TU rostro, que aparece —un relámpago— y que desaparece. Muero buscando entre palabras apagadas un ascua de verdad que ilumine un instante ese rostro. Haberlo casi visto —un reflejo en el río— y vivir solamente para volver a verlo. Que aparece —un relámpago— y que desaparece. Qué dolor y qué gozo este mover palabras, materia que se cierra con espesor de piedra sobre Tu luminosa permanencia, o que logra un destello, o siquiera nos permite ese leve temblor de Tu inminencia bajo la piel de un verso. Es esto la poesía: buscar en las palabras, con las palabras, contra las palabras Tu rostro, que aparece —un relámpago— y que desaparece.
MIGUEL D’ORS
VITA BREVIS
SÉ que en alguna parte —lo imagino tras el envés de la memoria— hay alguien que, al mirarlas, hace eternas las cosas que ahora vivo.
Sin yo verlo, trastoca los lugares y los rostros, va cambiando las fechas, les corrige su tierna imperfección.
Sé que ahora mismo, mientras escribo estas palabras, hay alguien que las sueña de otro modo y hace que signifiquen —casi puedo oírlo murmurar en cada sílaba— lo que ellas no sabrían decir nunca.
GABRIEL INSAUST
CUANDO MIRAS DESPACIO
SI te quedas mirando largamente cualquier cosa del mundo —un gorrión, una mujer, un árbol, un río, un desengaño, tal poema por el que pasa un río y una mujer desengañada y sola y en el que se alza un árbol al que acuden los gorriones mientras cae la tarde—, si miras cualquier cosa un largo rato y dejas que entre en ti, que te vacíe de tu oscuridad y que en tu ser halle cobijo y sea, verás y sentirás que cuando miras tú eres mundo también, que en ti la vida se entrecruza y canta, y que todo es sagrado.