesta a cambiar el statu quo del mundo, buscando un nuevo futuro más allá de la zona de confort en que se encuentran todas las gemas desde hace cientos y miles de años. El cambio tiene siempre un origen único, una persona que decide iniciar el cambio. Así es como han comenzado todas las revoluciones antinormativas y así es como se han producido la mayoría de los cambios de nuestro mundo. Ichikawa, de nuevo, tinta toda la historia de un subtexto no normativo fabuloso.
Me pregunto si logrará Phos en los siguientes tomos propulsar este cambio, a costa de su propia identidad, o sus esfuerzos terminarán en tierra de nadie. Este tomo, si no lo había hecho ya antes, demuestra la obra maestra que es Houseki no Kuni.