En Manejo integral de residuos, Nicolás Meneses realiza una exploración de carácter documental en torno a la labor de los recolectores de basura en distintas zonas de la Región Metropolitana. Se enfoca en escenas características, observaciones y registros de habla de los trabajadores en su horario laboral, tiempo libre e intimidad. En estos poemas, el camión «entra en el minúsculo pasaje / con más autoridad que la yuta / más alboroto que el repartidor del gas», aproximándonos con humor y crudeza a este oficio y sus implicancias medioambientales y políticas: «Cuando estén rodeados de basura / no podrán lavarse las manos. / No aceptaremos más parchecuritas».
Un poemario sobre trabajar de recolector, recoger la basura a la velocidad del consumo, y sobrevivir haciéndolo. Hermoso poemario de residuos. Lo único malo es que es muy corto, quede con gusto a poco!
Rescatar con ironía y falsa identidad, en versos que nos reconstruyen el sonido de un camión que acompaña desde los primeros recuerdos, porque todas y todos vamos a morir, y en esa misma proporción se ha cruzado en nuestro camino un camión recolector de la basura, del color y la historia que se antoje. Meneses reconstruye eso en sus palabras, pasando desde la ironía a la reinvindicación de un oficio vital para el desarrollo de una “normalidad” urbana. Una lectura ágil, rápida, consecuente y atrapante. Excelente poesía para regocijar la cabeza.
(...) “Silbándole al chofer/manoteando con los guantes hediondos./Uno quedó atrás/sin él no pueden seguir la marcha.” “Con el frío y pese/a la tibieza ganada en la carrera/tose a media tarde/esforzando la garganta./Hacia el suelo los gargajos/huellas en las bermas.” “Colgado de una rama/que sostiene un niño/como una bandera de rendición/el calzoncillo embarrado.” (...)
El ojo y el oído de estos poemas se los querría cualquiera. Soy pésimo para leer poemas (x mi calidad lectora como x la frecuencia en la que lo hago) pero este libro me impactó por todo lo que pudo decir sobre un mundo no representado de una manera tan condensada. Cabían mil novelas dentro de este libro.
Esta es la poesía que me gusta. Es fácil (creo) escribir sobre amor, atardeceres y nieve. Pero escribir poesía sobre precariedad, basura y desechos es otra cosa.
El 2019, metido en una antología, encontré un poema de este libro y me dije que tenía que leerlo en algún momento porque ¿cúantos libros tratan sobre el trabajo de recoger la basura? y si lo trataran ¿Qué dirían? Es un poemario de palabras sencillas y cotidianas que recrea imágenes concretas de distintos temas que cruzan el ser recolector, porque al final, es un trabajo de grandes repercusiones en el día a día y que pasa desapercibido en su aporte y también en los problemas que lo afectan. Digo con esto que tiene sentido hablar de los niños jugando con basura, de los gestos de ternura de las señoras y las tallas entre compañeros; pero también quejarse del cansancio, del olor, de los horarios, las promesas incumplidas y el vacío de vivir, a veces vivir el día a día, y muchas veces solo.
"y nuestras voces se mueven como moscas sobre la maleza".
Este libro me lo prestó una amiga y como confío en su criterio lo leí. Pero la verdad no sé cómo calificar la poesía ya que me cuesta leerla o tener ganas de leerla. Sólo puedo decir que Manejo integral de residuos me dejó un sabor amargo bien logrado y supongo que eso está bien.
Las imágenes con que Nicolás Meneses nos muestra la cotidianeidad de los recolectores de basura tienen el carácter de un haiku: destellos desprovistos de comentarios. Una delicia de libro, bellamente editado por Overol.
"Nota: que su generosidad sea lo que dicte su corazón cuando el camión se encuentre frente a su domicilio."
Es que, cómo te explico. Qué sentido toma esa frase en Manejo Integral de residuos de Nicolás Meneses. Con ojo agudo, este joven autor nos arrastra durante 60 páginas al mundo de los recolectores de basura, y no te suelta de esa atmósfera hasta que pum, al final te pega una cachetada.
Este libro me llamó la atención desde que supe de su existencia, principalmente porque la exploración en esos mundos "ajenos" despiertan toda mi curiosidad. Siempre pensé que eran crónicas, pero es poesía, y la verdad, se leen casi tan vivenciales como una crónica.
Meneses se adueña del tema, lo observa y en eso te lleva por risas y tristezas, por fracasos y sueños, por el día y la noche de los recolectores de basura. Su ojo clínico me sorprendió, a veces duro, a veces sutil: "Jaimito llora. Aun se cree invencible sin ponerse guantes".
Puedo decir honestamente que sentir el frío de la mañana y el cansancio de la jornada. Imagino el Alka que entra en la boca del trabajador y la esperanza triste de otro día. Veo el calzoncillo con barro y el esqueleto de una cocina oxidándose junto a la acequia. También veo los momentos buenos. El pillar grillos en un vaso plástico, tirar una risotada o compartir un cigarro. Veo vida cotidiana, veo algo de esas personas que no siempre vemos. Que son esenciales, por más manoseada que esté por estos días esa palabra.
Que libro más precioso sobre una labor tan subvalorada. Me emociona, me incendian sus versos tan simples y descriptivos, pero que contienen tanto respeto y honor. Nos permite sentirnos adentro del camión de basura y cómo es el día a día de un trabajador recolector. Siento que se posiciona desde la clase obrera de una manera obvia pero sutil. Y me vuelvo a incendiar. Caché que el escritor tiene unos libros sobre el oficio de los panaderos y voy de cabeza a por ellos.
"Tomamos desayuno en el camión almorzamos en el primer parque que nos pilla, pasamos el mes gracias a las peguitas extra y dicen que somos irresponsables. ¡Nadie quiere trabajar acá! Ponen avisos y no llega nadie. Somos la última generación de recolectores hemos tratado de hablar por más de quince años ¡pero nos mandan a la cresta! Cuando estén rodeados de basura no podrán lavarse las manos. No aceptaremos más parchecuritas".
Se rompe una bolsa mejor dicho la rompe un perro en el pasaje los desperdicios por el suelo que supuestamente son basura ahora masticados o tragados de cuajo por unos quillotros que poco les importa la limpieza de la calle porque son como unos zombis que solo piensan en comer los restos de animales o comida.
De verdad quiero que me guste la poesía y la cuestión no resulta. Aprecio este libro por lo que documenta y recopila, pero no puedo evitar odiar y no entender muchas palabras simples. Me desespera.
Bueno para ponerte ahí en lugares que no todos conocemos, que se construyen con detallitos, que reinterpreta hechos y le da la importancia malagradecida que tiene.