Conocer el arte no es solo una exigencia social de índole decorativa, un saber de exhibición, inútil pero grato. El conocimiento del arte supone la capacidad de valorar la belleza de lo que nos rodea, sea o no en sí mismo, en su intencionalidad, "un objeto artístico". La lección de libertad creadora, de independencia, del arte de nuestro tiempo, es el reflejo adecuado de una actitud que trasciende de la creación estética para convertirse en uno de los aspectos definidores de nuestro siglo. El arte es el retrato espiritual de una época, su plasmación caracterizadora. Pese a todo, y pese también al interés creciente del gran público jamás se han presentado tantas exposiciones, -jamás el Arte ha sido como hoy incluso un objeto de inversión económica-, son muchos los que se sienten frustrados al no resignarse a la docil admiración y exigir un conocimiento que vaya más allá de la actitud reverencial. René Berger propone en esta obra un método progresivo de descubrimiento de los valores estéticos y unas bases sólidas sobre las que asentar el "gusto personal"